CAPÍTULO 24 (PRESENTE) — LAS LÍNEAS SE CRUZAN
Julián había mentido sobre dónde estuvo la noche de la muerte de Álvaro.
En su primera declaración dijo que había cenado en casa y se había acostado antes de medianoche. Pilar, interrogada de nuevo, admitió que no podía confirmarlo porque dormían en habitaciones separadas.
La cámara de tráfico lo situaba a menos de tres kilómetros de la casa del lago.
Pero no era suficiente.
Su abogado explicó que Julián había conducido hasta una propiedad de la empresa para revisar daños de la tormenta. Los registros de telefonía mostraban que su móvil había permanecido en San Román, lo que significaba que probablemente lo había dejado en casa.
—Planificado —dijo Marina.
Salvatierra no respondió.
Se habían reunido extraoficialmente en un café porque, oficialmente, Marina ya no participaba en el caso.
—Hay más —dijo él.
Deslizó una copia de un correo sobre la mesa.
Álvaro lo había programado para enviarse a su editor el lunes posterior a su muerte. Nunca llegó porque el servidor exigía que el ordenador estuviera conectado. Los técnicos acababan de recuperar el borrador.
El asunto decía:
SI ME PASA ALGO.
Marina sintió un nudo en el estómago.
El texto era breve.
“Estoy en San Román con Elena. He confirmado que su padre, Julián Varela, participó en el encubrimiento de la desaparición de Sofía Ledesma en 2008. Tengo razones para creer que Adolfo Roldán ayudó a mover el cuerpo desde el canal de la cantera. Elena conserva una pieza de evidencia original. Si mañana no contacto contigo, entrega esta información a la policía.”
—¿La pieza? —preguntó Marina.
—No especifica.
—La página que Elena escondió.
—Probablemente.
Debajo había una línea añadida veinte minutos después:
“J.V. viene esta noche. Elena no sabe que lo he citado.”
Marina levantó la mirada.
—Álvaro lo llamó.
—Sí.
—Llevó a Elena a la casa, luego citó a su padre sin decírselo.
—Parece.
Marina sintió rabia hacia un muerto.
—Qué irresponsable.
—Creía que conseguiría una confesión.
—Y convirtió a Elena en cebo sin su consentimiento.
Salvatierra guardó silencio.
—Eso no justifica que lo mataran —añadió Marina.
—Claro que no.
—Pero explica por qué Elena estaba allí cuando ocurrió.
Los técnicos recuperaron también un fragmento de audio de la nube personal de Álvaro. No una grabación completa. Solo treinta y ocho segundos sincronizados automáticamente desde una aplicación de notas de voz antes de que el teléfono perdiera conexión.
Salvatierra puso el archivo.
Primero se oía a Álvaro.
—...dieciocho años y todavía crees que puedes decidir qué recuerda tu hija.
Una voz masculina respondió.
—No sabes nada de mi hija.
Marina conocía esa voz.
Julián.
Álvaro dijo:
—Sé lo que pasó con Sofía.
Un golpe leve, quizá un objeto sobre una mesa.
—Baja la voz.
—Adolfo habló.
—Adolfo no habla desde hace años.
—Entonces te sorprendería lo que hace la culpa.
El audio terminó.
Marina lo reprodujo otra vez.
—Esto lo coloca en la casa.
—Su abogado dirá que la grabación puede ser anterior o manipulada. Pero combinada con la cámara, ya tenemos base para interrogarlo formalmente.
—Y quizá para registrar sus propiedades.
—Quizá.
Marina miró por la ventana.
Dieciocho años atrás, Julián había organizado un relato para que la desaparición de Sofía pareciera una fuga.
Ahora Álvaro lo había obligado a regresar al mismo lugar y confrontar esa historia.
Álvaro murió esa noche.
No era una coincidencia.
Era repetición.
—El responsable de la muerte de Álvaro es la misma persona que construyó el silencio alrededor de Sofía —dijo Marina.
Salvatierra la miró.
—Aún tenemos que demostrarlo.
—Sí.
—Y a partir de ahora tú te mantienes fuera.
Marina sonrió apenas.
—Eso ya lo hemos hablado.
—Lo digo en serio.
—Yo también.
Cuando salió del café recibió un mensaje de un número desconocido.
Solo una dirección.
La casa del lago.
Debajo, una frase:
BUSQUE DETRÁS DE LA PIEDRA QUE NO ENNEGRECE.
Marina miró el texto.
Adolfo.
O alguien que quería que pensara en él.
Fuera quien fuera, sabía algo que Álvaro había dejado escondido en la casa.
Y Marina comprendió que el tramo final de la investigación ya no iba a consistir en reconstruir recuerdos.
Iba a consistir en llegar a la prueba antes que quienes llevaban dieciocho años destruyéndolas.