La chica del otro balcón Capítulo 38 #3
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Capítulo 38 #3

Ambas rieron con complicidad, sintiéndose que, ahora, el chiste privado era entre ellas y que Giselle era la que no estaba invitada. Eso resultó un tanto… curioso para ella, pero decidió no darle importancia.

Un rato después, Gabriel se aproximó de nuevo a la mesa. Y, para sorpresa de Nicole, no traía la usual libreta para anotar las órdenes, sino que cargaba una tableta electrónica.

—Señoritas, ¿les ofrezco algo de beber? —preguntó el mesero con cordialidad.

Giselle pasó casi al instante a responderle. La ocasión ameritaba, como casi cualquier otra digna de recordarse para ella, una botella de vino blanco:

—Una botella de…

—Una margarita —pronunciaron Nicole y Ruby al mismo tiempo, en perfecta sincronía, tomando por sorpresa a Giselle, y, de paso, a ellas mismas. Se miraron la una a la otra, y se rieron divertidas.

—Dos margaritas, por favor —pidió Nicole, tomando ella directamente la palabra por su cuenta.

—No sabía que te gustaban las… margaritas —masculló Giselle en voz baja, observando fijamente a Nicole.

—Ruby me llevó a un restaurante hace días y ahí las probé, y me gustaron.

—Ah, entiendo… —susurró Giselle despacio, con un sentimiento difícil de descifrar acompañando sus palabras.

—¿Y para usted? —escuchó que Gabriel le preguntaba, jalando de nuevo su atención.

Giselle vaciló un momento, y, luego, respondió despreocupada:

—También una margarita, ¿por qué no? Y de comer tráeme el fetuccini con camarones y vino blanco, ¿sí?

—Para mí el hígado encebollado —añadió Nicole.

—Y yo el pato a la naranja —le siguió Ruby.

Gabriel presionó rápidamente la pantalla de su tableta, tomando en cuestión de segundos su orden completa.

—Enseguida se los traigo —indicó con una sonrisa, y pasó al instante a retirar los menús para, luego, alejarse caminando.

—Así que… —murmuró Giselle de forma divagante, casi como si en verdad no estuviera hablándole a nadie en específico—. ¿Han estado saliendo a restaurantes mientras no estaba?

—Solo a un par —respondió Nicole, encogiéndose de hombros.

—Y no a uno como este, definitivamente —secundó Ruby—. Lo de las margaritas fue en uno de tacos, que se llama El Valiente Bob , por la estación Alianza. ¿Lo conoce?

—No me suena —respondió Giselle con ligera sequedad.

—Estaba delicioso —exclamó Nicole, entusiasmada—. Me comí cuatro tacos.

—Fueron seis —le corrigió Ruby, provocando que las mejillas de Nicole se pusieran muy rojas.

—Bueno, pero de todas formas sigo prefiriendo el Game Bar .

—Pero si la comida ahí no es la gran cosa.

—No, pero fue muy divertido jugar con todos tus amigos el otro día.

—Te volveré a invitar la siguiente vez.

—¿Crees que esté bien?

—Claro. Ya eres parte del aquelarre, ¿no lo sabes?

Y, de nuevo, ambas rieron, totalmente sumidas en su pequeña plática, mientras Giselle las observaba en silencio desde su silla, al frente.

—¿ Game Bar ? —pronunció despacio, carraspeando un poco para llamar su atención.

—Es un sitio en donde puedes rentar diferentes juegos de mesa, y beber y comer mientras juegas —le explicó Nicole con evidente entusiasmo.

—¿Jugar juegos de mesa mientras comes? —masculló Giselle, claramente escéptica—. No logro imaginarme cómo sería eso.

—Si quieres, puedes venir con nosotras la siguiente vez —propuso Ruby.

Giselle vaciló un poco al responder, y, antes de que pudiera decir algo, Nicole se le adelantó:

—Oh, no. No creo que a Giselle le interese.

—¿Ah, no? —murmuró Giselle, con voz afilada.

—Bueno, es solo que… —balbuceó Nicole, un tanto insegura—. Solo no creo que sea… tu estilo…

Giselle permaneció en silencio como respuesta inmediata a aquellas palabras, su rostro congelado en una expresión indescifrable y sus ojos fijos en Nicole; quizás demasiado fijos.

El ambiente se tornó de pronto ligeramente pesado, e incluso Ruby se volvió consciente de ello.

—Bueno, tú tampoco sabías si te gustaría hasta que lo intentaste, Nicole —intervino Ruby, intentando aligerar un poco las cosas.

—No. Ella tiene razón —murmuró Giselle de pronto, agitando una mano en el aire, indicando que aquello no tenía importancia—. No me gustan particularmente los juegos de mesa. Y un lugar donde comes mientras juegas… no suena a mi… estilo…

Esbozó entonces una amplia sonrisa despreocupada y confiada, muy parecida a aquellas que solían estar presentes en ella. Aunque había algo un poco diferente en esa ocasión. Nicole no sabría decir en esos momentos qué era, pero lo sabía.

Gabriel llegó con las tres margaritas, colocándolas delante de cada una de ellas.

—Gracias, Gabriel —masculló Giselle despacio, sin mirarlo. Tomó entonces su copa y la aproximó a sus labios, dando un largo trago de esta sin siquiera pestañear—. No está mal…

Colocó la copa de nuevo en la mesa, y, entonces, inclinó un poco su cuerpo al frente, apoyando su rostro entre sus manos y fijando sus profundos ojos directo en Ruby. Similar a la noche anterior, tener esa intensa mirada sobre ella resultó un poco intimidante para la jefa de sistemas.

—Y bien, Ruby —pronunció Giselle despacio, con voz juguetona—, ¿por qué no me cuentas más sobre ti…?