La chica del otro balcón Capítulo 39 #2
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Capítulo 39 #2

Bien, eso ya había sido suficiente. Ruby no quería (ni tampoco tenía) que seguir escuchando cualquier otra palabra que saliera de la boca de esa mujer.

Solamente su propio pudor y autocontrol eran los que le impedían abofetearla en ese momento, o, mejor aún, darle un merecido puñetazo en su naricita.

En su lugar, se puso de pie de forma abrupta, tomó su teléfono y, sin decir palabra alguna, se giró en dirección a la puerta, comenzando a caminar, presurosa, hacia ella.

Para ese momento, Nicole ya regresaba del baño. De hecho, ya estaba lo suficientemente cerca para ver cuando Ruby se paraba y se iba de la mesa. Y, por la forma en la que se había levantado y caminaba, sería claro para cualquiera que estaba molesta, por no decir furiosa.

—¿Ruby? —pronunció Nicole con fuerza, aproximándose a la mesa para llamar su atención.

Su compañera, sin embargo, no se detuvo y siguió derecha en su huida.

—¡Ruby!, ¡¿a dónde vas?! ¿Qué pasó? —cuestionó alarmada, girándose hacia Giselle—. ¿Qué le dijiste?

—Nada fuera de lo normal —respondió la pelinegra, encogiéndose de hombros—. No sé por qué reaccionó así.

Nicole supo de inmediato que Giselle no le estaba diciendo la verdad; o, al menos, no por completo. Pero no tenía tiempo para cuestionarle más, y en su lugar se giró hacia donde Ruby se había ido, apresurándose para alcanzarla.

Giselle, por su parte, permaneció en su silla con evidente calma. Incluso, parecía complacida…

—Gabriel —murmuró, alzando una mano para llamar la atención de su mesero—. ¿Me traes media copa de vino blanco? Gracias…

Cuando Nicole salió del restaurante, se encontró con Ruby de pie, a mitad de la acera, mirando perdida al frente, como si ponderara en qué dirección caminar o qué hacer con exactitud a continuación. Ese momento de vacilación fue lo que le permitió aproximársele antes de que se alejara demasiado.

—Ruby, espera, por favor… —pronunció Nicole, respirando con agitación debido a la pequeña carrera que acababa de tener que emprender.

Extendió su mano hacia Ruby para tomarla del hombro, pero, en cuanto sintió su tacto, ella se giró de golpe, haciendo su mano a un lado con algo de agresividad.

Al girarse, además, Nicole pudo ver sus ojos, cubiertos de ira…

pero también humedecidos por lágrimas que amenazaban con desbordarse en cualquier instante.

—¿Para eso fue todo esto? —exclamó Ruby con severidad, pero moderando su tono aún—. ¿Para eso me invitaste a salir? ¿Estaban buscando a alguien que se les uniera en su «trío»?

—¿Qué? —exclamó Nicole, azorada—. No, claro que no. No sé qué te dijo Giselle, pero las cosas no son así.

—¿Ah, no? —profirió Ruby, aprensiva—. Porque me dijo que tienes sexo con ella, incluso hasta ahora. Que ayer, justo después de nuestra cena, te hubieras acostado con ella de no haber estado tan cansada. ¿Eso es mentira?

Nicole abrió la boca para responder, pero, al inicio, ninguna palabra surgió de ella. Balbuceó un poco, antes de poder ser capaz de darle forma a cualquier frase coherente, aunque esta no fuera, en realidad, una tan convincente como le hubiera gustado:

—No fue exactamente… así… Yo…

—¿Y tampoco te me acercaste solo porque ella te dijo que lo hicieras? ¿Que buscaras a otra chica con la cual pudieras «experimentar»?

—Por favor, déjame explicarte…

—¡No quiero que me expliques nada! —espetó Ruby, olvidando de una vez la moderación.

Su exabrupto llamó la atención de algunos transeúntes, pero la mayoría siguió de largo, a lo mucho observando de reojo la escena.

—Solo contéstame una cosa: ¿qué maldita relación tienes con esa mujer en realidad?

De nuevo, la respuesta inmediata fue silencio.

Los ojos de Nicole reflejaban absoluta confusión, incluso miedo.

Intentó, y en serio lo intentó, ir a lo más profundo de su propia mente y buscar la respuesta correcta a ese cuestionamiento.

Y, a pesar de todo su esfuerzo, lo único que fue capaz de decir fue:

—No lo sé… Yo… en verdad no lo sé…

Ruby resopló y soltó una risa irónica al aire.

—Vaya porquería de respuesta —masculló despacio, como un pensamiento en voz alta.

Acercó su mano derecha a sus ojos, apurándose a tallárselos, quizás con más brusquedad de la debida—.

No puedo creer que esto me haya pasado otra vez.

¡Otra vez! Debí haber escuchado la advertencia de Jaime, así me hubiera evitado todo este… desastre…

—¿Jaime? —exclamó Nicole, exaltada—. ¿Qué tiene que ver Jaime? ¿Qué te dijo?

—¡¿Eso qué importa ahora?! —le respondió con brusquedad, pero ella misma pareció darse cuenta de esto, por lo que se forzó a respirar hondo e intentar encontrar la mayor serenidad que le fuera posible—.

Escucha —pronunció con relativa calma—: si eres de las que tiene relaciones abiertas, sin compromisos, tríos, cuartetos y todo eso, está perfecto, ¿bien?

Pero yo ya tuve una de esas relaciones, y, definitivamente, no es lo que estoy buscando en estos momentos.

Así que mejor dejemos las cosas hasta aquí, ¿está bien?

Se giró en ese momento con la intención de alejarse caminando, pero Nicole se apresuró a ponerse delante de ella y cortarle el paso.

—¡Yo tampoco! —espetó con fuerza, intentando encararla, aunque Ruby se esforzaba por mirar a otro lado y no verla—.

Eso tampoco es lo que yo estoy buscando, de verdad.

Todo lo que te dije anoche es cierto. Esta semana que hemos pasado juntas ha sido maravillosa.

En serio me gustas, y en verdad me gustaría intentar algo contigo.

Algo de verdad. Dame una oportunidad de demostrártelo, por favor.

Ruby se abrazó a sí misma, temblando, y se mordió ligeramente su labio.

Era posible que estuviera en verdad intentando evitar soltarse a llorar.

Permaneció callada y quieta unos instantes, mientras Nicole esperaba, expectante, su respuesta.

Esta no llegó, y, en su lugar, Ruby caminó presurosa, sacándole la vuelta y avanzando en la dirección que ya había elegido.

—Ruby… —imploró Nicole con dolor en la voz, y pareció querer seguirla.

—No —pronunció Ruby rápidamente, girándose hacia ella y extendiendo una mano hacia ella—. No me sigas. Dame un poco de espacio, por favor. Iré por Lirio a tu edificio, y, luego, me iré a casa. Yo… necesito tiempo para digerir todo esto.

—Está bien. Lo entiendo —asintió Nicole, y, cumpliendo sus palabras, se quedó de pie en su sitio una vez que Ruby reanudó su marcha—. ¡Te estaré esperando para lo que necesites!

Ruby no se volvió a mirarla en ningún instante mientras se perdía entre la multitud y la oscuridad de la noche.

La mente de Nicole daba vueltas. Se sentía casi fuera de su cuerpo, incrédula de que algo de lo ocurrido hubiera sido real.

Ni siquiera se dio cuenta en qué momento sus piernas comenzaron a andar por sí solas de regreso al restaurante.

Solo fue consciente de en dónde estaba cuando estuvo ya de pie frente a su mesa y al ver a Giselle aún sentada ahí, con una copa de vino en sus manos, de la que bebía lentamente mientras la contemplaba.

Nicole ni siquiera tenía claro si acaso estaba enojada. Y, si lo estaba, con quién lo estaba en realidad: con Giselle o consigo misma. Todo eso era… demasiado confuso.

Sin decir nada, se sentó en la silla justo delante de su vecina.

—Es una pena que se haya tomado esto tan a pecho —masculló Giselle con bastante tranquilidad, colocando su copa de regreso a la mesa—. Es evidente que no era la persona adecuada. Pero no te preocupes; yo te puedo ayudar a encontrar a alguien más acorde a lo que necesitas.