La chica del otro balcón Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—Adelante —pronunció Ruby, sonando casi como si en verdad le estuviera dando permiso.

Nicole solo rio y se giró en dirección a los botes de basura. Al avanzar, reparó con facilidad en el reportero, de pie frente a la máquina, recogiendo su golosina del área de despache.

—Hola, Jaime —lo saludó la interna con amabilidad, siguiendo de largo hacia los botes.

—Nicole —él le regresó el saludo, asintiendo con su cabeza.

Jaime observó de reojo en dirección a la mesa, en donde Ruby, ahora sola, se encontraba guardando sus recipientes en la pequeña lonchera.

Caviló un poco si debía o no hacer lo que estaba cruzándole por la mente.

En el fondo sabía que sería meterse en un asunto que no le correspondía (no del todo).

Pero, al final, este pensamiento no pudo más.

Se aproximó entonces, cauteloso, hacia la mesa, sentándose de pronto en la misma silla que Nicole había ocupado hasta hacía un momento.

—Oye, Ruby —pronunció Jaime, haciendo más evidente su presencia.

—Hey, Jimmy —lo saludó Ruby con normalidad—. Me llegó el rumor de que ya será el gran día. El artículo de Strivanza, me refiero. Ya lo tienes listo, ¿verdad? ¿Cynthia ya tiene el borrador final?

—No puedo hablar de eso aún —negó Jaime respetuosamente, aunque la mención de aquello, ciertamente, lo hizo sentir un poco tonto.

Debería estar preocupándose por el que podría ser el artículo más grande de su carrera, no por…

Bueno, ya estaba ahí—. Pero quería hablar contigo de otra cosa —añadió, con una seriedad tan notable que desconcertó un poco a Ruby.

Antes de proseguir, echó un vistazo sobre su hombro. Nicole se había entretenido en su camino a los botes de la basura al ser interceptada por una chica que trabaja en otra oficina, y que, al parecer, le estaba preguntando algo sobre su blusa. El destino le estaba dando un poco de tiempo.

—Es solo que noté que has estado conviviendo mucho con Nicole esta última semana —indicó Jaime, virándose de nuevo hacia Ruby.

—Sí, bueno… —rio la jefa de TI, un poco nerviosa—.

Escucha —murmuró con firmeza, tomando asiento delante de él—, sé que estuvieron saliendo, o algo así.

Y entiendo si quizás estás molesto. Pero la verdad es que sentí una inusual conexión entre nosotras desde el primer día que me la presentaste.

Y… no sé, se siente tan natural estar con ella.

Solo… quisiera ver a dónde llega esto. ¿Me entiendes?

—No tienes que darme explicaciones, Ruby —negó Jaime, sin titubear—.

No éramos novios ni nada parecido, y… yo fui quien decidió terminar la relación.

Pero escucha —pronunció despacio, inclinándose un poco hacia ella, como a punto de decirle un profundo y peligroso secreto—, como tu amigo, y porque sé por lo que pasaste el año pasado…

—No me recuerdes eso —exclamó Ruby con severidad. Sus ojos, hasta ese momento calmados, reflejaron un ligero enojo, de seguro al tener que rememorar a lo que Jaime hacía referencia—. Esto… es diferente.

—Quizás sí. Pero, por todo eso, me siento obligado a advertirte que tengas cuidado.

—¿Cuidado? —pronunció Ruby, seguida de una risa irónica—. ¿Con Nicole? ¿Qué dices?, si es una dulzura.

—Nicole es una chica fantástica. Pero tienes que saber que es muy… muy cercana a su vecina.

Aquello ciertamente causó una reacción de mayor desconcierto en Ruby.

—¿A su vecina?

—Una mujer de cabello negro que vive al lado de su departamento —añadió Jaime a su explicación—. Creo que se llama Giselle. Ella tiene una extraña influencia en Nicole.

—¿En serio? Pues nunca la ha mencionado.

—Ese debería ser tu primer indicio de alarma.

El entrecejo de Ruby se arrugó y su boca dibujó una marcada mueca de disgusto. Si la intención de Jaime era preocuparla con todo eso… lo estaba logrando.

—¿Qué me estás diciendo? —inquirió Ruby, algo cortante—. ¿Acaso Nicole tiene una relación con esa mujer?

—No sé qué es lo que tienen exactamente —se apresuró Jaime a aclarar—. Pero te recomiendo que tú lo esclarezcas antes de ponerte verdaderamente seria con ella.

Ruby estaba totalmente perdida por todo eso.

¿Qué significaba con exactitud? ¿Qué sabía Jaime que ella no?

¿Era en serio lo que le decía o lo estaba haciendo más por despecho?

Aunque si era eso, resultaba muy extraño que metiera a una tercera persona en ello.

¿Quién era esa vecina de la que hablaba? ¿Quién era esa tal Giselle?

Antes de que pudiera cuestionarlo más al respecto, ambos se percataron de que Nicole ya venía de regreso a la mesa, por lo que Jaime se puso de pie rápidamente.

—Las veo más tarde, chicas —indicó el reportero, con tono amistoso, apresurándose a retirarse del comedor.

Nicole lo siguió con la mirada mientras se retiraba, notando su actitud un poco extraña.

—¿Todo bien? —le preguntó a Ruby.

Esta observaba hacia otro lado, pensativa. No respondió nada, casi como si no la hubiera escuchado.

—¿Ruby?

—Sí, todo bien —respondió la mujer de cabellos rosas, girándose hacia ella con una sonrisa despreocupada en los labios—. Jaim solo quería pedirme unas cosas, pero las revisaré luego. Oye, ¿qué tal si hoy vamos mejor a tu casa? —propuso de pronto, cambiando de forma demasiado repentina el tema.

—¿A mi casa?

—Sí. Te he llevado ya un par de veces y nunca he pasado a tu departamento. Quizás sea hora de que me lo muestres, ¿no? ¿O acaso no quieres?

—No, claro que sí —contestó Nicole, con tono animado—. Es una gran idea, aunque no creo que tenga ingredientes suficientes para cocinar algo.

—Pues se compran —rio Ruby, parándose y cargando sus recipientes de plásticos en las manos—. ¿Tampoco acostumbras a hacer tu despensa?

—A veces —respondió Nicole, encogiéndose de hombros—. Pero me bajé una aplicación donde la puedes pedir a domicilio.

Ruby soltó de golpe una risotada divertida al escucharla decir aquello.

—Eres todo un caso —señaló mientras comenzaba a caminar hacia la salida del comedor, seguida a un lado por Nicole—. Será divertido, ya verás. Te enseñaré cómo elegir un aguacate.

—¿Un qué…?