La chica perdida en París Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Sí…, pero menos que los ayudantes de laboratorio varones. Años después, cuando triunfé en la industria, logré la igualdad salarial para las mujeres en la Casa Doujan .

¿Racionamiento? Para 1942, el chocolate y las verduras entraron en las cartillas. Francia no levantó el racionamiento hasta 1949.

¿Gasolina? ¿Calefacción? Los alemanes podían calentarse en invierno; los parisinos, no. Y nada de gasolina para los automóviles, que estaban verboten .

¿Hacer el amor? Cuando le cuento que la natalidad en Francia aumentó en plena guerra, se le disparan las cejas.

— Madame , ¿usted…? Quiero decir, era joven, hermosa… ¿estaba enamorada?

—Tiene usted una manera muy interesante de introducir la pregunta que quería hacer desde que llegamos a París. Después de mis suspiros y arrobamientos por el escurridizo pícaro de negro, ¿tuve un idilio con el misterioso Conde?

—Bueno, sí… pero si le incomoda hablar de ello, lo entiendo.

¿No será a ella a quien le incomoda hablar de l’amour ?

¿Será que cierto apuesto guardaespaldas le saca los colores?

Con las mejillas enrojecidas, Emma se recoloca en la silla.

—¿Dónde vivía usted en París durante la guerra, madame ?

—En un apartamento en un tercer piso, en la orilla izquierda, rue du Sommerard , baño compartido al fondo del pasillo, sin ascensor.

Yvette lo hizo acogedor con cojines malva y grises esparcidos por el diván y carteles de películas de Sylvie Martone en la pared.

No iba al cine de niña, pero en 1941 volvieron a abrir las puertas al público.

Solíamos ir a ver sus películas y nos emocionábamos con sus grandes aventuras.

Le pregunté a Yvette si echaba de menos el teatro y me mostró una foto suya vestida de La reina del cisne negro, con tutú de satén negro y corona de plumas enjoyadas.

Fue la única función a la que su madre acudió.

Nunca aprobó que su hija se subiera a un escenario.

Por desgracia, poco después la atropelló un automóvil a toda velocidad y murió en el acto.

—Qué horror para Yvette . Perder a su madre tan pronto después de reconciliarse.

Emma se ve visiblemente afectada, mordiéndose el labio…

y mirando el móvil como si quisiera llamar.

Es extraño: Emma nunca habla de su familia, ni siquiera de pasada, como hacen los reporteros para «ablandarte» y que empieces a creer que son tus amigos y se lo cuentes todo.

Aprendí esa lección por las malas. Esa Hansen me regaló su vida entera —seguro que inventándosela sobre la marcha—, lo que me hace preguntarme qué oculta Emma .

Querría tenderle la mano y preguntarle qué tiene en la cabeza. ¿Sería demasiado atrevido?

¿O solo estoy evitando hurgar en ese lugar doloroso de mi corazón que nunca ha sanado?

La historia de Yvette .

— Yvette era una joven alegre y encantadora —empiezo—, pero cuando volví a París para ayudar con el lanzamiento de Naomie ’s Dream noté que había adelgazado…

Estaba pálida y afectada con lo que tomé por una tos persistente de un resfriado de invierno.

Seguía animada y estaba tan feliz de verme que no insistí.

Me dijo que mis cartas habían llegado y que se las había pasado a le Comte .

(Nunca nos referíamos a él como el doctor MacBride , para no comprometer su tapadera).

Debí parecer una colegiala enamoradiza cuando pregunté si le iba bien. Yvette sonrió.

—Quieres saber si está con alguien.

—¿Lo está?

—Lo he visto con chicas del cabaret, pero no las mira como te mira a ti.

—Y con ese pensamiento tan dulce, mademoiselle , le hice un sitio en mi corazón, rezando para que me viera como mujer y no como una salvaje chica romaní.

Visité a menudo la casa de empeños, esperando que Lance apareciera.

Me preocupaba por él. Como el Conde, podía moverse en la oscuridad sin ser detectado, pero como estadounidense la Gestapo podía detenerlo a medida que empeoraban las relaciones entre su país y Alemania, con buques de guerra de Estados Unidos protegiendo los convoyes de suministros aliados contra el ataque de los submarinos nazis en el Atlántico.

Me preocupaba, pero Jarnak me dijo con un guiño que «ese arqueólogo entrometido está en una excavación en Egipto», lo que significaba que estaba a salvo.

¿Pero dónde? Me fui con el corazón más ligero, aunque sentía por él cosas que no debía.

Sufría como mujer, pero él dejó claro que seguía siendo una chica a sus ojos.

—Hago una pausa para recomponerme—. A veces me pregunto cómo sobreviví a aquellos años en que cada día estaba lleno de intrigas y de anhelo por un hombre al que apenas conocía.

—A veces una sabe que él es «el indicado», madame , aunque él no lo sepa.

Emma suelta un largo suspiro y una media sonrisa se dibuja en sus labios. ¿Estará pensando en Ryker ?

Sonrío y le dejo un momento para soñarlo.

—Mi vida dio un giro cuando lanzamos Naomie ’s Dream —continúo—. A Frederic le encantaba jugar a ser Dios, proclamando que iría personalmente al Alto Mando alemán a pedir ayuda para aumentar la producción si las ventas iban bien.

—¿Y fueron bien, madame ?

—Agotamos existencias el primer día. —No puedo evitar que el orgullo se me cuele en la voz.