La chica que mataste 18
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BOMBAZO

En el silencio que quedó tras la partida de los últimos invitados, Craig se quitó los zapatos y dio la bienvenida a la fría sensación del suelo de mármol del vestíbulo bajo sus pies.

A continuación, la chaqueta del traje encontró una percha en el armario más cercano, y la corbata fue la siguiente.

Se desabrochó los dos primeros botones de la camisa, se reunió con Andi en el salón y se sentó en el reposabrazos de su silla, recorriendo con los dedos su brazo desnudo.

—Gracias —susurró. Las animadas voces charlando que habían llenado la casa aún resonaban en la mente de Craig—. Ahora nos toca a ti y a mí. —Se inclinó para besarla, pero ella se apartó—. ¿Qué ocurre?

Ella le enseñó el teléfono que tenía entre las manos.

—Esta vez me han rechazado por correo electrónico, y han tardado menos de un día en hacerlo.

Ah, otra vez estaba con esa tontería de encontrar trabajo. Andi era implacable cuando se proponía algo. Esa cualidad sería muy útil cuando él consiguiera que se centrara en los asuntos importantes.

—Lo siento mucho, cariño —murmuró cerca de su oído.

La mentira fluyó con facilidad; la había dicho tantas veces que le salió automáticamente, rodando por sus labios con el grado justo de empatía fingida—.

Déjame hacer algunas llamadas. Ya has visto a la gente que había aquí esta noche.

¿Crees que alguno de ellos dudaría en contratarte?

Ella negó con la cabeza, sin dejar de evitar sus ojos.

—No. Tengo que hacer esto yo sola, Craig. Tengo que demostrarme a mí misma que puedo hacerlo.

—De acuerdo —respondió, aliviado.

No esperaba que aceptara su oferta. Era demasiado orgullosa e independiente para hacerlo.

Si hubiera aceptado, él se habría enfrentado a un verdadero dilema.

¿Por qué iba a ayudarla a conseguir un trabajo en la empresa de otra persona cuando él necesitaba que colaborara con Jude y con él?

Pero una promesa era una promesa y él habría hecho esas llamadas.

Por suerte, Andi seguía siendo la mujer predecible e inocente de siempre.

—¿No hay ninguna mujer empresaria en tu entorno? Solo has invitado a hombres.

—Es que no quiero poner celosa a mi mujer —respondió, antes de darle un beso en la mejilla.

Andi sonrió y se recostó en el cómodo sillón. Empezaba a relajarse.

—No tendría celos, lo entendería.

—¿Eso quiere decir que ya no me quiere, señora Brafford? —dijo mientras se deslizaba del reposabrazos y se ponía en cuclillas a sus pies.

—No seas ridículo —respondió ella. Su voz sonaba fría y tensa, pero sus dedos le alborotaron el pelo antes de retirarse a su regazo—. A lo mejor ese es el motivo por el que no me dan los trabajos. Puede que no sea del género adecuado.

—¿En estos tiempos? No creo que sea por eso.

—Entonces, ¿por qué? —Su rostro se contrajo como si le hubiera subido bilis a la garganta. Tosió en silencio, tapándose la boca con la mano.

—Pues... No lo sé... Pero lo que sí sé es lo mucho que te necesito a mi lado. ¿No te gustaría trabajar conmigo? —Andi empezó a sacudir los hombros y se obligó a respirar profundamente—. ¿Qué te pasa?

—Nada... Creo que me ha sentado mal la espuma de salmón.

—A lo mejor es que has tomado demasiado champán.

—No he bebido... —empezó a decir, pero se tapó la boca con la mano y se puso de pie de un salto. Un momento después, estaba vomitando en el fregadero.

Craig corrió a su lado, sintiendo un escalofrío que le recorría la espalda.

—¿Qué te pasa?

Andi levantó la mano un momento y se enjuagó la boca con agua fría. Luego cogió una botella de agua con gas de la nevera y le quitó el tapón. Tras beber un par de tragos, por fin lo miró.

—¿Recuerdas el día que me enseñaste la casa? —Sonrió, cansada y débil, pero sus ojos se desviaron hacia la isla de la cocina donde él le había hecho el amor aquel día.

—Claro que lo recuerdo —respondió él, desabrochándose con lentitud los botones de la camisa. Pero no era deseo lo que veía en los ojos de Andi. Era otra cosa, un calor apacible que le producía escalofríos.

Ella se tocó el vientre con la mano.

—Ese día me quedé embarazada. —La sonrisa de Andi se ensanchó mientras todo el mundo de Craig se derrumbaba—. Estoy bastante segura de que fue ese día.

«Oh, Andi, tenías que joderlo todo, ¿verdad?».

Los pensamientos se arremolinaban furiosos en su mente, mareantes, nauseabundos. Extendió la mano hacia la encimera y se agarró a ella.

—¿Es... estás embarazada? —tartamudeó, con los labios secos y la garganta contraída.

Unas imágenes aterradoras invadieron su imaginación.

Un niño, gritando a todo pulmón cada noche mientras él no podía pegar ojo.

Su bella Andi, con el cuerpo deformado por el embarazo, contenta con satisfacer los caprichos del pequeño intruso en lugar de conquistar el mundo con él.

Esa no podía ser su realidad—. ¿Estás segura?

Su sonrisa se había desvanecido y había sido sustituida por una mueca de preocupación y decepción.

—Estoy bastante segura, sí. —Le brillaban los ojos—. ¿No estás contento?

Él la rodeó con los brazos y la estrechó con fuerza, agradecido de poder ocultar sus ojos.

—Es que estoy un poco sorprendido, eso es todo —consiguió decir—. Pensaba que decidiríamos esto juntos. —Tragó saliva—. Cuando estuviéramos en una mejor situación financiera.

Ella se apartó.

—Conseguiré un trabajo, ya lo verás. Todo va a ir bien. —Se frotó la barriga—. Estoy segura de que seremos unos padres estupendos.

Aturdido, Craig retrocedió unos pasos; necesitaba beber algo fuerte urgentemente.

Se dirigió a la cocina, abrió una botella de Johnnie Walker Black Label y se sirvió una generosa cantidad de whisky con un puñado de cubitos de hielo en un vaso de cristal tallado.

Luego lo engulló sin darle tiempo a enfriarse.

Le quemó la garganta y esparció calor por sus venas.

Cuando regresó al salón, la encontró inmóvil, con los ojos llenos de lágrimas. Se tocaba el colgante que aún llevaba puesto y tenía la mirada perdida. Le cogió las manos y se las llevó a los labios.

—Si esto es lo que quieres, cuenta con todo mi apoyo. Pensé que tendríamos un poco más de tiempo para nosotros, eso es todo. Podríamos llegar muy lejos en la vida.

Ella no estaba respondiendo ni a su contacto ni a sus palabras. Volvió a estrecharla entre sus brazos y se balanceó de un lado a otro como hacía cuando estaba enfadada.

Después de un momento, ella se apartó y preguntó mirando al suelo:

—¿Qué planes tienes para mañana?

Tal vez la tormenta había pasado, Andi volvía a hablar de cosas prácticas. Aliviado, respiró tranquilo y dijo:

—Mañana estaré ocupado todo el día. Hablaré con todos mientras aún puedan recordar el sabor de tus fabulosos aperitivos. Después empezaremos a elaborar la siguiente lista. —Le puso las manos en la cintura y la acercó a él. Ella no se resistió, pero no había ninguna chispa.

—¿Qué lista?

—La de la próxima fiesta —dijo en voz baja—.

¿Recuerdas que lo hablamos? Así es como vamos a seguir consiguiendo casas para vender en exclusiva.

¿Sabes cuánto dinero hemos ganado hoy, con el trato extra con Donati que te he mencionado antes?

—Ella negó con la cabeza—. Diez mil dólares en efectivo y libres de impuestos.

Ella lo miró fijamente.

—Felicidades, Craig. Sé que has trabajado muy duro para conseguirlo.

—Los dos hemos trabajado muy duro, Andi. Tú y yo. Has ganado más ayudándome que lo que habrías ganado en un mes de trabajo agotador en un banco.

—¿Y lo de formar una familia, Craig? ¿Está en tu lista de prioridades? ¿Lo estará alguna vez?

Había lágrimas en su voz y algo más, un destello de acero bajo su serenidad habitual.

—Haremos lo que tú quieras, cariño. —Se encogió de hombros y empezó a pasearse lentamente—.

No sé cuántas veces tengo que decirte esto.

Si no te gustan las fiestas, no habrá más, pero sería un desperdicio de oportunidades y de futuros ingresos.

Si quieres tener hijos, estoy de acuerdo, siempre y cuando sean míos —bromeó.

Los labios de Andi temblaron—. Te estoy hablando en serio —añadió rápidamente—.

No lo dudes. No importa la vida que decidas que tengamos, no quiero perderte.

—Se acercó a ella despacio, mirándola a los ojos con intensidad, con pasión. Luego le dio un beso en el cuello.

Ella se mantuvo firme, impasible. Inflexible.

¿Qué más tenía que hacer? ¿Ponerse de rodillas y suplicar?

Si daba un paso en falso, puede que ella saliera por la puerta dejándolo con una pensión alimenticia y un divorcio que no podía permitirse porque su sueldo apenas cubría los pagos de la hipoteca.

Pero Andi era, ante todo, una mujer práctica.

—¿Y tú? ¿Qué planes tienes para mañana?

Ella suspiró, se dio la vuelta y se rodeó el esbelto cuerpo con los brazos.

—Lo primero que voy a hacer es ir al hospital. Quiero hablar con los médicos de papá. Y a las dos tengo otra entrevista. —Sacudió la cabeza con una tristeza indescriptible en los ojos—. Es para un trabajo de recepcionista en una clínica de planificación familiar.

—Joder, Andi, ¿es que ya no te queda autoestima? ¿Cuándo vas a poner un límite y decir: «Ya está bien, no voy a seguir avanzando por este camino»?

Nunca le había gritado antes, que él recordara. ¿Qué era lo que le impedía trabajar con él, hacer lo que él quería que hiciera? ¿Era el ego? Porque estaba claro que no era la ambición.

—Pues parece que no —respondió ella con calma—.

Sueño en secreto con abrirme camino hacia un trabajo en biología, trabajando de lo que sea hasta que consiga mi doctorado.

Quizá por eso los laboratorios de investigación no me quieren.

—Se acercó a él y lo miró fijamente—. Me paso el tiempo preguntándome por qué nadie quiere contratarme y por qué me he pasado casi toda la vida estudiando algo que no tiene ningún valor en el mercado laboral.

—Inhaló con fuerza—. Y después me preguntó: «¿Soy yo?

¿Soy peor que cualquiera de mis conocidos que tienen trabajo?

¿De verdad soy tan mala? ¿Para qué sirvo? ».

—Oh, Andi —susurró él—, lo siento mucho. Estoy seguro de que podemos encontrar personas a las que les encantaría tenerte...

—No hables en plural, Craig. Tengo que encontrar trabajo yo sola.

No quiero que nadie me contrate solo porque soy la mujer de su agente inmobiliario favorito.

No lo permitiré, ¿entiendes? —Las lágrimas corrían por su rostro y los sollozos silenciosos le cortaban la respiración, pero eso no la detuvo—.

Por eso, cuando me enteré de que estaba embarazada, pensé que por fin había algo que me iba a dar un propósito en esta vida.

Algo importante que me permitiera marcar la diferencia.

—Se puso a sollozar y cogió un pañuelo para secarse las lágrimas—.

Siento estropear tus planes con este embarazo, pero este bebé es lo único que tengo.

Craig se tragó una retahíla de quejas. ¿Por qué ahora? ¿Por qué tenía que pasarle eso a él? ¿No se suponía que estaba tomando anticonceptivos? Esa mujer no era de fiar... Le había tendido una trampa. Había destruido todos sus sueños, arrasando todo a su paso sin siquiera saberlo.

Con suavidad, le tocó la cara con los dedos y le limpió una lágrima.

—No he reaccionado de la manera correcta, pero estoy feliz de tener todos los hijos que quieras. —Le levantó la barbilla con dos dedos—. Te lo juro. —Podía hacerse una vasectomía. A lo mejor se lo cubría su seguro.

Mirándolo a través de un borrón de lágrimas, Andi sonrió tímidamente.

—¿Lo dices en serio?

Se había acabado la crisis. La besó en los labios, demorándose un poco.

—Claro que sí.

Ella lo rodeó con los brazos y apoyó la cabeza en su hombro.

—Te quiero. Espero que sepas cuánto.

—Sí, claro que lo sé —susurró él—. ¿Lo sabe alguien más?

—Todavía no —respondió ella, apartándose un poco—. ¿Por qué?

—Porque deberíamos anunciarlo como Dios manda —dijo mientras los engranajes giraban con rapidez dentro de su mente inquieta—, con una fiesta. Pero una de verdad, para los amigos y la familia.

GOODRIDGE, ABOGADO DEFENSOR: Basándose en lo que presenció en la fiesta del diecinueve de agosto, ¿cuál era su opinión sobre la relación del acusado con su mujer?

JEREMY HUGHES: Parecían felices. Estaba bien domesticada, si sabe a lo que me refiero. Sabía cuál era su lugar e hizo todo lo posible para ayudar a su marido a ganar dinero. El sector inmobiliario es un negocio brutal.

GOODRIDGE, ABOGADO DE LA DEFENSA: ¿Habló con usted esa noche?

JEREMY HUGHES: Solo me dijo las cortesías habituales. No estaba triste ni nada por el estilo. No crea todo lo que oye en los medios de comunicación. No creo que pasara nada de lo que han dicho.