La chica del otro balcón Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

Ya con su juego elegido, ambas se dirigieron a una mesa y comenzaron a repasar juntas en qué consistía. Ruby poco a poco comenzó a recordar cómo se jugaba, pero Nicole se sintió un poco revuelta tras la explicación inicial.

Esto le trajo unos malos recuerdos a su mente, de algunas ocasiones en las que Derek le intentó explicar algo complicado, de la escuela, un videojuego o algún tema político o histórico que le interesaba, y en ocasiones terminaba desesperándose demasiado al no poder ella comprenderlo con tanta facilidad, como quizás a él le gustaría.

Y, cuando eso ocurría, a Nicole le provocaba bastante ansiedad la idea de que él pensara que era una tonta, aunque él nunca lo dijo directamente con esa palabra… Pero sí llegó a insinuarlo.

Temió por un momento que fuera a ocurrir lo mismo con Ruby, pero no fue para nada el caso.

En lugar de exasperarse, simplemente propuso intentar una primera ronda de prueba, para así ir repasando todo de forma más práctica.

Esto resultó mucho más efectivo para la joven interna, y ya en la segunda ronda, todo fluyó con mucha más libertad.

El juego era un poco complejo, en efecto, pero a Nicole le gustó que fuera más de cooperar entre ambas en lugar de competir. Así que, si perdían o ganaban, lo harían las dos juntas.

Mientras jugaban, pidieron un par de refrescos (ambas concordaron en que ponerse a beber alcohol en lunes no era precisamente buena idea) y unas papas.

Jugaron un par de rondas más del mismo juego antes de decidirse a probar con otro diferente.

Este tenía temática de monstruos atacando una ciudad, y ellas dos teniendo que evitar que avanzaran hacia el centro…

o algo parecido. Como fuere, igualmente a Nicole le resultó bastante divertido.

Ruby era, en verdad, una gran compañía en ese tipo de cosas.

Era divertida y con un gran sentido del humor.

Sacaba a cada rato un comentario ingenioso que, inevitablemente, le arrancaba a Nicole una carcajada.

Si había alguna dosis de nervios o ansiedad en ella al ingresar a ese sitio, esta se le había escurrido bastante rápido.

—Esto es divertido —declaró Nicole tras forzarse a apagar un ataque de risa—. Hace mucho que no pasaba una noche así.

—¿Ah, no? ¿Jaime no es un chico divertido, entonces? —bromeó Ruby con elocuencia.

—No, bueno… sí. Pero un divertido diferente. Nunca hicimos nada parecido a esto. Con él era más cenar, pasear y… —hizo una pausa en ese momento y carraspeó un poco antes de proseguir—. Y otras cosas…

—Claro —asintió Ruby, sin intención aparente de querer preguntar más al respecto, pero de seguro haciéndose una idea de qué estaban hablando—. Bueno, ya tienes un sitio nuevo que sugerirle a tus otros amigos la siguiente vez que quieran elegir a dónde ir.

El rostro de Nicole se ensombreció por un instante, pero rápidamente se forzó a restaurar su sonrisa antes de que esto se volviera demasiado evidente.

—Sí, bueno… Eso estaría bien…

Aunque la verdad era que no tenía muchos «amigos» a los que pudiera sugerirles tal cosa, por no decir prácticamente ninguno.

No desde que Derek y ella terminaron y todos se pusieron de acuerdo para tacharla como la bruja mala del cuento.

Mientras que, ahí, su vida social se había resumido por completo a Jaime y Giselle desde que llegó a la ciudad, y era con los que solía pasar la gran parte de su tiempo.

Si se detenía un poco a pensarlo, no estaba segura de qué tan sano podía ser eso.

—¿Quieres jugar otro? —preguntó Ruby justo cuando ya había terminado de guardar cada juego en su respectiva caja.

—Me encantaría, pero… —Nicole echó un vistazo rápido a su teléfono para revisar la hora—. Ya se está haciendo un poco tarde.

Ruby revisó también su teléfono. Para su sorpresa, ya eran casi las diez.

—Cielos, ¿cuándo se hizo tan tarde? —musitó sorprendida y algo apenada.

—No lo sé —respondió Nicole, encogiéndose de hombros—. El tiempo se fue volando.

—Sí, pero mañana hay trabajo. Ven, te llevo a tu casa antes de que sea más tarde.

Nicole enmudeció un momento para procesar la idea de volver a subirse a Lirio.

Antes de que pudiera decirle a Ruby que podía irse en taxi para no desviarla, esta se paró con las cajas de juegos en sus manos para dejarlos en los estantes.

En el transcurso de tiempo antes de que volviera, Nicole meditó cómo escabullirse, pero pensó que despreciar su aventón se sentiría como que quería separarse de ella lo más rápido posible, lo cual era todo lo contrario.

Así que, si lograba soportar solo un viaje más, podría cerrar esa noche de forma correcta.

«Solo un viaje más…», se repitió a sí misma, sintiendo cómo sus manos temblaban un poco.

—¿Lista? —preguntó Ruby al volver a la mesa.

—¡Sí! —exclamó Nicole, parándose rápidamente de su asiento—. Vamos. Sí… Vámonos… ahora…

Ruby rio, de seguro notando los nervios brotando de ella como chorros de una fuente, pero prefiriendo no decir nada.

El viaje hacia el edificio de departamentos de Nicole fue algo más tranquilo, pues había bastante menos tráfico a esa hora. Eso no evitó, sin embargo, que la interna se pasara todo el viaje aferrada con fuerza a la cintura de Ruby.

Al llegar frente a la fachada, similar a como había sido en la plaza, Ruby tuvo que ayudarla a bajar de la motoneta, y la sostuvo con firmeza para que pudiera caminar.

—¿Cómo sientes esas piernas? —le preguntó algo burlona mientras avanzaban, lado a lado, hacia la puerta de los residentes.

—Mejor esta vez —respondió Nicole, incluso alzando su pulgar en señal de aprobación—. Creo que sí me estoy acostumbrando… Pero no demasiado rápido.

Al llegar frente a la puerta, Nicole logró apoyar su espalda contra el muro a un lado, para así poder buscar sus llaves en el interior de su mochila.

—¿Quieres que te acompañe hasta tu puerta? —le propuso Ruby, ya menos irónica y notándosele un dejo de preocupación en su voz.

—No, no. Descuida —negó Nicole rápidamente—. Una vez que llegue al ascensor, todo será hacia arriba. Estaré bien.

Ya con sus llaves en mano, logró pararse derecha, justo delante de Ruby, y alzar su mirada para verla fijamente a los ojos.

—Gracias, Ruby —susurró despacio—. La verdad es que me divertí muchísimo.

—Me alegra —respondió Ruby, riendo un poco y pasando una mano por el costado de su cuello—. Pero te aseguro que es mucho más divertido con más personas.

—Sí, supongo —añadió Nicole, encogiéndose de hombros—. Pero la verdad… me la pasé muy bien así, solo las dos…

Ruby pareció sorprenderse un poco por el comentario, pero de inmediato le volvió a sonreír.

Ambas permanecieron en silencio un rato, casi sin proponérselo, limitándose a solo mirar a la otra…

como si cada una esperara que la otra hiciera algo más.

Pero ninguna, al parecer, se animó a dar el primer paso.

Tras un rato, fue Ruby la que reaccionó lo suficiente para romper el silencio, aunque no precisamente para lo que Nicole esperaba:

—Bueno, nos vemos mañana, ¿de acuerdo? —indicó con ligero nerviosismo, retrocediendo hacia su motoneta.

—Sí, de acuerdo —contestó Nicole—. Hasta mañana.

Ruby no tardó en subir de regreso a su vehículo, colocarse su casco y avanzar hacia la calle, no sin antes agitar una mano en el aire, a modo de despedida, hacia Nicole. Esta le correspondió el mismo ademán, mientras observaba cómo se alejaba.