La chica que no habla CAPÍTULO 26 — CONFRONTACIÓN FALLIDA
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CAPÍTULO 26 — CONFRONTACIÓN FALLIDA

Julián Varela llegó a la comisaría acompañado por dos abogados.

No parecía un hombre al que acababan de vincular mediante una grabación con la muerte de su yerno.

Parecía alguien que venía a una reunión de negocios.

Traje oscuro. Gemelos plateados. Expresión tranquila.

Marina observaba desde una sala contigua, aunque Salvatierra le había dicho tres veces que no debía estar allí.

—No vas a entrar —repitió.

—No he dicho que vaya a hacerlo.

—Tu cara lo ha dicho.

La entrevista comenzó a las once.

Salvatierra puso sobre la mesa la fotografía del coche, el correo de Álvaro y un fragmento de la grabación.

Julián escuchó su propia voz sin pestañear.

—¿Reconoce esa conversación?

—Reconozco mi voz.

—¿Estuvo en la casa del lago la noche en que murió Álvaro Cifuentes?

—Sí.

El cambio de estrategia sorprendió incluso a su abogado.

—¿Por qué mintió en su primera declaración?

—Porque estaba protegiendo a mi hija.

—¿De qué?

—De un marido que la había llevado a una casa asociada a un trauma de juventud y luego me había citado allí para provocarme delante de ella.

—¿Golpeó a Álvaro?

—No.

Salvatierra reprodujo el golpe.

—¿Qué ocurrió?

—Forcejeamos. Él tomó un atizador. Yo intenté quitárselo. Cayó.

—El informe forense indica un impacto en la parte posterior del cráneo incompatible con una simple caída plana.

—Entonces quizá se golpeó con la chimenea.

—La sangre no coincide con ese punto.

Julián se encogió de hombros.

—No soy forense.

Salvatierra cambió de tema.

—¿Sofía Ledesma se cayó al lago hace dieciocho años?

Por primera vez, Julián tardó un segundo.

—Eso tengo entendido.

—Usted estaba allí.

—No voy a responder sobre una investigación cerrada hace casi dos décadas sin revisar la documentación.

—En la grabación dice que Sofía se cayó.

—Porque era lo que mi hija me había contado.

Marina cerró los ojos.

Mentía con una facilidad casi elegante.

Salvatierra reprodujo otra parte.

“No tienes idea de lo que hice para protegerla.”

—¿Qué hizo para proteger a Elena?

—Evitar que un episodio adolescente destruyera su vida.

—¿Falsificar un diario?

El abogado intervino.

—Mi cliente no ha admitido eso.

—Su esposa sí.

Julián miró a Salvatierra.

Una sombra cruzó su rostro.

—Mi esposa está emocionalmente inestable.

Marina sintió rabia.

Todo en él convertía a los demás en versiones menos fiables de sí mismos.

Elena traumatizada.

Pilar inestable.

Sofía adolescente.

Adolfo débil.

Álvaro provocador.

Julián era siempre la única persona razonable dentro de su propia historia.

Después de una hora, los abogados terminaron la entrevista.

La fiscalía consideraba posible detenerlo por la muerte de Álvaro, pero quería consolidar la cadena de custodia de la grabación y el análisis forense.

Julián salió de la sala.

Vio a Marina al final del pasillo.

Se detuvo.

—Doctora.

—Señor Varela.

Los abogados siguieron caminando.

—Le advertí que no confundiera curiosidad con ayuda.

—Y yo le advertí que no confundiera silencio con obediencia.

Julián se acercó.

—¿Sabe qué ocurre con personas como usted? Se convencen de que la verdad justifica cualquier método. Rompen pacientes, familias, carreras. Y luego llaman al daño “necesario”.

Marina sostuvo su mirada.

—¿Está describiéndose?

La sonrisa desapareció.

—Elena no mejorará por recordar a Sofía.

—No. Mejorará cuando deje de vivir bajo su amenaza.

Julián bajó la voz.

—No sabe lo que mi hija hizo aquella noche.

Marina sintió una duda involuntaria.

Él la vio.

Aprovechó.

—¿Cree que todo es tan sencillo? ¿Padre monstruoso, hija inocente, chica muerta? Pregúntele a Elena por qué tenía sangre en las manos antes de que Adolfo llegara.

Marina se quedó quieta.

Julián sonrió.

—Eso pensaba.

Se marchó.

Salvatierra apareció detrás.

—¿Qué te ha dicho?

Marina tardó en responder.

—Que Elena tenía sangre en las manos aquella noche.

—¿De Sofía?

—No lo sé.

—Puede estar manipulándote.

—Está manipulándome.

—Entonces no le des lo que quiere.

Marina miró la puerta por la que Julián acababa de salir.

El problema era que una buena manipulación no necesitaba ser completamente falsa.

Solo necesitaba contener una verdad que la víctima no pudiera ignorar.

Y ahora Marina tenía una nueva pregunta que podía destruir la confianza que había construido con Elena.