La chica perdida en París Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

Y ahora he aceptado tontamente hacer una entrevista sobre aquella época de mi vida.

Me hierve la sangre, recordándome por qué nunca hablo de esos días.

¿Por qué sacarlo ahora? No me queda nadie, no tengo familia.

En vez de sentirme valiente por haber sobrevivido, sufro una irritación punzante porque tantos otros no lo hicieron.

Cómo burlé a la muerte usando mi ingenio.

No confío en nadie.

No se puede evitar cuando se ha caminado descalza por el infierno.

Me sentí como una impostora antes, pavoneándome por el famoso hotel como una estrella de cine cuando no soy nada de eso.

Soy una chica descarada de sangre romaní que se atrevió a soñar en un mundo que nos despreciaba y después intentó destruirnos.

Nunca retrocedí ante la adversidad: me crie en ella.

Era joven, estaba llena de fuego y construí un imperio del perfume.

Ese éxito es lo que me trajo aquí a Nueva York, para rendir homenaje a los niños olvidados de todas las guerras y añadir el nombre Doujan a esta causa importante.

Mi manera de rendir tributo a los que perdí durante la guerra. Nadie sabe más de esa pérdida que yo.

Enderezo la espalda, pero la mujer que me devuelve la mirada en el tocador está muy alejada de la muchacha obstinada que fui durante la guerra, aquella que luchó contra los nazis y creó L e Courage .

Adivinad, malditos boches, * sigo aquí.

Y, merde , no voy a disculparme por quien soy.

¿Por qué todos tienen tanta fascinación por aquella época de mi vida? Esta noche he rechazado numerosas peticiones de entrevistas de reporteros hurgando en la mugre.

Hasta que esa periodista americana insistente me ha pillado desprevenida.

¿Cómo se me ocurre concederle una entrevista a Emma Keane ? No debe de tener más de veintitantos, quizá treinta. Cabello rubio con mechas y piel muy clara, pero fueron sus ojos los que me atrajeron. Una extraña mezcla de azul y avellana.

Como los de mamá.

Una dulzura entrañable me recorre el cuerpo al pensar en mi madre, pero me da miedo abrazarla. Lo atribuyo a las ensoñaciones de una anciana que se permite recordar en secreto, y a demasiado champán.

Durante treinta años no pude hablar de ello, ni siquiera con quienes estaban cerca de mí.

Tiritando, siento la determinación de no dejar que mademoiselle Keane se ponga demasiado curiosa durante nuestra entrevista; me recuerda por qué me tomo a los periodistas con calma y nunca entro en lo personal con ellos después de mi encuentro con aquella periodista…

Brooke Hansen . Me duele la cabeza al pensar en ella.

Cuando esa reportera asquerosa me engañó para que le diera una entrevista, esperaba simpatía, compasión, pero su extraña curiosidad por ver el tatuaje de prisionera en mi antebrazo izquierdo me dio una sensación diferente.

Para ella yo solo era un monstruo de feria al que observar con la boca abierta.

Me hizo sentir barata, usada, así que fingí no entender cuando me pidió que le enseñara la serie de números.

Jamás lo haré. Eso sería exponer mi alma. Y mi pasado.

El número tatuado en mi brazo izquierdo empieza por una z de zigeuner .

Gitana.

No he olvidado sus preguntas hirientes sobre el tiempo que estuve en los campos.

He tenido un déjà vu cuando he creído verla antes en la multitud, pero he debido de equivocarme. Me he puesto enseguida a hablar con la reportera más cercana para evitarla, pero me he metido en otro jardín peor.

Mademoiselle Keane me ha tocado la fibra al sacar a relucir el perfume Le Courage , pellizcando mi memoria con las palabras que yo misma escribí cuando lo lanzamos de una forma nunca vista.

¿No eras tú así de joven e insolente cuando escalabas peldaños?

¿No te recuerda a ti misma?

Ah, mais oui , claro que sí. Su figura alta y esbelta, esa graciosa inclinación de la cabeza, los dedos largos como los míos, incluso esa sonrisa ladeada y traviesa.

Hacía mucho que no pensaba en aquellos años de juventud en los que mi alma ardía de romanticismo y pasión por Francia…

, cuando quería ayudar a las parisinas a mantener la cabeza erguida y sentirse orgullosas de ser francesas, pese a lo que nos hicieran los alemanes. No debemos olvidar jamás.

Así que asegúrate de que no se olvide. Cuenta tu historia a la chica.

No, no puedo. Soy demasiado vieja para atravesar de nuevo el dolor, la angustia de los años de guerra. Llamaré a la cadena de televisión, le diré que he cambiado de opinión…

¿Y luego qué? ¿Te quedas en ese viejo château compadeciéndote de ti misma?

Es una reportera. No puedo confiar en ella.

Mejor ella que la Hansen esa.

Alors , ¿qué hacer? He pensado escribir unas memorias centradas en los años de la guerra: dejarlo todo por escrito, desde la alegría de amar a un hombre bueno y fuerte hasta los momentos horribles y sádicos que viví a manos de los ocupantes durante la contienda y que aún me roban el sueño.

No podría afrontarlo sola.

¿Me atrevo a correr el riesgo con esta chica?

¿Tengo otra opción? Puedo pasar el resto de mi vida deseando haberme atrevido a abrir viejas heridas… o hacerlo.

En el fondo de mi corazón, siempre he creído que algún día encontraré a la hija que me arrebataron antes de que fuera demasiado tarde.

Un pensamiento caprichoso, pero al que me aferro.

Es mi secreto. Todos, incluso el hombre al que amé durante casi cincuenta años, aceptaron mi versión de que la niña murió en Dachau .

Nunca encontré rastro alguno de ella, aunque lo intenté en secreto.

Quizá al poner por escrito la verdad de mi vida con esta reportera inquisitiva, alguien lo lea y me dé las respuestas que busco.

Sintiéndome más en paz con mi decisión impulsiva, llamo a Henri-Justin y le informo de que mademoiselle Emma Keane nos acompañará de regreso a París.

Le oigo reírse. Piensa que he perdido la cabeza, pero hay algo en esta chica que me pincha el corazón, y me recuerda que tengo asuntos pendientes con mi pasado.

Hace años guardé ese pasado en una urna de cristal que aún está por romper para poder hablar de ello.

Ahora lo haré.

Hasta entonces, he aprendido a abrazar lo que soy: una mujer de cierta edad para la que cuenta más la ilusión que crea con maquillaje y peinado que la realidad de una vida bien vivida.

A partir de mañana dejaré a un lado a la madame pelirroja conocida como Angéline de Cadieux y me reconciliaré con la joven que fui entonces.

Una chica de largo cabello rubio y temperamento de fuego.

Una gitana llamada Tiena.

Espero no arrepentirme.

* Término francés que significa ‘asno’, utilizada para designar a los militares nazis alemanes desde la Primera Guerra Mundial