La chica del otro balcón Capítulo 39 #3
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Capítulo 39 #3

—¿Y cómo sabes tú lo que necesito? —susurró Nicole con sequedad—. ¿Por qué le dijiste todas esas cosas? ¿Querías lastimarla? ¿Querías molestarla?

—Solo le dije la verdad —respondió Giselle, encogiéndose de hombros—. ¿No merecía saber cuáles eran nuestras intenciones?

—¿«Nuestras» intenciones? —exclamó Nicole, casi como si aquello la hubiera ofendido de alguna forma—. Mi relación con Ruby es cosa mía y de ella, no tuya.

—¿Relación? —musitó Giselle, seguida de una pequeña risilla irónica—. ¿De qué estás hablando, Nico? Si solo ibas a buscarte otra chica con la cual divertirte un poco y experimentar, ¿recuerdas?

—No, eso no es cierto —declaró Nicole con súbita firmeza, destanteando un poco a Giselle—.

Eso es lo que «tú» querías, no yo. Mi error quizás fue no ser clara contigo en aquel momento, y por eso…

supongo que debo disculparme. Pero la verdad es que yo no tengo interés en hacer eso que me propones.

Ahora lo tengo muy claro. Y Ruby no es alguien con quien solo quiera divertirme.

Ella es alguien con quien podría tener una relación, una de verdad.

—¿Una de verdad? —repitió Giselle con aspereza. La tranquilidad e indiferencia que había mantenido hasta ese momento se desvanecieron—. ¿Insinúas entonces que lo que hay entre nosotras… no es de verdad?

—Yo… —Nicole vaciló un momento, pero se forzó a recobrar la compostura al instante—.

Tú fuiste honesta desde el inicio; no puedo recriminarte eso.

Solo querías divertirte sin compromiso, y todo este tiempo estuvo bien.

Me bastó y… creo que era lo que necesitaba.

Pero ya no. Ahora quiero algo más, algo que en verdad deseaba poder tener contigo, porque… porque yo…

Nicole bajó su mirada avergonzada. Bajo la mesa, sus dedos apretaban la tela negra de su vestido.

—Porque me gustas. De verdad me gustas —soltó despacio, dejando a Giselle prácticamente sin aire al oírla decirlo—.

Yo… incluso diría que estaba comenzando…

a sentir por ti… —hizo una pausa abrupta.

Supo que no tenía caso en esos momentos decirlo; no ayudaría en nada a la situación—.

Pero ya no importa, porque sé que algo como eso no es posible, ya que tú dejaste muy claro que estás enamorada de una sola persona, y eso nunca va a cambiar.

—No metas a Jessica en esto —exclamó Giselle de forma agresiva, obligando a Nicole a alzar su mirada de nuevo. Sus ojos felinos radiaban una rabia fría y dolorosa, pero Nicole supo que no eran por ella; era por esa chica, por la tal Jessica.

Giselle se sentó derecha en su silla, tomó su copa de vino y, prácticamente, se la empinó toda de un solo trago.

—Entonces, ¿qué es lo que quieres ahora? —soltó, agitando la copa vacía en el aire—. ¿Quieres terminar lo nuestro e ir a jugar a las novias con la chica geek ?

—Esto no es ningún juego, Giselle —respondió Nicole con seriedad—. Y lamento que lo veas de esa forma. Pero… sí, así es. Mientras esté con Ruby, ya no quiero… que nos sigamos viendo como hasta ahora.

—¿Hablas en serio? —cuestionó Giselle con tosquedad.

Nicole se mantuvo firme, mirándola fijamente. Era claro que sí, hablaba muy en serio.

—Entiendo…

Giselle extendió su mano para tomar su bolso y sacar su cartera.

—Aprecio tu honestidad —pronunció con voz estoica mientras rebuscaba y contaba algunos billetes—. Y te aseguro que lo que menos me importa es estar a la fuerza con cualquiera.

Dejó los billetes con brusquedad sobre la mesa, casi azotando esta con su palma, y, justo después, se paró de su silla.

—Giselle… —pronuncio Nicole despacio, queriendo poder decir cualquier otra cosa que no dejara las cosas en tan mal estado.

Sin embargo, Giselle no se lo permitió:

—Ahí está el dinero de la cuenta y la propina, como prometí —indicó con sequedad, colocándose el bolso al hombro y comenzando a andar con rapidez a la puerta.

Sus tacones resonaron con fuerza contra el piso—.

Regresaré sola, y en serio espero que sepas cómo tomar un taxi desde aquí. Buenas noches, Nicole.

—Buenas noches —pronunció ella por mero reflejo, casi sin darse cuenta.

Nicole se quedó ahí sentada, con la mirada agachada, sintiendo cómo se le oprimía el pecho y el aliento se le cortaba. Ahora era ella la que se sentía a punto de soltarse a llorar, por más que se esforzara por evitarlo.

A mitad de su camino, Giselle se detuvo, se giró un momento a mirar de regreso a la mesa, y observó desde ahí la espalda de Nicole, y cómo temblaba ligeramente.

Sintió el fuerte impulso de volver, acercársele, abrazarla por detrás, llenarle su cabeza de besos y decirle que todo estaba bien.

Que a ella también le gustaba, y que, si fuera con ella, podría quizás…

solo quizás intentar darle eso que quería.

Pero no lo hizo. Algo más profundo, más fuerte, más arraigado en el centro de su propia alma le impidió dar aunque fuera un paso en su dirección. En su lugar, la empujó a girarse de regreso a la puerta y seguir huyendo… Huir con rapidez, sin volver a mirar atrás.