La chica del otro balcón Capítulo 40 #2
94%

Capítulo 40 #2

Como en las ocasiones pasadas, Nicole encontró a Ruby escondida detrás de sus monitores, con sus cabellos rosados asomándose por encima de estos.

Si bien Nicole se había acostumbrado a entrar a aquel sitio con completa confianza, e incluso con un permiso implícito, en ese momento temía incluso dar un paso de más hacia el interior, por lo que permaneció de pie en el marco, inmóvil.

Ruby, como otras veces, no notó su presencia, pues sus ojos estaban puestos en sus pantallas, y, sus oídos, en la música que salía de sus audífonos.

Parecía que se le estuviera dando una última oportunidad de dar media vuelta e irse, pero Nicole se resistió a esa idea. Respiró hondo, tomó aplomo y llamó con sus nudillos a la puerta abierta, haciendo que el sonido de la madera resonara en el pequeño despacho.

—Toc, toc… —susurró, además, como un tímido saludo.

Los ojos oscuros de Ruby se asomaron al fin desde atrás de los monitores, pero estos no reflejaron nada cercano al júbilo al ver a la persona de pie en su puerta.

—¿Esta es tu idea de darme espacio? —cuestionó con severidad, retirándose sus audífonos.

—Lo siento —masculló Nicole, agachando su mirada avergonzada—. Me iré enseguida…

Se dispuso a girarse e irse, como había dicho, pero no logró dar siquiera un paso.

—Aguarda —escuchó a Ruby pronunciar con fuerza desde su lugar, obligándola a detenerse y girarse de nuevo hacia ella—. ¿Puedes entrar y cerrar la puerta?

Nicole hizo lo que le pedía sin siquiera pensarlo.

—Siéntate, por favor —le pidió Ruby, con un tono más calmado.

Nicole de nuevo obedeció y se aproximó apresurada hacia la silla delante del escritorio, y se sentó derecha y con el rostro en alto, como si estuviera en una entrevista o a punto de comenzar un examen.

Ruby deslizó su silla hasta posicionarla delante de su visitante.

Sin embargo, en lugar de mirarla, pareció más interesada en acomodar algunos expedientes y folios que se encontraban sobre el escritorio.

—Me pareció escuchar un ajetreo hace rato —mencionó de pronto.

—Ah, sí —asintió Nicole—. Es por la nota de Jaime. La publicaron hoy y, al parecer, está siendo todo un éxito.

—Me alegro por él —comentó Ruby con tono ausente.

Ambas permanecieron en silencio unos momentos, mientras Ruby terminaba de acomodar todo y lo colocaba hacia un lado. Nicole aguardó, intentando mantener la calma y no dejar en evidencia que cada segundo que pasaba alteraba aún más sus emociones a flor de piel.

—Estuve toda la noche pensando en lo de ayer —masculló Ruby en voz baja.

Nicole se puso tensa y en alerta.

—Y, en serio, toda la noche. Creo que apenas pude cerrar los ojos un par de horas.

—Yo igual —comentó Nicole con lamento en su voz.

—Y, bueno… —susurró Ruby, volteándose al fin por completo hacia ella y alzando su mirada, encarándola—. Creo que, de entrada, te debo una disculpa.

—¿Qué? —exclamó Nicole, claramente confundida—. No, claro que no. Yo soy la que actuó mal.

—No te discutiré eso —respondió Ruby con aspereza—.

Aun así, estoy dispuesta a aceptar que, quizás, mi reacción pudo ser un poco…

exagerada. Después de todo, tú y yo no estamos saliendo; no de forma oficial, exactamente.

Creo que, en el punto en el que nos encontrábamos, no era el correcto para hacerte el tipo de desplante que hice anoche.

Además, actué mal desde antes de eso. Cuando Jaime me contó lo de esa mujer y tú, debí haber sido directa contigo y preguntártelo de frente, en especial en el momento en el que nos invitó a esa cena.

Ahora, con la cabeza más despejada, puedo verlo con claridad, pero anoche me fue prácticamente imposible. Es que…

Hizo una pausa. Alzó su mirada hacia el techo y colocó ambas manos detrás de su nuca, comenzando a pasar sus dedos por ella como si intentara amortiguar un dolor repentino.

—No voy a intentar justificarme… o quizás sí, un poco. Pero la verdad es que lo que Jaime me dijo disparó ciertos… miedos pasados en mí.

—¿Miedos? —masculló Nicole, un tanto perpleja.

—¿Recuerdas que te conté de mi última relación seria que terminó mal?

Nicole asintió. Ruby lo había comentado en su balcón mientras cenaban, cuando ella le había contado, además, de Derek.

Una sonrisita melancólica se dibujó en los labios de Ruby, mientras su mirada estaba fija hacia un lado.

—Todo era grandioso al inicio —comenzó a contarle—.

Ella era una chica extraordinaria, inteligente, hermosa…

Yo en serio creía estar enamorada de ella, y pensé que ella sentía lo mismo —soltó de pronto un pesado suspiro, que se sintió casi doloroso—.

Pero, al parecer, en algún momento del que yo ni siquiera me enteré, ella comenzó a «aburrirse» de lo que teníamos.

No usó esas palabras, pero así se sintió cuando al fin me lo dijo.

Lo gracioso es que, hasta ese momento, yo pensaba que estábamos totalmente bien…

Como sea, yo sugerí que habláramos más al respecto, que viajáramos a algún sitio para romper un poco la rutina, o, incluso, ir a terapia de pareja.

Pero ella no estaba interesada en que le compartiera soluciones, pues ya tenía una idea muy clara: invitar a una tercera persona a la cama para «reavivar la pasión»… o cómo sea que se llame eso.

Nicole se sobresaltó al escuchar aquello. Su boca se abrió un poco, con la intención de decir algo, pero no pudo pensar en nada que decir al respecto. Ni siquiera estaba segura de comprenderlo del todo.

—Yo… no quería hacer tal cosa —prosiguió Ruby, sintiendo dolor en su voz—.

Me parecía algo raro, incorrecto, incómodo.

Yo solo quería estar con ella, no con una completa extraña.

Pero tuvo más peso en mí el miedo de perderla, así que acepté su propuesta.

Y no tardó mucho en conseguirse a esta otra chica, lo que, en retrospectiva, me hace pensar que quizás ya llevaba tiempo viéndola a mis espaldas, aunque no tenga cómo probarlo.

El caso es que una noche la llevó a nuestro departamento, nos presentó, y las tres comenzamos a…

Su voz se cortó, como si las palabras que no logró pronunciar, de alguna forma, le rasparan la garganta y le imposibilitaran hablar. Se tomó un momento antes de continuar:

—La cosa, al parecer, era más en serio que solo el sexo, pues, cuando menos lo pensé, ella ya vivía con nosotras de tiempo completo.

Y cuando le dije a mi pareja lo mucho que eso me incomodaba, bueno…

eso no resultó bien. Unas semanas luego de eso, me enteré de que ya no era bienvenida en la cama con ellas, y, poco después, tampoco lo fui a nuestro departamento. Y ahí terminó todo…

Ruby guardó silencio, su mirada perdida en un rincón de su oficina y su rostro petrificado en una expresión fría y ausente. No era la expresión de alguien a quien ya no le duele, sino de quien ha vivido lo suficiente con dicho dolor para estar casi acostumbrado a él.