Capítulo 31 #2
—No, ella no —negó Ruby rápidamente—. Si hay algo que le importa muy poco, es la vida privada de sus empleados.
Eso la alivió, pero no demasiado. Aunque, en retrospectiva, ella misma tenía que aceptar que no se habían esforzado demasiado por disimularlo. De entrada, sería difícil que todos ellos creyeran que Jaime la llevaba a su casa tan seguido, precisamente y solo a ella, por su buen corazón.
«¿Soy una horrible persona si el viajar en su automóvil es lo que más extrañaré?», pensó Nicole con cierto humor, pero sintiéndose segura de que no era del todo en serio.
—Bueno, como sea… Eso ya terminó —se apresuró Nicole a aclarar.
—¿Terminaron? —exclamó Ruby con asombro, alzando su voz de más sin darse cuenta, y apresurándose a cubrirse la boca al momento de notarlo—. Lo siento… —murmuró más despacio, y, del mismo modo, repitió—: ¿Terminaron?
—En realidad, él y yo no éramos… —comenzó Nicole a explicar, pero desistió. No estaba precisamente de muchos ánimos de explicar a detalle su complicada relación con Jaime—. Sí, podría decirse que sí.
—Y… ¿estás bien? —preguntó Ruby justo después, notándose mucha cautela en su tono. Una sincera preocupación era también evidente en su expresión.
—Sí, claro —respondió Nicole sin vacilación, esbozando una sonrisa despreocupada—. Lo nuestro no era nada tan serio, de verdad. Estoy bien, no te preocupes.
Ruby asintió lentamente. Parecía creerle, aunque quizás no del todo.
—Bueno, si necesitas hablar con alguien de lo que sea, aquí estoy. ¿De acuerdo?
—Muchas gracias, Ruby —asintió Nicole con entusiasmo—. Has sido muy amable conmigo desde que llegué.
Los labios de la jefa de TI volvieron a dibujar una amplia sonrisa, aunque en esta ocasión era una más pícara, casi traviesa.
—¿Qué puedo decir? —murmuró, encogiéndose de hombros. Y luego, inclinándose un poco hacia Nicole, le susurró despacio, como si se tratara de un profundo secreto—: Creo que tengo debilidad por las caras bonitas.
Y coronó aquel repentino comentario con un rápido y coqueto guiño de uno de sus ojos, similar al mismo que le había hecho cuando se vieron por primera vez.
Nicole la observó, notablemente sorprendida, o, quizás, más bien un poco confundida por esas palabras…
y por cómo las había pronunciado. De nuevo, dejaban a la luz una intención implícita detrás de ellas, que la Nicole que había entrado por primera vez a esas oficinas no hubiera notado.
Sin embargo, la de ese momento, con una perspectiva casi totalmente nueva de las cosas, no pudo evitar preguntarse…
«¿Acaso me está coqueteando…?».
La mente de Nicole no tardó en repasar rápidamente los momentos en los que había cruzado palabras con ella desde aquel primer encuentro en su oficina. Y, al hacerlo, se dio cuenta de que quizás no había sido la única vez que Ruby lo había hecho…
¿Podría ser que a Ruby le gustaran las mujeres?
Bueno, aquella noche en el ascensor había visto que usaba un pin con la bandera del orgullo lésbico (se había enterado de que eso era hasta después), pero eso no era algo definitivo…
¿O sí? Y si ese fuera el caso, ¿qué significaba ese comentario tan repentino?
¿Le estaba acaso queriendo decir que, ahora que había terminado con Jaime (o algo así), ella estaba disponible, si quería intentar algo diferente?
¿Y cómo sabía Ruby que ella estaba (de cierta forma) interesada también en las mujeres?
¿Era algo que se podía notar a simple vista?
O, quizás, solo estaba sobrepensando las cosas como siempre lo hacía.
Hasta ese momento, Nicole no se había detenido a reparar demasiado en Ruby en ese sentido, quizás por estar tan embobada con Giselle y Jaime, o quizás por su renuencia a aceptar que, de hecho, a ella misma podrían gustarle otras mujeres que no fueran Giselle.
Pero la verdad era que Ruby era una chica muy atractiva, además de agradable y divertida.
Y si le gustaba, como parecía quererle dar a entender, tal vezella sería una buena opción para…
—Bueno, tengo que volver al trabajo —informó Ruby de pronto, separándose del escritorio de Nicole.
Esta se sobresaltó, dándose cuenta de que quizás se había quedado ensimismada más tiempo del debido en sus pensamientos.
—Ya sabes, si ocupas algo, la puerta de mi oficina está abierta.
—Sí, gracias —asintió Nicole.
Ruby se giró, en dirección a su área de trabajo.
Nicole la observó alejarse un par de pasos antes de que su cerebro entero le gritara: «¡No dejes que se vaya todavía!
». Y la reacción refleja de su cuerpo a esto fue ponerse de manera abrupta de pie y pronunciar lo suficientemente alto como para que ella la escuchara:
—Oye, ¡espera!
Ruby se detuvo y se giró de regreso a ella, con ligera confusión en su expresión. Nicole balbuceó un poco, dándose cuenta de que quizás debería haber pensado primero en qué decir con exactitud:
—Yo… creo que… te debo una salida, ¿no? —pronunció un poco vacilante tras algunos segundos.
Ruby la observó, evidentemente sin entender de entrada a qué se refería.
—Ya sabes —pronunció Nicole justo después—. Una salida a… ese bar de juegos que me mencionaste, ¿recuerdas?
—Ah, sí —exclamó Ruby con entusiasmo. De seguro, la conversación que habían tenido en el elevador aquella otra noche se le había venido rápidamente a la cabeza—.
El bar de juegos de mesa, sí. No ha vuelto a surgir otra salida de esas con mis amigos, pero yo te aviso en cuanto nos volvamos a reunir, ¿de acuerdo?
—Sí, claro —asintió Nicole, sonriente.
Ruby hizo de nuevo el ademán de retirarse, pero Nicole otra vez habló antes de que avanzara demasiado:
—¡O podríamos ir nosotras! Nosotras dos… ¿Hoy quizás?
El rostro de Ruby se llenó de cierto desconcierto ante la repentina propuesta.
—¿Sólo nosotras dos? —susurró despacio, no dejando demasiado evidente su sentir en su tono.
Pero Nicole pensó que quizás no era precisamente júbilo:
—Bueno, si no te parece bien, supongo que…
—¡No, no! —se apresuró Ruby a espetar, un poco exasperada.
Y justo esa excitación que Nicole esperaba floreció de golpe en su rostro.
—Por supuesto que me parece bien. ¡Sería grandioso! Digo, no hay muchos juegos que se puedan jugar de dos, creo… ¡Pero nos la arreglaremos!
Nicole sonrió, aliviada.
—Entonces, ¿nos vemos a la hora de la salida? —propuso la interna.
—A la hora de la salida —asintió Ruby, comenzando a alejarse de espaldas—. Es una cita, ¿eh?
Nicole se sobresaltó y su boca se enmudeció al escuchar aquello. Una «cita»… la misma palabra que Giselle había usado para referirse a esa primera vez que fue a su departamento.
«Deja de pensar en Giselle de una vez, ¿quieres?», se dijo a sí misma, como recriminación.
Se forzó a hacer a un lado esos pensamientos y se limitó a despedir a Ruby con un pequeño ademán de su mano. La mujer de cabellos rosados se giró y avanzó rápido hacia su oficina. Y quizás fue su imaginación, pero a Nicole le pareció notar incluso emoción en su andar.
Y así, de repente, al parecer tenía una cita… con otra mujer…
Pero ¿eso no significaba que estaba haciendo justo lo que Giselle le había dicho que hiciera…?
«¡No hago esto por Giselle!», se dijo a sí misma mientras volvía a sentarse en su silla para ponerse a trabajar de una buena vez.
Hacía esto por ella y porque en verdad le simpatizaba Ruby, y el sentimiento, al parecer, era recíproco.
Tenía total libertad de explorar una nueva posibilidad, en la que Giselle no tenía que estar involucrada.
Y ojalá eso fuera tan sencillo como sonaba…