Capítulo 39
L a velada fue prosiguiendo con aparente normalidad.
Quizás un poco empujadas por el propio alcohol, las cosas comenzaron a soltarse.
Los nervios y la incomodidad inicial se fueron amortiguando y las chicas (o al menos Nicole y Ruby) empezaron a pasarla bien entre margaritas, temas de conversación, bromas y anécdotas divertidas.
Cuando se encontraban a la mitad de sus platos, y ya al menos dos margaritas y media consumidas, la plática se inclinó un poco más hacia el trabajo de Ruby como encargada del área de sistemas de su empresa, y todo lo que esto involucraba.
Entre una cosa y otra, surgió el tema concreto de cómo funciona la publicidad en internet.
Y, para sorpresa tanto de Nicole como de Giselle, Ruby no tuvo reparo en dar una larga explicación al respecto, aunque sin entrar a un terreno demasiado técnico para que resultara entendible para ellas.
—…y así es como, básicamente, en base a tu comportamiento, búsquedas, publicaciones o videos a los que reaccionas, este algoritmo identifica y predice tus gustos y preferencias. Y por eso te muestra publicidad justo de eso que estabas buscando.
—Cielos —masculló Nicole, impresionada—. Pero ¿entonces los celulares te espían o no?
—¿Te refieres a si oyen lo que dices con el micrófono o si te graban con la cámara sin tu permiso?
—Ruby se encogió de hombros—. No hay pruebas suficientes que lo verifiquen, aunque tampoco que lo nieguen.
Por experiencia te digo que la mayoría de estas empresas no necesitan escuchar tu micrófono.
Tus solas conductas de navegación y búsquedas son suficientes.
Pero, hey, la mayoría del tiempo lo único que quieren es hacer que compres sus productos.
A la mayoría no les importa qué tipo de porno ves, a menos que te puedan vender un producto en base a ello.
—¿Cómo ropa interior, juguetes, o algo así?
—O pantuflas de oso.
—¿Pantuflas de oso? —exclamó Nicole con confusión, aunque, claramente, también divertida—. ¿Qué tipo de porno involucra pantuflas de oso?
—Te falta moverte por los rincones oscuros por los que yo me muevo —respondió Ruby, con un aire misterioso en sus palabras.
Nicole soltó una pequeña carcajada como respuesta, la cual Ruby no tardó en secundar.
Nicole y Ruby realmente parecían llevarse bien, demasiado bien…
Bastante más de lo que Giselle había previsto, en realidad.
De hecho, ambas estaban tan animadas y ensimismadas en su plática que no parecieron percatarse de que, en gran parte de la noche, hasta ese momento, Giselle se había limitado más que nada a solo escuchar, beber de su copa y, a lo mucho, compartir algún comentario esporádico, principalmente cuando le preguntaban o decían algo de forma directa.
Y cuando su comida al fin llegó, se limitó entonces a comer en silencio mientras Ruby daba su charla.
Esa cena de tres se había vuelto justo lo que Giselle había previsto, y se podría decir que hasta planeado que sería: una cena de dos, con una invitada adicional.
Sin embargo, lo que no había imaginado era que esa invitada adicional terminara siendo ella misma…
Y si había algo a lo que no estaba acostumbrada, era a ser hecha de lado de esa forma.
No… eso no era del todo cierto. En realidad, hacía tiempo sí que había estado acostumbrada a ser la tercera persona, la acompañante, la que se quedaba un poco al margen, observando y escuchando mientras la pareja feliz se la pasaba bien entre ellos.
A ser la «amiga» de Jessica y, prácticamente, su chaperona cuando salía con Lucas Mort, su novio.
Pero lo cierto es que no se había vuelto a sentir de esa forma desde que dejó su hogar y llegó a Nueva Scintia. No hasta esa noche, en compañía de Nicole y su «compañera de trabajo». Y, ciertamente, era una sensación que no le agradaba en lo absoluto.
Tras tragar por completo un bocado de su fetuccini , tomó una de las servilletas y se limpió con cuidado la comisura de la boca.
—Bueno, esa ciertamente fue una charla interesante, Ruby —comentó Giselle en voz baja mientras terminaba de limpiar hasta el menor rastro de salsa de pasta de sus labios—. Me hiciste replantearme seriamente lo que publico en mis redes sociales.
—La regla siempre será: no compartas nada de ti en internet que en serio no quieras que la gente conozca —indicó Ruby con una casi exagerada seriedad—. Ni siquiera en tu perfil privado.
—Es un buen consejo —asintió Nicole con entusiasmo.
—Sí, muy bueno —susurró Giselle despacio, con un dejo de sarcasmo que pasó desapercibido para sus dos acompañantes.
Mientras tenía su atención puesta en Ruby, Nicole dirigió a tientas su mano a su margarita.
Su pequeño movimiento distraído hizo que el dorso de su mano golpeara la copa y esta se ladeara hacia la orilla de la mesa, vertiendo un poco de su contenido en el mantel, pero gran parte de este fue a dar a su vestido.
—¡Ay! —exclamó exaltada, parándose de su silla de un salto—. Pero qué desastre acabo de hacer…
Gabriel, el mesero, alertado por el pequeño grito, se acercó rápidamente y se encargó de parar de nuevo la copa y limpiar el mantel.
—Lo lamento —susurró Nicole, apenada.
—No se preocupe. Enseguida lo limpio —le respondió Gabriel con calma.
—Ven. Vamos al baño para limpiarte —propuso Ruby, parándose también de su silla.
—No. No te molestes por mi culpa —masculló Nicole—. Ustedes terminen de comer, por favor. Yo vuelvo enseguida.
Antes de que Ruby pudiera replicarle algo, Nicole tomó su bolso y se dirigió con paso apresurado hacia el baño. Ruby y Giselle observaron cómo se alejaba, hasta que se perdió entre la multitud. Solo entonces Ruby volvió a tomar asiento, quedando frente a frente con Giselle.
Ambas se quedaron totalmente calladas, cada una enfocada en su respectivo plato, mientras Gabriel terminaba de limpiar.
Una vez que el mesero se retiró, dejándolas, ahora sí, completamente solas, fue aún más evidente el aire tenso que las rodeaba.
Ruby intentó convencerse a sí misma de que era bastante normal, considerando que eran dos personas que apenas se acababan de conocer y la amiga que tenían en común se acababa de retirar.
Lo que Ruby menos quería era que Giselle pensara que era grosera, así que decidió hacer el intento de, al menos, sacarle un poco de plática en lo que Nicole regresaba:
—La cena estuvo deliciosa, Giselle —pronunció con tono prudente.
La mujer de cabellos negros alzó su mirada de su plato al oírla, aunque solo lo mínimo necesario.
—Muchas gracias por la invitación, si no lo había dicho ya.
Giselle la contempló callada unos segundos, sin dejar demasiado en evidencia qué le cruzaba por la mente.
De pronto, una apenas apreciable sonrisa se dibujó en sus labios, que, a Ruby, por algún motivo, no le parecía del todo amistosa.
Giselle tomó su servilleta, cuidó de limpiar de nuevo su boca y, entonces, pronunció despacio y con tono (aparentemente) calmado:
—No hay de qué. Yo haría cualquier cosa por Nico, ¿sabes? Y, bueno, confieso que hubo un poco de doble intención al invitarte, pues quería conocerte y asegurarme de que fueras la adecuada.
—¿La adecuada? —masculló Ruby, confundida—. ¿A qué te refieres?
—Para ser la segunda experiencia de Nico, claro —soltó Giselle de pronto, sin el menor miramiento posible, dejando a Ruby aún más ofuscada—.
Déjame explicarme —añadió, apoyando sus brazos en la mesa e inclinando un poco más el cuerpo en su dirección.
Sus ojos azules parecían casi centellear—.
Como ya has de saber, Nico es muy nueva en esto de… Bueno, tener sexo con chicas.
—¿Disculpa?
—Sí. La verdad es que ella no tenía ninguna experiencia al respecto… antes de mí, claro.
Los ojos de Ruby se abrieron grandes; lo más que les era físicamente posible abrirse.
—¿Me estás diciendo acaso que Nicole y tú…? —balbuceó despacio, incapaz de terminar de pronunciar la pregunta.
—¿Qué si nos hemos acostado? —completó Giselle, sin problema alguno—. Varias veces, en realidad. ¿No te lo comentó? Somos «muy» cercanas en ese aspecto. Incluso anoche, luego de que te fuiste, íbamos a hacerlo, ya que estuvimos muchos días separadas, pero las dos estábamos cansadas.
—¿Qué? —espetó Ruby, asomándose los primeros rastros de enojo entre todo el asombro y confusión.
Giselle, sin embargo, no hizo caso de esto y prosiguió, hablándole de la misma forma:
—Pero, bueno, eso no es lo importante ahora.
El caso es que Nico está en estos momentos más de «bicuriosa», como de seguro ya te diste cuenta.
Antes de mí había estado solo con hombres.
¿Te habló de su novio?, ¿el tal Derek? Y supongo que ya sabes lo de Jaime.
Ella me dijo que no está segura si le gustan o no las mujeres, o si soy solo yo la que la atrae.
Así que le sugerí que lo intentara con otra chica, además de mí, y viera qué tal le iba, para que así se asegurara.
Pero, por lo que oí, aún no hacen nada de nada, ¿cierto?
Hizo una pausa, como si quisiera darle la oportunidad a Ruby de realmente darle una respuesta. Por supuesto, esta no lo hizo. De hecho, aunque hubiera querido, para Ruby habría sido imposible pronunciar cualquier palabra. La rabia que le carcomía desde el estómago le cortaba la respiración.
—Bueno. Tómense su tiempo. No hay prisa —prosiguió Giselle con tono despreocupado—. Y, cuando ya se sientan a gusto entre ustedes, pueden invitarme a unirme. No sería el primer trío que hago con Nico, ¿sabes? Aunque definitivamente tú eres mucho más mi tipo que el tal Jaime.