Capítulo 14
Emma
Perfume:
Mademoiselle After Midnight
Cascarilla, iris florentino, ámbar
Ignoro el trajín de turistas en el vestíbulo del Hôtel de Vendôme mientras parloteo por el teléfono color marfil art déco del vestíbulo, dándole a Granger detalles alucinantes de mi entrevista con madame de Cadieux . Tengo la cara encendida, el corazón a mil.
Nunca me había sentido tan emocionada.
—La diva del perfume está soltando sus secretos —digo al auricular público, porque la cadena es demasiado tacaña para darme una tarjeta telefónica internacional y la camarera está limpiando mi habitación—. Me ha revelado cosas que no le ha contado a nadie.
Repaso el área con ojo de reportera. Nada fuera de lo común: dos ejecutivos discutiendo en francés, una morena con gafas grandes leyendo una guía turística, el recepcionista picoteando cuadraditos de queso cuando cree que nadie lo ve.
—Te lo juro, Granger —sigo—, esta historia te va a dejar con la boca abierta y la tengo en exclusiva.
Suelto lo del vuelo en el Concorde y el bum supersónico que casi me da un infarto…
, aunque me guardo mi encontronazo con el señor Traje Gris.
Es mi pesadilla privada. Una punzada de culpa me roza: se supone que estamos en el mismo equipo, pero es insufrible.
No me acepta… ¿Por qué? ¿Porque no soy lo bastante pija para entrevistar a madame ?
¿O es que esconde algo que no quiere que descubra…
, algo que podría poner en riesgo su puesto junto a la diva del perfume?
Me quedo con ambas.
—Sí, seguimos con la entrevista después de comer —le digo—.
Madame quiere contarme cómo se convirtió en Angéline de Cadieux y luego enseñarme la casa de empeños donde conoció a ese combatiente de la Resistencia increíblemente atractivo…
Está en la rue Saint-Jacques , o lo estaba.
A saber qué hay ahora. Seguramente una lavandería…
Y sí, lo estoy hilando con mi historia personal sobre mi abuela polaca, que murió en el Holocausto.
Me alegra que te guste ese ángulo. Te mantengo al tanto… Y gracias, Granger , por creer en mí.
Cuelgo, aliviada de terminar. Está deseando que cierre esto y vuelva a Nueva York.
Le mencionó la idea al productor del segmento de Sunday Travel Tales y hablan de ampliar mi entrevista a un especial de una hora.
Yo escribo la historia, ellos deciden qué usar y luego enviarán un equipo de rodaje para planos de recurso y una entrevista en cámara con ella.
Presión nivel Dios… Tengo que conseguir que madame acepte que la siga un equipo por París.
Dios…, si ni siquiera he terminado la entrevista.
Lo cual significa que tendré que sacar mi historia personal con madame en algún momento…
, pero ¿cuándo? La cruda verdad: me da miedo soltarle un «Oiga, mi abuela murió en Dachau , ¿casualmente se cruzó con ella, madame ?
» y que me mande de vuelta a Nueva York.
Le obsesionan la honestidad y la verdad por parte de la prensa.
Ahora mismo no puedo presumir de ninguna de las dos.
—¿Planea escaparse a una cita secreta, mademoiselle ?
Ryker aparece de una esquina como si me estuviera esperando. Más bien espiando. Un temblor me recorre. Intento ignorar al bombón en su fabuloso traje gris de seda que le abraza los hombros, pero no puedo pasar por alto la tensión creciente entre nosotros. ¿Cuál es su juego?
—Si me fugara a Montecarlo con el auténtico James Bond y no con un doble irlandés —le suelto—, no se lo diría.
—Lo averiguaría igual —se burla con una sonrisa presumida de 007.
—¿Y por qué te iba a importar?
—No me importa.
Au, eso ha dolido. No hacía falta ser tan sincero sobre lo que piensa de mí.
Capullo.
—Aunque madame de Cadieux proyecte un porte frío, mademoiselle Keane , se encuentra muy afectada y bastante vulnerable tras un incidente reciente de acoso.
—¿Quién…? ¿Por qué? —pregunto, protectora.
—No estoy autorizado a decirlo, pero le aconsejo que esté atenta a su entorno… y que no hable con desconocidos.
—No soy una niña, monsieur Ryker .
— Ryker .
—Puedo apañármelas sola, y si alguien intenta hacerle daño a madame de Cadieux , tendrá que vérselas conmigo. Y ahora, si me disculpa, tengo un almuerzo con madame .
Subo la escalera de caracol de dos en dos.
¿Por qué me descoloca así este tipo? No congeniamos, ni congeniaremos…
Somos dos individualistas que no consentimos que nadie se meta en nuestro trabajo.
Y lo dejamos claro. Ni siquiera somos agua y aceite.
Somos una tormenta perpetua sin visos de amainar.
Aun así, mi instinto me dice que es un hombre de palabra y que de veras le preocupa la seguridad de madame .
Le agradezco que me haya puesto al tanto, pero esta conversación le da un giro nuevo a la entrevista.
¿Qué no me está contando madame ?