La chica del otro balcón Capítulo 36 #3
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Capítulo 36 #3

—Creo que, desde que te conocí, me pareciste una chica muy bonita y agradable. Hablar contigo siempre se siente tan natural, y me siento muy segura contigo. Y, bueno, acababa de pasar lo de Jaime y…

—¿Querías probar algo diferente? —interrumpió Ruby con curiosidad.

—No lo diría exactamente de esa forma. Solo quería ver hasta dónde podía llegar esto entre las dos. ¿Tú por qué aceptaste salir conmigo?

—Un poco de lo mismo, creo —le respondió Ruby, dibujando una coqueta sonrisa en sus labios gruesos—. De hecho, si te soy honesta, me tuviste cautivada desde el instante en que te sentaste frente a mi escritorio el primer día.

—No es cierto —exclamó Nicole con asombro.

—Claro que es cierto —se apresuró a indicar Ruby—. Pero en ese momento no me pareció que pudieras estar interesada. Y luego se notó que había algo entre Jaime y tú, así que me conformé con la posibilidad de ser tu amiga.

Inclinó entonces su cuerpo sobre la mesa hacia ella, acercándosele un poco. Sus ojos oscuros se colocaron fijos en los de Nicole. Esta, instintivamente, se quedó quieta, absorta en la expresión de añoranza en el rostro de su acompañante.

—Pero ahora creo que yo también quiero ver hasta dónde llega esto.

Ese aire incómodo que se había formado entre ambas se desvaneció en un parpadeo y fue remplazado por… algo más. Algo profundo y cálido, que Nicole sintió que le recorría el cuerpo hasta la punta de los pies. Y, en la mirada de Ruby, podía darse cuenta de que ella también lo sentía en algún grado.

—¿Te gustaría besarme…? —susurró Nicole de pronto, casi de manera inconsciente, y de seguro sin darse cuenta de que había sido lo mismo que Giselle le había preguntado a Nicole aquel otro día.

Ruby pareció ligeramente sorprendida al inicio, pero de inmediato recobró la calma y sonrió.

Sin decir nada, inclinó más el cuerpo hacia Nicole, lo más que su silla y la mesa se lo permitían.

Nicole, por su lado, se encargó de acortar, sin titubeo, el resto de la distancia que las separaba.

Ambas cerraron los ojos por mero instinto en los últimos centímetros y dejaron que, prácticamente, sus labios se dirigieran hacia los de la otra de manera automática.

Aquel primer beso fue en un inicio lento, casi delicado, pero no por ello inexperto o inocente. Cada roce transmitía un sentimiento cálido que para ninguna resultaba desconocido. No tardó mucho en volverse un poco más osado, y, luego, bastante más, en especial por iniciativa de Nicole.

Sin separar sus labios ni un poco, la anfitriona se levantó de su silla y se aproximó más a Ruby.

Esta no opuso resistencia, ni siquiera cuando Nicole prácticamente pegó su cuerpo contra el suyo, sentándose en sus piernas.

Ninguna tuvo que decir nada en realidad, o siquiera pensarlo demasiado; era como si sus cuerpos se movieran por sí solos.

Ruby alzó sus brazos y rodeó el cuerpo de Nicole en un fuerte abrazo. Las manos de esta, por su parte, comenzaron a recorrer el torso de su invitada, acariciando sus costados por encima de su camiseta, atreviéndose incluso a levantársela solo un poco para que sus juguetones dedos rozaran su piel.

Dejándose llevar un poco por el calor del momento, una de las manos de Nicole subió entonces por su costado, hasta posicionarse a la altura del pecho derecho de Ruby, tocándolo profundamente con sus dedos por encima de sus ropas.

Y fue este último toque lo que pareció hacer que Ruby reaccionara y se volviera más consciente de lo que estaba ocurriendo:

—Espera, espera… —pronunció Ruby, apresurándose a separar sus labios de los de Nicole y hacer su cuerpo un poco hacia atrás.

—¿Qué pasa? —preguntó Nicole, confundida. Su respiración se encontraba agitada, y el deseo de querer continuar era bastante evidente en su mirada y en sus labios, que, en esos momentos, brillaban de manera hermosa.

Ruby respiró profundamente, intentando tranquilizarse. Sentía su corazón golpeteando en su pecho con demasiada fuerza.

—Lo siento —murmuró despacio, pasando una mano por sus cabellos rosados—. Creo que nos acaloramos demasiado pronto, ¿verdad?

—Eso a mí no me molesta —respondió Nicole de pronto, esbozando una coqueta y casi maliciosa sonrisa.

—Ya veo que no —murmuró Ruby, sorprendida, aunque no precisamente asustada—. Pero creo que, por ahora, quisiera dejarlo hasta aquí. ¿Está bien?

El rostro excitado de Nicole se cubrió de pronto de desconcierto. Era como si no hubiera previsto en lo absoluto que Ruby pudiera decirle tales palabras en ese momento. Tardó unos segundos en poder reaccionar, quizás lo que le tomó procesar que lo que le decía era en serio.

—Sí, claro —respondió al fin, retirándose de encima de Ruby rápidamente para volver a su propia silla—. Lamento si te puse incómoda.

—No, descuida —se apresuró Ruby a aclarar—. Solo terminemos de comer, ¿sí?

—Sí, por supuesto —asintió Nicole, tomando asiento de nuevo, así como sus cubiertos—. Sería un crimen no terminarse algo tan bueno, después de todo.

Con humor animado, aunque no tanto como hacía unos momentos, ambas se dispusieron a seguir platicando y terminar de comer.