La chica del otro balcón Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

El rostro colérico de Nicole terminó suavizándose ligeramente al escuchar esa pregunta, la cual no fue capaz de responder de inmediato.

De hecho, le resultó un tanto extraña, como si no comprendiera por qué se la hacía, o cómo esta tenía algo que ver con ella.

Pero objetivamente hablando… le parecía una pregunta válida, lo suficiente como para que ella misma se la hubiera hecho al menos una vez.

Sin embargo, ahora se daba cuenta de que no había sido así; no de manera explícita.

—No lo sé… —pronunció despacio tras un rato, y no era una mentira para nada. Desvió su mirada ligeramente hacia un lado—. Pero, y si lo fuera, ¿qué tiene que ver con esto? ¿Es acaso eso lo que te molesta tanto?

—No. No es eso —respondió Jaime rápidamente, aunque pareció dudar casi de inmediato—. O no lo sé. Estoy… algo confundido. Pero sí tengo una cosa clara: debemos dejar de vernos así. Tú y yo. Seguir siendo solo compañeros de trabajo, como debió haber sido desde un inicio.

—¿Qué? —exclamó Nicole estupefacta, y la cólera con la que había llegado volvió una vez más a florecer—. ¿Por qué? No entiendo cuál es tu molestia. No me vengas a decir que no disfrutaste lo de anoche.

—Pues no parecía que en ese momento tuviera muchas opciones en realidad, ¿o sí?

—¿Qué? ¿Cómo que no tenías opciones?

—Me refiero… —masculló Jaime despacio, seguido de algunos balbuceos nerviosos—. Bueno, solo digo que… Esa mujer se apareció de la nada, comenzó a decir todas esas cosas, a hablar de un trío y a desnudarse, y yo… No lo sé. Me congelé. Yo…

Dejó su frase en el aire y se limitó a seguir tomando algunas bocanadas más de su cigarrillo.

Nicole se quedó pasmada en su sitio, totalmente confundida por lo que escuchaba, y sin entender de manera clara qué significaba. Sin embargo, de las ideas que le cruzaban por la cabeza, ninguna era buena.

—¿Qué estás tratando de decir? —cuestionó Nicole, defensiva—. ¿Estás diciendo acaso que te obligamos? ¿Que nos aprovechamos de ti?

—¡No se trata de eso!, maldita sea… —espetó Jaime con marcado enojo.

Pero, antes de decir cualquier otra cosa, se tomó un segundo para respirar profundamente e intentar calmarse—.

Solo vete, por favor —indicó en voz baja, apuntando hacia la puerta con una mano—.

Y dejemos todo este asunto por la paz, ¿de acuerdo?

Dicho todo lo que al parecer deseaba decir, se sentó de nuevo en el sillón, desviando su mirada para no ver a Nicole y concentrándose únicamente en terminar su cigarrillo.

Nicole estaba totalmente perdida, incrédula de que eso estuviera pasando en realidad. Era como un sueño, una mala repetición de lo que había ocurrido con Derek.

¿Cómo es que habían llegado a eso? Luego de tener una de las mejores noches de su vida, ¿estaban de nuevo terminando con ella?

No lo entendía… ¿Qué había hecho mal? Todo lo que había intentado desde que llegó a esa ciudad había sido complacer a todos, en especial a Jaime y Giselle.

¿Por qué se le culpaba y castigaba por eso?

¿Por una vez que, para variar, ella había sido el centro de atención y había decidido por completo las cosas y qué deseaba o no hacer?

«Pero… ¿Realmente lo decidiste tú? ¿O fue Giselle?».

Describir cómo se sentía usando las palabras «confundida», «molesta» o cualquier derivado de estas le resultaba bastante poco. No conocía alguna que pudiera acercarse al ferviente sentimiento que le invadía el pecho, y la hacía sentir ganas de gritar, golpear, o incluso llorar.

Comenzó casi por reflejo a caminar con rapidez hacia la puerta, tal y como Jaime le había pedido. Estando a unos metros de esta, sin embargo, se detuvo y se giró de nuevo hacia el reportero.

—¿Sabes qué? —masculló con voz bastante más calmada en comparación con la que desearía usar en realidad—.

Ahora veo que Giselle tenía razón sobre ti: no soportas no ser el centro de atención.

Te encantaba la idea de tener a la joven e ingenua interna embobada por ti.

Pero, al darte cuenta de que tengo una vida propia, fuera de tu maldita entrepierna, te sientes amenazado y dolido.

—No es eso… —intentó defenderse Jaime, sin mucha convicción.

—Pues no te creo —espetó Nicole con firmeza—. Eres igual a Derek. Todo siempre se tiene que tratar de ustedes.

Se viró de nuevo a la puerta, ahora sí con la intención de irse.

—Nicole —pronunció Jaime con fuerza, para detenerla.

—¡¿Qué?! —exclamó esta con coraje, girándose de nuevo.

Jaime la observaba atento desde el sillón, su mirada ensombrecida un poco, ya no por enojo, sino por algo más parecido a la preocupación.

—Esa mujer no es una buena persona —pronunció Jaime con profunda seriedad—. Es… rara… No creo que sea bueno para ti estar cerca de ella.

Nicole soltó un bufido de incredulidad al escuchar tal tontería.

—Has perdido todo derecho de opinar sobre con quién debo o no debo estar, si es que en algún momento lo tuviste, en realidad.

Sin estar dispuesta a pasar ni un segundo más en ese sitio, ahora sí se aproximó a la puerta, abriéndola de un tirón.

—Lo veo el lunes en la oficina, Sr. Hurt.

Al instante salió al pasillo, cerrando con fuerza detrás de sí.