La chica del otro balcón Capítulo 34
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Capítulo 34

¿E n qué clase de revoltijo se había convertido la vida de Nicole Gireld, que no podía pasar más de una semana sin un drama o una crisis nueva?

¿Toda la gente en la ciudad pasaba por lo mismo o solo a ella le ocurrían esas cosas?

O, quizás, la pregunta más correcta sería: ¿le pasaban todas estas cosas a todo aquel que conocía a Giselle Leblanch?

Definitivamente, una parte de ella quería, con mucha fuerza, lanzarle toda la culpa a su vecina, que, incluso a kilómetros de distancia, parecía arreglárselas para perturbarla.

Si lo pensaba a detalle, tenía bastante evidencia para probar que toda esa locura en su vida había comenzado justo en cuanto su camino se cruzó con el de Giselle.

«¡Por supuesto que es su culpa!», se decía a sí misma con insistencia.

«Desde que la conozco, ya no pienso con claridad, y hago este montón de cosas, que, por mí sola, nunca habría hecho.

Todo gracias a su nociva influencia. Y ahora que tengo la posibilidad de tener una relación más “normal” con otra persona, tenía que hacerme volver a meter la pata con su tonta foto. ¡Maldita seas, Giselle!».

Sin embargo, por más que se lo repitiera, y por más que intentara convencerse, la verdad era que Giselle no la había obligado a hacer absolutamente nada.

Y eso incluía tomarse esa foto, mandársela por accidente a Ruby y, luego, estropear de forma horrible su teléfono.

Todo eso lo había arruinado ella misma, sin necesitar la ayuda de la diseñadora.

Al final, sin importar de quién fuera la culpa, el daño estaba hecho. Ahora solo quedaba pensar en cómo solucionarlo, si es que acaso eso era posible.

La opción de empacar todo y tomar el siguiente tren a su pueblo natal le resultaba, de hecho, muy tentadora, por encima de tener que encarar a Ruby. Pero, claro, ella sabía bien que esa no era una opción viable.

Estuvo casi toda la noche pensando en una excusa, cualquiera que pudiera sonar, aunque fuera un poco creíble.

Tras mucho meditarlo, se le ocurrió una que pudiera salvarla, pese a que implicaría decir que la fotografía la había tomado tiempo atrás y no esa misma noche.

Desconocía si acaso Ruby podía, de alguna forma, saber cuándo la foto había sido tomada con sus trucos de ingeniera en informática, pero tendría que arriesgarse.

No logró dormir mucho, pero al menos lo necesario para no ir a trabajar como un completo zombi (solo la mitad uno, si acaso).

Al llegar a la oficina a la mañana siguiente, se dirigió del ascensor en dirección a la oficina de Ruby.

Había ponderado la opción de evitarla hasta que ya fuera inevitable, pero supuso que hacer eso la haría ver mucho más sospechosa.

Así que era mejor ir, terminar de una vez con el asunto y que pasara lo que tuviera que pasar.

«Como arrancarse una bandita de tajo, ¿no?».

En su trayecto hacia enfrentar su destino, se cruzó casualmente con Jaime, que venía caminando en dirección contraria. Nicole estaba tan concentrada en sus propias preocupaciones que no reparó en el reportero, aunque él sí lo hizo en ella:

—Nicole… —pronunció Jaime, intentando llamar su atención.

Pero Nicole siguió de largo.

—Ahora no, Jaime —le respondió con seriedad, sin detenerse.

—Es un asunto de trabajo, en serio.

—Te creo —le respondió la interna, girándose a mirarlo rápidamente—. Pero tengo algo importante que hacer… Voy a tu lugar en un minuto.

—Está bien… —pronunció Jaime, al parecer un poco desconcertado por la inusual actitud de la interna.

Nicole estaba tan ensimismada en su asunto con Ruby que su otro asunto con Jaime, de momento, le resultaba algo indiferente. Si lo pensaba, eso era incluso una ventaja.

Su convicción menguó un poco al estar ya frente a la puerta de la oficina de TI.

Esta se encontraba apenas una rendija abierta, como de costumbre, y no se percibía ningún sonido del interior.

Con un poco de suerte, quizás Ruby ni siquiera se encontraba ahí.

Aguardó un par de minutos antes de animarse a abrir la puerta solo lo necesario para poder asomarse al interior.

El resplandor de los monitores, y la parte posterior de la cabellera rosada que se asomaba desde atrás de ellos, dejaron en evidencia la presencia de la jefa de TI.

Nicole suspiró con pesadez. Ya había llegado hasta ahí, así que no tenía caso retroceder.

—Toc… Toc… —pronunció, al tiempo que hacía sonar sus nudillos contra la puerta.

Aquello hizo que Ruby notara al fin su presencia y asomara su rostro inquisitivo desde detrás de los monitores.

—Hey, Nico —saludó con tono animado, retirándose sus audífonos, y la miró desde su asiento con una amplia sonrisa—. ¿Cómo siguen esas piernas?

—¿Mis…? —murmuró Nicole, un poco confundida por la pregunta, aunque no tardó en recordar sus viajes sobre Lirio de la noche anterior—. Ah, eso. Están bien, tranquila —le respondió, esbozando una sonrisa despreocupada—. Como te dije, ya me estoy acostumbrando.

—Bien, ¿entonces con un poco más de tiempo te convenceré de comprarte una?

—Quizás —señaló, encogiéndose de hombros, acompañada de una risilla nerviosa—. Pero… después…

Nicole se atrevió entonces a ingresar a la oficina, aunque con paso cauteloso, como si se acercara a alguna peligrosa fiera que pudiera morderla en cualquier momento.

—Ah, Ruby… —masculló, nerviosa—. Sobre lo de anoche…

—Ah, fue muy divertido, ¿cierto? —exclamó Ruby con entusiasmo, tomando a Nicole de nuevo por sorpresa.

—¿Te refieres a los juegos? Sí, lo fue…

—Debo presentarte a mis amigos en cuanto se pueda. Sé que les caerás muy bien.

—Eso sería agradable, sí…

—¿Te gustaría ir a almorzar hoy?

Nicole se sobresaltó, confundida por tan repentina propuesta, tardando unos segundos en poder articular alguna respuesta en su cabeza.

—¿Almorzar? ¿Tú y yo? Ah, claro… ¿Conoces el lugar de emparedados en la esquina?

—¿Bromeas? —rio Ruby, divertida—. Hasta tengo tarjeta de puntos. Así que yo te invito, ¿te parece?

—¡Sí!, ¡claro! —exclamó Nicole con fuerza, por mero reflejo, forzándose de inmediato a moderarse al darse cuenta de cuánto había alzado la voz—. Digo, no a que tú invites, sino a que vayamos juntas. Tú ya me invitaste ayer, ¿recuerdas? Así que… Hoy te invito yo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —cedió Ruby, encogiéndose de hombros—. Es lo justo, supongo. Es una cita, entonces.

—¡Sí!, una cita —asintió Nicole con ímpetu, y, luego, se giró rápidamente hacia la puerta, dispuesta a irse de inmediato—. Nos vemos más tarde, entonces.

—Hasta más tarde —exclamó Ruby, agitando exageradamente una mano en el aire—. Solo procura llevar más ropa que en tu foto, ¿quieres? —añadió de pronto, con tono burlón.

Nicole se detuvo en seco, justo delante de la puerta, al escuchar esas palabras, sintiendo casi como si la acabaran de golpear con fuerza en la cabeza con una pelota de béisbol.

Soltó una pequeña maldición en su mente, seguida de un pesado suspiro.

Cerró entonces por completo la puerta y se giró de nuevo hacia Ruby.

Esta la observaba atentamente, sentada detrás del área de su escritorio que no era ocupada por sus dos monitores, con una sonrisita traviesa.

Incluso le pareció notarla parpadear un par de veces, de forma juguetona.

Más resignada que otra cosa, Nicole avanzó hacia el escritorio, prácticamente arrastrando sus pies, y se sentó en la silla justo delante de la jefa de TI.

—Tenía la esperanza de que no la hubieras visto —murmuró despacio, esbozando una media sonrisa.

—¿Cómo no verla? —soltó Ruby con sorna—. Si ahora es mi fondo de pantalla.

—¡¿Qué?! —exclamó Nicole, asustada—. ¡¿Bromeas?!

—Claro que sí, tonta —rio Ruby con fuerza, provocando que las mejillas de Nicole se pusieran aún más rojas de lo que ya estaban.

—Déjame explicarte, por favor… No quería enviarte esa foto, en realidad…

—Ah, ¿era para alguien más acaso? —inquirió Ruby, con tono casi acusativo.

—No, no, no —repitió Nicole varias veces, agitando sus manos delante de ella, así como su cabeza.

Aunque, claro, Nicole sabía bien que eso era mentira.

Por supuesto que la foto sí era para alguien más, pero no podía decirle eso.

No cuando recién estaba empezando eso, lo que fuera, entre ellas dos.

Ruby sabía de Jaime y que habían «terminado» recientemente, pero Nicole no sabía cómo tomaría el enterarse de que también tenía algo con otra mujer, y que aquello no estaba del todo «terminado», en realidad.

Tanto así que incluso le había querido mandar una foto de ella, desnuda de la cintura para arriba, la misma noche que habían salido juntas.

A pesar de que en ese momento no había nada entre Ruby y ella, prefería no dar ese tipo de explicaciones y que se pudiera malinterpretar. Así que, en lugar de decir la verdad, optaría por usar la excusa en la que tanto había estado pensando la noche anterior:

—Es… una foto vieja que me tomé para… Jaime, tú sabes —explicó con tono despreocupado, intentando restarle importancia—.

En realidad, te iba a mandar otra cosa, pero me confundí de archivo.

Y, cuando me di cuenta, me asusté tanto que rompí mi teléfono y ya no pude borrarla o explicarte qué había pasado.

Para darle algo más de credibilidad a su historia, sacó en ese momento su teléfono roto de su bolsillo y se lo extendió. Ruby observó el aparato con horror en su mirada, en especial por la pantalla totalmente destrozada.

—A ver —pidió con un dejo de preocupación, tomando el dispositivo con delicadeza entre sus manos. Lo inspeccionó un rato por todos lados, soltando de vez en cuando un pequeño quejido y negando con la cabeza—. Oh, sí, fue fuerte el golpe. Pero tengo un amigo que te lo puede reparar barato.

—¿De verdad? —exclamó Nicole, emocionada. Eso no era parte de su plan, pero ciertamente era un buen giro—. Muchas gracias.

Ruby le sonrió con gentileza y le devolvió su teléfono. A Nicole le sorprendía lo realmente relajada que se veía con todo ese asunto, como si en verdad no fuera la gran cosa.

Comenzó a pensar si quizás había exagerado demasiado y que, aunque le hubiera dicho la verdad, no hubiera habido mucho problema. Eso la hizo arrepentirse de su decisión, pero… ya era muy tarde para retractarse.

—No te preocupes tanto por lo de la foto, en serio —declaró Ruby de pronto, casi como si le hubiera leído el pensamiento—. No me espantaste ni nada así. Y, lo creas o no, no eres la primera chica que me envía una foto así. Aunque nunca había sido tan pronto.

—Lo siento, en serio —se apresuró Nicole a responder—. Te juro que no se volverá a repetir.

—Oh, eso sería una lástima —soltó Ruby con un fingido tono de tristeza… o, quizás, no tan fingido.

Aquello dejó a Nicole unos segundos sin palabras y sintió cómo sus mejillas se calentaban. Soltó tras un rato una risilla nerviosa, intentando aligerar un poco las emociones que se le habían acumulado en la garganta.

—¿Podrías…? —susurró despacio, con timidez—. Bueno… La foto que te envíe…

—¿Borrarla? —complementó Ruby.

A lo que Nicole asintió rápidamente.

—Ya lo hice, descuida. Si gustas revisar…

Tomó en ese momento su propio teléfono y se lo extendió a Nicole.

—No, está bien —aclaró Nicole rápidamente, empujando el teléfono de regreso hacia Ruby—. Confío en ti.

Ambas se sonrieron la una a la otra, y, sin planearlo, comenzaron a reír al mismo tiempo, como si todo aquello fuera, de hecho, algo demasiado tonto.

Nicole se maravilló por la persona tan comprensiva y relajada que era Ruby.

No creía nunca haber conocido a alguien así.

Si eso mismo hubiera pasado con Derek cuando recién lo conoció…

Bueno, no tenía claro qué hubiera pasado con él, pero presentía que no hubiera sido ni la mitad de agradable que ella.

—Lo de ir a almorzar… ¿Era en serio? —preguntó Nicole, temiendo que quizás hubiera sido solo un juego para soltarle la revelación de que Ruby sí había visto la fotografía de una forma más elaborada.

Para su alivio, Ruby volvió a reír y le respondió:

—Por supuesto que sí. Es una cita, ¿recuerdas?

—Sí —susurró Nicole, sintiéndose, además de aliviada, muy, muy contenta—. Te veo al rato, entonces.

Nicole se paró de su silla y ahora sí se dirigió a la salida, con la intención de retirarse de una vez para comenzar su día de trabajo.

Al final, resultaba que su vida no era tan mala o caótica como pensaba.