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Andi asintió. Se sentía mal alardeando así de su felicidad, pero Craig se merecía un reconocimiento.
—Todas las noches, como un reloj.
Janelle soltó una risita, pero sus ojos permanecieron serios, sombríos.
—Muy bien, entonces, hay esperanza para mí. —Se hizo a un lado, dejando sitio para que el camarero sirviera los platos principales, y después acercó el pollo Marsala a Andi—. Si quieres podemos compartirlo.
—No, gracias. —Aquella inquietante sensación de presentimiento había vuelto, royéndole las entrañas sin descanso. Dejó el tenedor sobre el plato de ensalada que no había tocado y se reclinó en la silla, ensimismada, a miles de kilómetros de distancia del soleado patio de su restaurante favorito.
—Ahora me toca preguntar a mí —dijo Janelle—. ¿A qué viene esa cara tan larga?
Andi luchó por volver a la realidad. Uno de sus miedos era real, amenazador.
—Aún no me han contestado de la universidad. —Sentía las manos frías y las apretó con fuerza entre sí—. Estaba convencida de que me iban a dar el trabajo, pero no sé nada de ellos.
Janelle frunció el ceño un instante.
—Estas cosas llevan su tiempo. Seguro que el papeleo lo está ralentizando todo. ¿Les enviaste una nota de agradecimiento?
—Sí, en cuanto volví a casa, pero eso fue hace casi una semana.
Janelle masticó en silencio durante un rato. Normalmente, eso era una mala señal.
Trabajaba para el Ministerio de Trabajo y conocía muy bien las prácticas y estadísticas de los Departamentos de Recursos Humanos.
Janelle había dado el visto bueno al currículum y a la carta de presentación que Andi había enviado a la universidad para solicitar el puesto de investigadora.
Además, la había entrenado con simulacros de preguntas de entrevista, enseñándole lo que debía decir y cómo actuar.
—Estoy segura de que pronto se pondrán en contacto contigo para explicarte los pasos siguientes —dijo, seria—. ¿Alguna vez te has buscado en Google?
Andi asintió.
—No hay nada malo.
—Bien —dijo Janelle sonriendo. Cortó un trozo de pollo, se lo metió en la boca y entrecerró los ojos mientras masticaba—.
No me importa cuántas calorías he consumido hoy, ha merecido la pena.
—Se limpió suavemente los labios con la servilleta, con cuidado de no estropearse el brillo de labios—.
Ah, casi se me olvida. Hace un par de noches vimos a Craig.
—¿Vimos?
—Troy y yo. —Las mejillas de Janelle se sonrojaron un poco—. Estaba en Game Nite, tomando algo con ese tío, mmm...
—¿Quién?
Janelle apretó los labios, frustrada.
—No recuerdo su nombre. Alto, sexi, con barba corta... Fue testigo en tu boda.
—Ah, Jude. —Andi bebió un sorbo de agua—. Es el mejor amigo de Craig.
Janelle lanzó a Andi una rápida mirada inquisitiva y luego apartó la vista.
—¿Qué pasa? —preguntó Andi. Un poco del frío de antes volvió.
—Nada —dijo Janelle, negando con la cabeza—. De verdad, no es nada.
—Venga, dímelo —insistió Andi, esperando que el ligero temblor de su voz fuera imperceptible—. Sea lo que sea, suéltalo ya. —Janelle se quedó mirándola—. Soy yo, ¿recuerdas? Puedes contarme cualquier cosa.
—Está bien —respondió ella, mirando de reojo a su alrededor—. Mira, si no conociera tan bien a Craig y la relación que tiene contigo, diría que es gay.
—¿Qué? —Andi soltó una carcajada que hizo girar algunas de las cabezas que había en el patio—. Eso es imposible. Jude es su mejor amigo, nada más.
—Estaban sentados muy juntos, con las cabezas casi tocándose, susurrando. Craig ni siquiera se fijó en mí, y estaba allí de pie junto a su mesa.
—Así se comporta Craig cuando habla de negocios con Jude. —Se rio por lo bajo, aliviada—. No hablan de nada más, ni siquiera de deportes.
—Si tú lo dices...
—Janelle —dijo Andi, extendiendo las manos sobre la mesa para tomar las de su amiga entre las suyas—. Craig no es gay. Si lo fuera, ¿no crees que yo lo sabría? Ahora mimo, tú y yo estamos sentadas juntas, cogidas de la mano. ¿Nos estamos acostando?
Janelle sonrió con un brillo travieso en los ojos.
—No, pero muchas veces me he preguntado si...
—¡Calla! —Andi le tiró la servilleta a Janelle, que aterrizó en su cabeza, y ambas estallaron en carcajadas.
Caminaron juntas hasta sus coches y se despidieron con un largo abrazo. Y, sin embargo, escondido bajo todo ese buen estado de ánimo, acechaba un frío implacable, enroscado como una serpiente venenosa dentro del vientre de Andi. Una sensación de temor de la que no podía librarse.
BUSCHER, FISCAL DEL DISTRITO: ¿Qué puede decirnos sobre el comportamiento de Andrea Wilmore Brafford después de esa entrevista de trabajo?
JUDE DRENNON: ¿La que hizo en la universidad?
Andi parecía estar bien, pero voy a decirle una cosa: nada de esto habría pasado de no ser por esa amiga suya, Janelle.
A esa entrometida tendrían que echarla del país.
Siempre está metiéndose en la vida de la gente, buscando, pinchando, fastidiando, sembrando sospechas, escudándose en que es una buena amiga.
BUSCHER, FISCAL DEL DISTRITO: ¿Qué tipo de sospechas?