La chica del otro balcón Capítulo 37 #2
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Capítulo 37 #2

—¿En serio quieres ir? —le preguntó con moderación a Ruby—. No te sientas obligada a aceptar su invitación. Después de todo, no la conoces y… eso…

—Dijiste que esa mujer era tu amiga, ¿o no? —señaló Ruby con tono despreocupado—. ¿Acaso… no quieres que la conozca?

Había un dejo de sospecha en aquella pregunta que casi paralizó a Nicole. ¿Sabía Ruby algo? ¿O se había dado cuenta de sus reacciones al ver a Giselle? Como fuera, se forzó a no dejarse llevar por ello y reflejar calma, aunque fuera de forma escueta.

—Sí, claro que quiero —afirmó rápidamente—. Será divertido… Apuesto que las dos se llevarán bien.

Aunque, en el fondo, Nicole no estaba muy segura de dicha afirmación. Ruby se limitó a solo asentir y sonreír. Quizás ella tampoco estaba del todo convencida.

—Nos vemos mañana, entonces —indicó la chica de cabellos rosados, subiéndose a su motoneta y colocándose su casco. Y tras un pequeño ademán de despedida de su mano, avanzó a la calle, acompañada del sonido del motor de su vehículo.

—¡Descansa! —exclamó Nicole con fuerza, agitando una mano en el aire mientras se alejaba.

Un pesado suspiro se escapó de los labios de Nicole mientras regresaba cabizbaja al interior del edificio. Hasta hacía poco había pensado que la noche había salido bien… Pero ahora ya no podría afirmarlo con tanta firmeza.

Una parte de ella se inclinaba de nuevo a culpar a Giselle.

Su repentina aparición había cambiado todo de golpe, y su invitación, supuestamente «inofensiva», no lo había mejorado.

Pero, claro, para de verdad creerse eso, tendría que ignorar el hecho de que ella misma había hecho las cosas un poco incómodas al haber hecho su acercamiento tan…

agresivo, se podría decir. Quizás había leído mal las señales, suponiendo que Ruby esperaba algo más al sugerir que fueran a su casa.

Después de todo, era nueva en eso de salir con chicas, y tampoco era que con los chicos tuviera mejor suerte (aunque con Jaime había funcionado bien esa primera vez en su departamento).

Al estar de nuevo en su piso, y un instante antes de entrar a su departamento, su atención se viró por un momento hacia la puerta 81.

Dejando de momento el asunto de Ruby de lado, la verdad era que Nicole no podía fingir que no había casi saltado de alegría al ver a Giselle aparecer detrás de las puertas del elevador.

O que no había sentido cómo sus mejillas se estiraban tanto por su sonrisa.

O cómo su corazón brincó hasta casi salirse de su pecho.

Incluso se había sentido tentada a aceptar su invitación a cenar de inmediato y sin pensarlo mucho, y no lo hizo solo porque Ruby estaba a su lado.

Esa influencia que seguía teniendo en ella la tenía inquieta. Por un lado, estaba molesta, y, por el otro, añoraba que Giselle ya regresara, más de lo que ella misma se había dado cuenta.

Consideró por un momento llamar a su puerta, pero se resistió y mejor entró apresurada, de regreso a su propio departamento, colocando la cadena y los seguros con un apuro casi apremiante.

Pegó su espalda contra la puerta y volvió a suspirar.

Lo mejor sería terminar de guardar lo que hiciera falta, cambiarse e irse a dormir.

Lo que tuviera que ocurrir mañana, ocurriría.

Recorrió la cocina, colocando en su sitio cada cosa desacomodada, que, en realidad, no era mucho, pues Ruby la había ayudado a limpiar y acomodar casi todo antes de irse.

Lo siguiente sería, en todo caso, cerrar las puertas de la terraza con llave y correr las cortinas.

Se dirigió de manera casi automática hasta estas, pero, antes de cerrarlas, se detuvo un momento al percibir, apenas por el rabillo del ojo, movimiento en el otro balcón…

Se movió ligeramente para intentar ver lo más posible en aquella dirección.

Las luces exteriores que acompañaban el techo de madera habían sido encendidas.

Y, por encima del borde de los muros bajos que separaban ambas terrazas, logró distinguir la cabellera oscura tras el respaldo de una de las sillas de plástico.

«No, no lo hagas», se dijo a sí misma. «No salgas, Nicole. Cierra la cortina y vete a tu cuarto, ¡ahora!».

La voz en su cabeza sonaba bastante convincente. Pero había otras voces, hablándole desde otras partes de su cuerpo, que le compartían una opinión distinta. Después de todo, hacía mucho que no veía a su… amiga. Debía al menos desearle las buenas noches… ¿no?

Además, tenía que hablar con ella sobre un par de cosas.

Con esas ideas en mente, no tuvo que ordenarle demasiado a su mano antes de que esta deslizara la puerta de cristal hacia un lado, ni a sus piernas cuando estas avanzaron a través del umbral hacia el balcón.

Se aproximó, casi cautelosa, hacia el borde, y, conforme se fue acercando, la imagen de Giselle, sentada de manera muy cómoda sobre su silla y con media copa de vino blanco en la mano, se volvió más clara.

Su presencia fue, al parecer, también más evidente para su vecina, pues en cuanto estuvo lo suficientemente cerca, desvió su atención del paisaje delante a ella.

Una sonrisita juguetona se dibujó en los labios de Giselle.

—Hola —la saludó de forma cándida, tomando, justo después, un pequeño sorbo de su copa.

—¿No es un poco tarde para beber? —señaló Nicole.

—Solo es media copa para relajarme tras el largo viaje —respondió Giselle con voz risueña, alzando la copa en el aire para que Nicole la viera mejor—. ¿Quieres un poco?

—No, gracias. ¿Cómo te fue? Fuiste a un… desfile, ¿no?

—A eso, y a otras cosas. Estuvo bien. ¿Tú cómo estás?

—Bien. Todo ha estado bien por aquí…

Ninguna parecía querer entrar en demasiados detalles sobre qué habían hecho esa semana, lo que, inevitablemente, a Nicole le causaba una ligera sospecha.

Si activaba un poco su imaginación, podía suponer que, en esos frecuentes viajes de trabajo, su vecina acostumbraba a meter a su bolsillo un par más de conquistas para pasar la noche.

¿Con cuántas chicas habría estado, allá en Berghins…?

«Bueno, a mí eso no me interesa», se dijo Nicole a sí misma, intentando ser lo más convincente posible. Después de todo, ella estuvo a punto de llegar a más de un par de bases con Ruby hacía un rato.

—¿Puedo preguntarte algo? —murmuró Nicole—. ¿Por qué nos invitaste a cenar contigo?

—Ya lo dije, ¿no? —masculló Giselle con picardía—. Tengo mucho antojo de ir y no quiero ir sola. Y me pareció que ustedes dos podrían ser buena compañía. No te preocupes, yo las invito esta vez.

—¿Y en verdad es solo por eso? —cuestionó Nicole, inquisitiva, apoyándose en el muro e inclinando su cuerpo un poco hacia el frente. La sospecha era más que evidente en su mirada.

Giselle rio un poco y volvió a beber de su copa.

—Bueno —dijo, de nuevo con voz juguetona, parándose de la silla para acercársele—, confieso que también quiero conocer un poco a tu nueva amiga —acercó de nuevo la copa a sus labios, pero en el instante justo antes de beber soltó sin más—: ¿Ya te acostaste con ella?

La pregunta desestabilizó a Nicole. La había soltado con total naturalidad, como si le estuviera preguntando qué había cenado. Algo que solo podía ser propio de Giselle.

«Eso no te incumbe», gritó la voz en su cabeza, instándole, además, a su boca a pronunciarlas en alto. Sin embargo, algo la detuvo en seco de hacer eso, y, en su lugar, solamente soltó un bajo y escueto:

—Aún no…

Y se maldijo de nuevo al instante siguiente de haberlo dicho.

—Suenas un poco frustrada por eso —señaló Giselle con suspicacia—. ¿Por qué no vienes acá y lo arreglamos pasando un rato juntas?

Aquello terminó tomando a Nicole incluso más por sorpresa que su pregunta anterior. Por supuesto, ella entendía bien lo que estaba proponiéndole.

—¿No estás cansada por tu viaje? —masculló Nicole, incapaz del todo de ocultar sus nervios.

—Un poco —le respondió la diseñadora, encogiéndose de hombros—. Pero creo que te extrañé más de lo que pensaba. Además de que nunca me respondiste mi foto o mis otros mensajes.

La foto… ya casi se había olvidado de eso.

—Mi celular se rompió —se excusó Nicole, apenada—. Pero ya lo mandé a reparar.

—Entiendo —asintió Giselle, aunque en su mirada no era muy claro si acaso le creía o no—. Entonces, ¿vienes?

¿Ir al departamento de Giselle a tener sexo cuando acababa de cenar con Ruby y estar a punto de hacer algo con ella?

Por un lado, era cierto que el no haber podido llegar más lejos hacía un momento la había dejado un poco «frustrada», como Giselle bien había dicho.

Sin embargo, a pesar de que Ruby y ella no eran nada (aún), la idea de ir con Giselle en esos momentos le resultaba por algún motivo… incorrecta.

No entendía bien el porqué. Cuando estaba con Jaime, estar con él o con Giselle nunca había sido un problema.

Aunque en lo suyo con Jaime siempre estuvo claro que no era algo serio; solo dos adultos pasándola bien.

Pero con Ruby esa distinción no parecía aún del todo clara. Quizás debía primero cambiar eso.

Así que, a pesar de que de nuevo las voces del resto de su cuerpo le gritaban que aceptara, la de su cabeza, en esa ocasión, se sobrepuso:

—Quizás en otra ocasión —respondió Nicole con una media sonrisa—. Yo sí estoy algo cansada.

—Está bien —contestó Giselle, sin ninguna señal de amargura o enojo en su voz. Y con paso calmado se dirigió de regreso a su silla—. Hasta mañana.

—Hasta mañana —respondió Nicole, y justo después se dirigió de regreso adentro, ahora sí cerrando las puertas y la cortina.

Durante la noche, Nicole se arrepentiría en más de una ocasión no haber aceptado la proposición de Giselle. Y tendría que aceptar que ella también la había extrañado más de lo que pensaba.