12
Max
Bebo un trago de agua de la botella que he cogido en la barra y me escabullo de «mi séquito» cuando diviso a Mike haciéndome señas en la lejanía. Él también ha huido de sus colegas, y ¡menos mal! De lo contrario, me habría pegado un tiro. Afortunadamente, ya es viernes.
—Mira, tío —me dice en cuanto llego a su lado, y me enseña el móvil—. Este youtuber ha puesto a trescientos por hora uno de los deportivos de mi marca. ¡Vas a flipar!
En realidad, es la marca que fundó su familia hace décadas (y mi competencia directa), que probablemente él heredará algún día.
Me fijo en la pantalla, donde un tipo con casco y sonrisa de niño acelera en un circuito cerrado.
— Jamás había alcanzado esta velocidad —explica en el vídeo, excitado por la hazaña.
—Te vas a caer de culo cuando en otoño presentemos la que va a ser la joya del catálogo —le suelto a mi amigo, sin poder evitar una pizca de orgullo.
Mike resopla, divertido.
—Te encanta ponerme los dientes largos, ¿no?
—Sé cuánto te gusta, y te prometo que este va a enamorarte. Creo que podrías encargármelo en amarillo.
—Mi mujer me mata si compro otro coche. Eres una mala influencia.
No llego a contestarle porque mi teléfono vibra en el bolsillo interior de la americana. Lo saco, pensando que será algún correo de última hora, pero lo que encuentro es otro vídeo de Markus en WhatsApp. Lleva así desde el miércoles por la noche.
Mike alza las cejas al ver mi expresión.
—¿Algún problema?
—No, solo mi hermano intentando darme motivos para ser más humano… o algo por el estilo.
Reproduzco el vídeo: Markus aparece en primer plano, grabándose a sí mismo, con gafas de sol y un sombrero ridículo de pescador. En la mano libre tiene una cerveza, a la que da un trago.
— ¿Qué pasa, hermanito? —saluda, risueño—. Otro motivo para intentar convencerte…
Mueve la cámara para enfocar el lago que queda cerca de su casa, en el que Elise está metida hasta la cintura, salpicando a Nora, todavía en la orilla. Esta ríe pero también se queja, imagino que por la temperatura del agua.
Markus hace zum en ella y eso me produce una especie de pellizco en el estómago. Entonces él vuelve a acaparar la pantalla, enfocando sobre todo la cerveza.
—Si te lo replanteas, tengo la nevera llena de estas, y una hamaca que lleva tu nombre —añade—. Pero tú sabrás… En fin, ¡disfruta de Oslo!
El vídeo termina y yo permanezco mirando la pantalla un segundo de más.
—¿Quién es la pelirroja que te ha hecho poner esa sonrisa de bobalicón? —pregunta Mike, divertido.
—¿Qué? —carraspeo, tratando de centrarme—. No digas tonterías.
—No son tonterías. —Me da un codazo suave—. Has visto el vídeo como si te hubieran enseñado el paraíso.
—Porque me encanta ese lago. Lástima que mi hermano descubrió la casa primero; si no, la hubiera comprado yo.
—Ya. Claro. ¿En serio no me lo vas a contar?
—No hay nada que contar. Es solo una amiga de Elise.
—¿Ni siquiera vas a decirme cómo se llama?
Me quedo callado.
—¡Max, venga, tío…! —insiste.
—Nora —le confieso—. Se llama Nora.
Mike sonríe como si acabara de ganar una apuesta, y a mí me embarga la necesidad de sustituir mi botella de agua por una bebida más fuerte.
—Así que… Nora .
—No te emociones. No hay nada, de verdad.
—Solo confirmo mis sospechas, aunque no haya nada.
—No es el momento, ella está pasando por… cosas. Y yo estoy muy… liado. Además, tampoco es que sienta nada , y… todo es demasiado complicado, ya sabes…
—¿Me lo estás justificando a mí o a ti?
Lo fulmino con la mirada, pero Mike ríe.
—Mira, tío, no suelo ponerme del lado de Markus, lo sabes, pero desde hace un tiempo estás en modo muermo. Algo te pasa, se te nota. Y al parecer ya hemos descubierto el motivo.
—¿Os habéis puesto los dos de acuerdo o qué?
—Tal vez te conocemos lo suficiente como para aportarte otras perspectivas.
Vuelvo a ojear el móvil. El vídeo, evidentemente, sigue ahí.
—Últimamente solo te veo en estas mierdas… —Hace un ademán con el brazo, como si quisiera abarcar el espacio en el que nos encontramos—. Y eso que yo evito asistir a muchas, porque ambos sabemos que no es necesario que estemos presentes en todas ellas.
—Si quieres que las cosas salgan bien, a veces tienes que encargarte tú mismo —le resumo.
—Claro, hazlo tú para que sea perfecto… y muere en el intento de estar en todas partes sin descansar nunca.
Le lanzo otra mirada cortante, de esas que tan bien se me dan, pero a Mike no parece afectarle, porque tiene razón: me conoce.
—Delega —añade. Señala al equipo que me acompaña en el evento—. Saber hacerlo también te convierte en un buen líder. Confía en mí y, sobre todo, en ti mismo. Tienes demasiado ruido en la cabeza, además de ir a todas esas veladas que organiza tu madre… Te mereces un respiro. Debes vivir.
Su teléfono anuncia una llamada entrante, que Mike no duda en atender tras pedirme disculpas.
Cuando se aleja, me quedo pensativo. Vuelvo a darle un trago al agua.
En realidad, Mike y Markus tienen razón. Me he obsesionado con mantener todo bajo control en el trabajo, y no me voy a mentir: lo hago para rehuir la soledad que me espera fuera de él.
Me sorprendo abriendo el chat con Nora, donde todo sigue igual: solo hay dos mensajes.
Escribo…
¿Cómo estás?
Lo borro al segundo siguiente.
Bloqueo el móvil y lo guardo de nuevo en el bolsillo.
Joder… Necesito un respiro.