CAPÍTULO 7 (PRESENTE) — EL ARCHIVO POLICIAL
El expediente de Sofía Ledesma ocupaba ciento ochenta y siete páginas.
Marina necesitó menos de veinte para comprender que algo estaba mal.
Salvatierra consiguió acceso al archivo poco después de las siete de la tarde y se reunió con ella en una sala de consulta de la comisaría.
—No podemos sacar originales.
—No necesito sacarlos.
—Y cualquier copia queda registrada.
—Perfecto.
Marina ya estaba leyendo.
La primera denuncia la había presentado Carmen Ledesma el sábado 19 de agosto, a las nueve y doce de la mañana. Sofía había sido vista por última vez la noche anterior. Había salido de casa aproximadamente a las diez y cuarto.
El primer problema apareció en la página nueve.
—Mira esto.
Declaración de Diego Roldán. Sábado, 19 de agosto. Hora: 08:40.
—La denuncia se registra a las nueve y doce —dijo Marina—. Pero Diego declara a las ocho y cuarenta.
—Puede ser un error administrativo.
—Puede.
Diego aseguraba haber visto a Sofía cerca de la estación de autobuses a las once y media de la noche. Sola. Con una mochila. Aquello había sido una pieza fundamental para sostener la hipótesis de fuga.
Marina consultó el horario anexado.
—El último autobús salía a las diez y cincuenta.
—Quizá esperaba el primero de la mañana.
—A las seis y diez. La estación cerraba a medianoche. ¿Dónde estuvo siete horas?
Otro testigo, propietario de un bar cercano, dijo no haberla visto.
La investigación incluía búsquedas en el bosque, la carretera y el entorno del lago.
—¿Buzos?
—Dice inspección de orillas.
—No buzos.
—No había indicios de caída.
—Vivía junto a un lago y desapareció de noche.
Al quinto día la policía ya describía “conflictos domésticos” y “deseo reiterado de abandonar la localidad”. Las fuentes eran familiares y amigos: Carmen, Rafael, Diego, Pilar, Julián.
Elena no había declarado.
—Era amiga de Sofía —dijo Marina.
—Eso no obliga a que la entrevistaran.
—Precisamente ese es el problema.
En la página ochenta y cuatro apareció un inventario de objetos de la habitación de Sofía. Ropa, libros, dinero, un diario escolar. No figuraba ningún cuaderno verde.
El último informe sustancial estaba fechado treinta y nueve días después de la desaparición.
—Seis semanas —dijo Marina—. A las seis semanas ya habían decidido que se había ido.
Salvatierra se sentó frente a ella.
—No podemos juzgar una investigación de hace dieciocho años con lo que sabemos ahora.
—Estoy diciendo que hay inconsistencias.
—Eso sí.
Marina llegó al informe final del responsable de la investigación.
Adolfo Roldán.
—El padre de Diego.
—Eso parece.
—El principal testigo que sostiene la fuga es el hijo del policía que dirige la investigación.
—Adolfo está jubilado. Sigue viviendo en San Román.
Otra hoja mencionaba dos billetes para Madrid encontrados después de la desaparición.
—Dos —dijo Marina—. ¿Por qué comprar dos billetes si pretende irse sola?
No había investigación sobre un segundo pasajero.
Una anotación decía:
“Billetes entregados por J. Varela. Encontrados presuntamente en zona próxima al domicilio de la menor.”
—Julián Varela —dijo Salvatierra.
—El padre de Elena.
Según el informe, los había encontrado dos días después de la desaparición junto a un sendero próximo al lago.
Aquella noche había llovido durante horas.
Los billetes, según el inventario, estaban en perfecto estado.
Marina miró a Salvatierra.
—Papel abandonado junto al lago. Tres horas de lluvia.
—Y aparece seco.
Volvieron a la declaración de Diego. Una frase añadida a mano decía que Sofía se encontraba alterada tras una discusión sentimental.
No constaba con quién.
—Si Elena y Sofía tenían una relación que nadie quiso mencionar… —empezó Salvatierra.
Marina pensó en el cuaderno.
—Creo que alguien quería irse de San Román con Sofía.
—Y alguien no quería que lo hicieran.
Marina volvió a mirar el nombre de Adolfo Roldán.
—Voy a hablar con él.
—No sin mí.
—No he dicho que fuera sola.
—Lo has pensado.
Marina sonrió.
—Eso no puedes demostrarlo.
Antes de salir, volvió a abrir el expediente por la primera página. Fotografía de Sofía. Diecisiete años.
Debajo, escrito a máquina:
CAUSA PROBABLE: ABANDONO VOLUNTARIO.
Durante dieciocho años, aquella había sido la historia oficial.
Una adolescente enfadada. Dos billetes. Una mochila. Una fuga.
Era una historia cómoda.
Y las historias cómodas eran las que más cuidado había que revisar.