La chispa que nos une (Lo que nos une 2) 6
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Nora

Elise sale por fin del dormitorio, con su cabello rubio todavía húmedo. Lleva unos vaqueros y una camiseta blanca limpia.

—Markus acaba de irse —le digo.

—Ah, sí. Los lunes, él y Max suelen ir a pegarse al gimnasio. —Pone los ojos en blanco antes de sentarse a mi lado en el sofá.

—Algo así me contó… —Suspiro y echo la cabeza atrás, apoyándola en el respaldo.

—¿Y si abro un par de cervezas?

—Suena estupendo —contesto, sin perder de vista el techo blanco, que encuentro la mar de interesante.

Sé que Elise me observa unos segundos antes de levantarse para coger el móvil, que ha debido de dejar sobre la mesa de madera oscura.

—Vale, Markus me ha escrito un mensaje para avisarme de que cenará con Max —anuncia—. ¿Te apetece pizza de anchoas, calabaza y salchichas?

Giro la cabeza lo justo para mirarla, con un gesto que delata preocupación y… asco, no voy a mentir.

—¿Qué…?

—Genial, ahora que he captado tu atención, en serio, ¿de qué la quieres? Yo me voy a pedir una carbonara.

—Hawaiana, pero que le agreguen beicon, por favor.

—Marchando. —Busca en su teléfono el número de la pizzería.

Hace el pedido mientras va de camino a la cocina, de donde no tarda en regresar con un par de botellines de cerveza ya abiertos.

—Bueno, vamos a hablar de cómo te sientes y qué perspectivas estás valorando en estos momentos.

—¿Me vas a someter a un interrogatorio?

—Bebe. —Le hago caso y ella me imita—. Es más bien una evaluación de la situación.

Me encojo de hombros.

—No sé ni cómo me siento ni qué voy a hacer. Creo que todavía no acabo de creérmelo. Ni siquiera sé por qué te he hecho caso y he venido hasta aquí.

Resoplo. Mi amiga no habla, solo me mira. Está claro que quiere que yo siga diciendo estupideces o peleando conmigo misma.

—Siento que el universo se ha detenido en algún punto y no sé cómo ni cuándo darle al play , por así decirlo. Pero más pronto que tarde tendré que buscar otro trabajo, eso está claro.

Elise bebe. Yo también.

—¿Y si… no le das al play todavía?

—¿A qué te refieres?

—Tómatelo como un paréntesis en tu vida.

—¿Un paréntesis de cuánto tiempo? —pregunto—. Porque debe tener una fecha tope, o se convierte en algo preocupante e incorrecto.

—O, más bien, una oportunidad.

—Se te sube muy rápido la cerveza, Elise…

Su mirada añil se clava en mí y ella niega con la cabeza.

—¿Tengo que recordarte que eres la gran Scarlett S. Temptation, reina de la literatura romántico-erótica en Amazon?

—¿Qué tiene que ver Scarlett en todo esto?

—¡Venga ya, Nora! Como escritora indie ganas una pasta.

—Depende del mes.

—Más de lo que hasta ahora ganabas con tu salario, ¡solo con tus libros!

—Sí, y eso me ha permitido vivir sola en un apartamento semicochambroso de Londres. No es tanto si echas cuentas, créeme.

—No te mientas. Tienes unos buenos ahorros gracias a eso.

—No voy a entrar en más detalles económicos contigo.

—¿Se puede saber por qué estás tan asustada? ¿Por qué no lo intentas? Siempre te has quejado de que debido al trabajo no podías dedicarte a lo que realmente te apasionaba: la escritura.

Aprieto los labios. Tiene razón y va a ser difícil de rebatir.

Bebo. Bebe. Nos miramos.

—Amazon no me proporciona un salario fijo. Nunca tienes una cifra exacta a final de mes. ¿Y si un día escribo algo que no gusta? ¿Y si dejo de vender y, encima, tampoco tengo empleo? ¿Qué me quedará entonces? ¿A qué diantres me dedicaré?

—Nora, no le gustas a todo el mundo. Nunca lo has hecho, y, aun así, tienes un nicho muy fiel de lectoras en Instagram, adictas a lo que solo tú sabes darles. Eso no va a desaparecer de la noche a la mañana, aunque escribas la peor novela de tu vida. Y otras mejores llegarán después.

—Ya, pero…

Mi amiga me interrumpe:

—Además, puedes seguir haciéndote un hueco en el mercado alemán. Todavía te quedan algunas por traducir, y sabes que cuentas conmigo para las revisiones. ¡Explótalo todo lo que puedas!

—No sé… —Sí, tengo miedo, pero no lo voy a reconocer, aunque Elise ya lo sepa.

—Tienes tiempo. Tómate aquí unas minivacaciones, los días que necesites, en serio. Como si te quedas una semana, un mes o lo que quieras. Dale una vuelta a esto. Ve a cafeterías o sitios para inspirarte. Traza nuevos proyectos y ¡sigue escribiendo!

—Pero… es que esto no ha llegado como yo quería.

—La mayor parte de las cosas jamás llegan a nuestras vidas como nosotras queremos.

Suspiro y doy otro trago a la cerveza.

—Hace unas semanas me contactó una editora de The Pink Hedgehog Publishing.

Suelto la bomba. Elise abre mucho los ojos, más emocionada que yo cuando vi aquel mensaje directo en el buzón de Instagram.

—¿Cómo?

—Me dijo que había leído un par de mis novelas y que cree que mis historias podrían encajar en el sello editorial que dirige. Pero no le he contestado de momento.

—¿Por qué?

—He leído opiniones negativas acerca de las editoriales en un montón de foros, y no sé si quiero que mi trabajo deje de ser completamente mío, como hasta ahora.

—No conozco ese mundillo, pero seguro que también tiene muchas cosas buenas, como por ejemplo, estar en todas las librerías, llegar a un público más amplio, asistir a más eventos y ferias…

—Lo sé. —Me froto la frente—. Pero si finalmente mi perfil encaja en su catálogo y le envío algo de lo que tengo pendiente de publicar sería añadir más riesgo a este momento de incertidumbre, ¿no crees?

Tal vez debería buscar un trabajo igualmente, para asegurarme de que no me estrello contra un muro de ilusiones y sueños rotos.

—Estás siendo pesimista con lo que realmente deseas porque te aterroriza que salga mal.

—Lo sé.

—Mira, Nora, si al final estuvieran interesados en tu trabajo, no tienes por qué lanzarte a firmar, pero creo que no deberías cerrarte esa puerta.

Es algo que nunca has probado. De lo contario, puede que en el futuro te arrepientas de no haber apostado seriamente por ti, y te preguntarás qué hubiera ocurrido si no hubieses quemado ese cartucho.

—Odio cuando eres tú la que suena coherente y madura.

Elise sonríe y yo bebo el último sorbo que queda en mi botellín de cerveza. Con mi amiga a mi lado, todo parece un poco más fácil.

—De verdad, Nora, relájate y tómate Berlín como el lugar en el que probar cómo podría ser tu vida. La que de verdad deseas. Con la que siempre has soñado. Después podrás regresar a Londres con las ideas mucho más claras.

El timbre interrumpe nuestra conversación, que ya había entrado en un bucle, y mi amiga va a la entrada a por las pizzas.

Tal vez estar lejos de Londres, y, por tanto, de todas las sensaciones que me abrumaban en Inglaterra, me permita analizar mi situación con la distancia necesaria para respirar un poco más tranquila.

Decida lo que decida, en ocasiones pensaré en las alternativas que no escogí y en todos los caminos que dejé atrás. Pero ahora mismo solo deseo encontrar el más apropiado para mí, aunque en universos paralelos siga preguntándome qué habría pasado si me hubiera decantado por otros escenarios.

Solo espero tomar una decisión acertada.