Capítulo 40 #3
—Me sentí herida, por decirlo menos —susurró despacio—.
Además de usada, rechazada, desechada… Pero creo que lo peor de todo fue que me sentí engañada.
Sentí que todo el asunto de abrir la relación e invitar a esta persona no fue más que una excusa, una salida para no ser sincera y no decirme de frente que ya no quería nada conmigo.
O una manera de echarme la culpa a mí de que lo nuestro no hubiera funcionado.
Así que, cuando Jaime me dijo todo eso, de que me estabas ocultando cosas y que en realidad tenías algo con otra mujer…
Bueno, digamos que no fui capaz de ser del todo objetiva y fue como regresar una vez más a aquellos días.
Ruby alzó su mirada de nuevo hacia su visitante, clavándola directo en ella.
Nicole fue transportada a ese lugar y momento, tras haberse sumido por completo en lo que Ruby le narraba.
Pero ahora había vuelto con una comprensión mayor de Ruby, por lo que había pasado, y de lo mucho que sus acciones la habían afectado sin que se diera cuenta.
—Así que, por favor, sé completamente honesta conmigo, Nicole —soltó Ruby con seriedad—. No me engañes ni me mientas.
—No lo hago —contestó Nicole sin vacilación—. Todo lo que dije ayer fue sincero, de verdad.
—¿En serio? —masculló Ruby con desconfianza—. Entonces dime: ¿te acuestas o no con esa mujer?
—Lo hacía —murmuró Nicole con pesar—. Ella…
Giselle… fue mi primera vez con otra mujer.
La conocí cuando llegué a Nueva Scintia, y, desde el principio, me sentí cautivada por ella y muy atraída.
Yo estaba muy confundida por esto, pues nunca había sentido algo parecido antes.
Pero ella me mostró y enseñó cosas sobre mí misma que no había ni imaginado.
Todo era nuevo y excitante, y, en algún momento, creo que me dejé jalar por todo eso, sin pensarlo demasiado.
Pero, ahora mismo, esa emoción que sentí con ella ya no me es suficiente.
Giselle tiene su forma de vivir y no le interesa comprometerse, pero yo sí lo deseo.
Quiero tener a una persona a mi lado, a la que yo le sea suficiente.
Ruby soltó en ese momento una risilla irónica.
—¿Entonces soy el plato de segunda mesa? —masculló con ligera molestia, cruzándose de brazos—. ¿Quieres estar conmigo solo porque ella no lo quiso?
—No. No es así —se apresuró Nicole a aclarar. Extendió entonces una mano por la superficie del escritorio hacia ella, como si deseara tocarla; pero, en su lugar, la dejó ahí, sobre la mesa, con su palma extendida hacia ella, ofreciéndosela.
Ruby solo la contempló en silencio.
—Giselle ya no me interesa. Tú sí. No puedo borrar las cosas que hice o viví con ella, así como, de seguro, tú no puedes hacer lo mismo con lo que pasó con tu ex.
Pero si acaso me das una oportunidad, creo que, entre las dos, podemos intentar ver hacia delante, no hacia atrás.
Me gustas en serio, y en verdad quiero estar contigo. Solo contigo.
—Yo… —titubeó Ruby, desviando su rostro hacia otro lado—. Tú también me gustas, pero… no lo sé. En verdad no quiero volver a ser lastimada de esa forma.
—No lo haré —declaró Nicole, con total confianza y firmeza en su voz—.
Yo nunca te haría algo como lo que esa chica te hizo.
No puedo prometerte que no tendremos discusiones o problemas.
Dios sabe que no puedo alejarme de ellos mucho tiempo.
Pero sí te prometo ser sincera con todo lo que siento, todo el tiempo.
—¿Y esa mujer? —susurró Ruby, sin mirarla—. La tal Giselle. ¿En verdad ya no hay nada entre ella y tú? Es tu vecina… Siempre estará ahí, rondando.
Nicole guardó silencio y pareció dudar unos momentos. Sin embargo, de inmediato se forzó a recobrar su convicción:
—No te mentiré: es poco probable que alguna de las dos se mude pronto.
Así que sí, ella estará siempre cerca. Quisiera que fuera algo en mi control, pero no es así.
Lo único que puedo hacer es asegurarte que entre ella y yo ya no hay nada.
Yo… dudo que incluso sigamos siendo amigas luego de lo de anoche.
Así que, de aquí en adelante, intentaré evitarla lo más que pueda.
—No tienes que tomarte tales molestias por mí —indicó Ruby con sequedad, aunque Nicole percibió que lo decía más por compromiso que porque en verdad lo sintiera.
—Es lo mínimo que puedo hacer. Por favor, dame al menos la oportunidad de demostrarte que soy sincera.
Ruby volvió su mirada hacia el escritorio.
La mano de Nicole seguía extendida sobre este, aguardando a que se decidiera a tomarla.
Por un momento, la decisión que tomaría resultó difusa, incluso para ella misma.
Al final, para asombro y alegría de la interna, Ruby extendió su mano hacia la suya, tomándola con delicadeza y calidez entre sus dedos.
—Dios, me voy a arrepentir en serio de esto —soltó Ruby entre risas, como un pensamiento al aire.
—No lo harás —declaró Nicole, estrechando su mano con un poco más de fuerza—. Te lo prometo.
Ruby se volteó por completo a mirar, y le sonrió.
—De verdad no me resisto a las caras bonitas…