23. El grupo de WhatsApp
Luna
¿ Q ué demonios tenía en la cabeza para haber invitado a Eliot a seguirme y terminar practicando sexo oral en la boda de mi hermana? Serrín, eso era de lo que la tenía llena. Y es que ni siquiera podía echarle la culpa al alcohol porque apenas había bebido.
Lo peor de todo era que no estaba segura de sentir arrepentimiento, pero sí un poco de vergüenza. No por lo que había hecho, sino por arrastrar a Alejandro y a Noelia a aquella situación, para terminar liándome con Eliot a escondidas.
Así que me comporté como una cobarde y utilicé a Alejandro de parapeto el resto de la boda para evitar tener que enfrentarme a Eliot y a lo que habíamos hecho.
Por suerte, él se marchó —desconocía dónde— y cuando regresó ya habíamos terminado de comer, por lo que no tuvimos que volver a sentarnos juntos.
Me dio la sensación de que si fue tan fácil no cruzarme con Eliot se debió a que él tampoco estaba muy por la labor de querer hacerlo, ya que en la boda no había tantos invitados.
Lo importante fue que conseguí disimular bastante bien. Que mi hermana se lo pasó genial y que su boda estuvo de diez. Todo aquello pensaba cuando iba en la parte trasera del coche de Alejandro.
—Muchas gracias por todo —agradecí otra vez.
—No ha sido nada —respondió él clavando los ojos en Noelia, que iba en el asiento del copiloto.
—Por cierto, ahora que estamos solos, ¿qué ha sido esa estampida que habéis hecho durante la comida? —preguntó Noelia girándose hacia mí y alzando las cejas.
—¿De verdad quieres que te responda a eso? Solo tenías que ver la cara que traían los dos al volver para percatarte de lo que habían estado haciendo —bromeó Alejandro.
«¿En serio resultó tan evidente?», pensé. Y yo creyendo que habíamos logrado pasar desapercibidos.
—No, si yo eso lo tenía claro. Solo quería saber cómo estaba Luna y si debía preocuparme por algo. —Noelia ya no sonreía.
—Estoy bien —afirmé, guardándome para mí que estaba bien más o menos. Quería llegar a casa, meterme en la cama y analizar lo ocurrido.
Necesitaba entender qué me había llevado a tontear del modo en el que lo hice con Eliot y cómo fui capaz de levantarme de aquella mesa y esperar —más bien desear— que él viniera tras de mí.
Y qué leches me había ocurrido para no poder poner fin a aquella situación, a pesar de que ni era el momento ni el lugar adecuado para que ocurriera nada entre nosotros.
¡Joder!, si es que fui yo misma la que se había inventado una relación con Alejandro para no tener que interactuar con él y… voy y…
Menos de tres minutos, eso fue lo que tardé en correrme en su boca. No podía sacarme aquello de la cabeza. Me tapé la cara con las manos e hice un ruidito de fastidio. No porque me hubiera costado tan poco, sino por la persona con la que decidí compartir ese orgasmo.
—Eso no ha sonado muy bien —dijo Alejandro.
—Déjala tranquila, imagino que tendrá que asimilar muchas cosas. Como, por ejemplo, que Eliot no le es tan indiferente como quiere hacer ver —continuó Noelia.
Yo solo deseaba salir de allí, dejar de estar encerrada en un coche con ellos, pues lo último que necesitaba era a aquellos dos entrando en debate sobre mis sentimientos por Eliot.
—A ver, que se ha largado en medio de la boda de su hermana, a hacer… todos sabemos el qué, con él, aun estando yo allí, que se supone que era su pareja. Eso es muy fuerte incluso para ti, Luna.
—¿Podéis hablar de vuestras cosas y dejarme un ratito en paz, por favor? —supliqué.
Pero no tuve suerte, porque se pasaron el resto del trayecto de vuelta a nuestra casa cotorreando de mí y de Eliot.
Cuando, por fin, me metí en mi cama suspiré aliviada.
E intenté hacer lo que hacía siempre que una situación me sobrepasaba, le quité hierro.
Probablemente le estaba dando más importancia de la que en realidad tenía.
Era casi seguro que Eliot no volvería a tocar el tema y aquel escarceo se borraría de su mente antes de que coincidiéramos de nuevo.
Ni siquiera nos habíamos acostado, solo había sido sexo oral —del bueno—, pero no pasamos de ahí.
Eliot no le dedicaría ni un solo pensamiento.
Es más, era posible que hubiera terminado la noche con mi prima Marga, que se había pasado toda la boda detrás de él.
Obvié lo que ese pensamiento me hizo sentir y me centré en continuar con mi disertación.
Sin embargo, el sonido de mi móvil detuvo mis planes y me giré para cogerlo.
Toda esperanza de que fuera él se vio frustrada cuando leí el mensaje que había enviado mi padre al grupo familiar.
Papá:
Ya va siendo hora de añadir al nuevo miembro de la familia a este grupo, ¿no creéis?
Luz:
Pues no sé, papá, eras tú el que no quería hacerlo hasta que no estuviéramos casados, que ya me dirás qué tontería más grande.
Papá:
Solo era por presionar un poco al chaval, hija.
Mamá:
Luz, ¿qué haces con el móvil en tu noche de bodas?
Luz:
Acabamos de terminar de bailar y vamos de camino a casa.
Mamá:
Tened cuidado.
Yo:
Tampoco tanto, que quiero ser tía pronto.
Mamá:
¡No me refería a eso! Quería decir que tuvieran cuidado con el coche.
Yo:
Te hemos entendido, mamá. Era broma.
Papá:
Hala, pues ya está añadido.
Aarón:
Gracias por el privilegio de dejarme formar parte de este grupo.
Hasta yo podía notar el sarcasmo en aquella frase.
Mamá:
¡¿Pero tú no estás conduciendo?!
Luz:
Mamá, acabamos de llegar a casa.
Mamá:
Bueno, entonces os dejamos.
Aarón:
No, antes me gustaría preguntarle a mi cuñadita si se lo ha pasado bien en nuestra boda.
¡Menudo cabrón! Había sido muy mala idea añadirlo a aquel grupo.
Yo:
Déjame tranquila y dedícate a hacerle una hija a mi hermana.
Aarón:
Tiene que ser niña, ¿verdad?
Yo:
Hombre, y más te vale que se parezca a Luz.
Aarón:
Me acabo de marear. No había pensado en eso.
Me encantó ser yo por una vez quien se lo hubiera hecho pasar mal.
Papá:
¿Por qué ha preguntado Aarón si te lo habías pasado bien en la boda? ¿Ha ocurrido algo que debamos saber?
Aarón:
JA, JA, JA, JA.
No, definitivamente había sido una idea de mierda meter a mi cuñado ahí.
Yo:
Nada, papá, lo he pasado genial.
Aarón:
¡Eso seguro!
Luz:
Tranquila, Luna, le acabo de quitar el móvil.
Yo:
Gracias.
Papá:
No me entero de nada, creo que me estoy perdiendo algo importante.
Mamá:
Antonio, cuando quieran explicárnoslo, ya lo harán.
Yo:
¿Pero vosotros dos no estáis juntos?
Pregunté, pues me parecía de lo más extraño que hablaran por el móvil estando en la misma casa.
Mamá:
Sí, pero quería que quedara constancia de mi comentario.
Yo:
No hay nada que contar. Y dejad de centraros en mí, que hoy es el día de Luz.
Mamá:
Ha sido una boda preciosa, cariño.
Menos mal que a partir de aquel momento la conversación se centró en mi hermana y se olvidaron de mí. O eso creía yo hasta que mi padre me mandó un wasap por privado.
Papá:
Ya te dije que Eliot me gustaba.
Joder, y yo pensando que habíamos sido discretos y resultaba que se había enterado todo el mundo.
Yo:
Yo en tu lugar no me haría ilusiones.
Papá:
Hagas lo que hagas estará bien. Buenas noches, hija.
Yo:
Buenas noches, papá.
Y con aquellas tranquilizadoras palabras de mi padre logré quedarme dormida.
Durante el día siguiente me dediqué a dormitar y a ir del sofá a la cama.
Debería ponerme una televisión en mi cuarto, pues Noelia y Alejandro acaparaban la del salón y, por más que me insistieran en que yo podía poner lo que quisiera, sabía que a ellos no les gustaban el mismo tipo de películas que a mí, así que prefería encerrarme en mi habitación a leer un poco.
Una de las veces que salí de ella, me encontré un panorama con el que no pude hacer más que sonreír.
—¡Ya era hora! —exclamé apoyada en el quicio de la puerta, lo que hizo que se sobresaltaran.
—Joder, Luna, ¡qué susto!
—Eso os pasa por liaros en el sofá. Tenéis una habitación a unos metros.
—Eres tan bruta… —murmuró Noelia.
—Lo siento, no sabía que tenía que ser delicada. Después del tiempo que lleváis mareando la perdiz, estoy segura de que lo de la habitación es urgente.
Alejandro intentó disimular una carcajada y Noelia sonrió.
—Yo voy a por algo de comer y prometo no salir de mi cuarto en unas horas.
Y eso fue exactamente lo que hice.
Por la mañana me llegó un wasap de Patricia para ver si podía acercarme a la editorial. La habían dejado a ella al mando mientras mi hermana y Aarón estaban de luna de miel.
Llegué a Letras unos minutos antes de la hora y mientras subía en el ascensor rezaba a las diosas para no encontrarme con Eliot.
Pero supongo que las diosas tenían otras cosas más importantes que hacer, pues me topé con él en cuanto llegué a las oficinas.
Estaba sentado frente a su ordenador y durante unos pocos segundos pude contemplarlo sin que me viera.
«La verdad es que es guapo de cojones», pensé.
Caminé hacia el despacho de Patricia, sabiendo que debía pasar cerca de Eliot y sin dejar de pensar que no había vuelto a saber nada de él desde el sábado, apenas hacía dos días, pero es que después de lo que habíamos compartido creí que me enviaría aunque fuera un escueto mensaje. Pero no.
—Hola, Luna —me saludó casi sin levantar los ojos de lo que estaba haciendo.
—Hola, Eliot —respondí sin detenerme. Solo lo hice cuando al pasar junto a él me agarró la mano.
—Creo que tenemos que hablar.
Aquellas palabras me sonaron igual de mal que al resto de la humanidad y casi sin querer me puse a la defensiva.
—Pues yo creo que no hay nada de lo que hablar.
—Luna… —Su voz sonó a advertencia.
—Eliot, ni siquiera llegamos a acostarnos y… —No me dejó terminar la frase.
—¿Crees que lo que hicimos fue menos íntimo que si hubiéramos follado?
—Lo que intento decir… —Volvió a interrumpirme.
—Ya sé lo que intentas decirme y no quiero que lo hagas. Terminamos practicando sexo oral en la boda de tu hermana, con tu pareja presente. Yo creo que sí tenemos algo de lo que hablar —susurró para que nadie lo oyera.
—Voy a ver a Patricia, ¿nos tomamos un café cuando salga? —cedí.
—Vale.
La reunión con Patricia fue un poco desastre, no por lo que me dijo, que fue todo bueno, pues la novela parecía que cada vez funcionaba mejor, sino porque yo tenía todos los sentidos puestos en la conversación que iba a mantener después con Eliot.
Ni siquiera sabía cómo enfocarla porque no tenía ni idea de lo que quería decirme él.
—Luna, ¿has oído lo que te he dicho? —preguntó Patricia, y yo me puse roja, pues no me había enterado de nada.
—Lo siento, me he despistado. —Estaba en Babia desde que Eliot me había dicho que quería hablar conmigo.
—Luna, acabo de decirte que vamos a traducir tu novela al inglés y al italiano.
—¡¡¿Qué?!!
A partir de aquel momento, Patricia tuvo toda mi atención.