La chica del otro balcón Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

Nicole se quedó un poco pasmada y tardó un rato en responder.

¿Había ido a ese sitio tantas veces que el portero ya le reconocía?

¿Incluso por su nombre? No sabía qué le avergonzaba más: si ese hecho…

o el que ella, por el contrario, nunca se había tomado la molestia de aprenderse el nombre de aquel señor.

—Sí, claro —respondió tras un rato, sonriendo de forma despreocupada—. ¿Puedo pasar?

—Adelante. Ya sabe por dónde es —indicó el hombre con amabilidad, accionando el interruptor que abría la puerta, acompañado de ese distintivo zumbido.

—Gracias —musitó Nicole, aún un poco confusa, pero igual avanzó hacia la puerta, intentando disimularlo.

Era un gran contraste con la primera vez que había ido a aquel lugar. Estando ya en el ascensor, se arrepintió un poco al pensar que, tal vez, metería a ese hombre en problemas por haberla dejado pasar sin tener en realidad permiso. Esperaba en serio que no.

Como fuera, tenía que preocuparse de un asunto a la vez.

Ya en el piso ocho, se dirigió directo a la puerta de Jaime y llamó a ella, quizás con algo más de fuerza de la necesaria.

Aguardó unos minutos y, cuando se disponía a tocar de nuevo, escuchó cómo los seguros y la cadena de la puerta se retiraban, y luego vio la puerta abrirse.

Del otro lado se asomó Jaime, sin sus anteojos, su cabello desarreglado y la misma camisa salmón del día de ayer, aunque ahora desfajada y desabrochada de los últimos dos botones.

Nicole pensó por un momento que tal vez se acabara de levantar de la cama, pese a que ya era un poco tarde. Pero, aunque no fuera así, era evidente que verla en su puerta era lo que menos se esperaba.

—¿Nicole? —murmuró Jaime, incapaz de esconder su confusión—. ¿Cómo pasaste…?

—El portero ya me conoce, al parecer —respondió la interna, encogiéndose de hombros. Se descolgó entonces la mochila y la sostuvo con ambas manos delante de ella—. Dejaste esto anoche en mi departamento. Pensé que quizás lo necesitarías para tu trabajo.

Jaime bajó su mirada hacia la mochila y se le quedó viendo unos instantes, como si se le dificultara poder identificar qué era aquel objeto con exactitud. Cuando lo logró, estiró su mano y Nicole se la entregó.

—Gracias —murmuró Jaime, un tanto decaído.

Se hizo un momento de silencio. Jaime miraba al suelo, mientras Nicole lo observaba un tanto impaciente. Al final, le tuvo que tocar a ella dar el primer paso:

—¿Puedo pasar? —preguntó con voz estoica.

Jaime pareció dudar en qué responder. Podría estar incluso inclinándose más a decir que no, pero quizás no se le ocurrió alguna excusa lo suficientemente buena para hacerlo. Así que, en su lugar, solo se hizo a un lado y dejó que pasara.

Aquel sitio que había sido tan cómodo y seguro para Nicole, hasta casi sentirlo una segunda casa, ahora le parecía un poco ajeno, casi como si fuera la primera vez que entraba. Y ni siquiera en aquella ocasión se había sentido así.

Caminó hacia la sala y tomó asiento en uno de los sillones. Desde ahí, siguió con la mirada cómo Jaime iba hacia su cuarto-oficina con la mochila en mano; esperaba que solo para dejarla ahí.

—Te he estado llamando y mandando mensajes desde anoche —mencionó Nicole en voz alta para que él pudiera escucharla desde el cuarto.

Jaime reapareció en la sala unos instantes después.

—Quería solo un momento para pensar las cosas —respondió, desganado.

Nicole notó que en su mano derecha sujetaba su cajetilla de cigarros y encendedor.

Jaime se dejó caer entonces en otro sillón, diferente al que Nicole ocupaba. Sacó un cigarrillo de la cajetilla y se lo colocó en los labios. Acercó el encendedor a la punta de éste, logrando prender la flama al tercer intento.

Quizás eran las emociones del momento, pero Nicole resintió un poco el que no le preguntara si acaso no le molestaba que fumara, como siempre lo hacía. Ella, de todas formas, siempre le decía que no, pero… era un lindo detalle que al menos lo preguntara.

—¿Por qué te fuiste así ayer? —cuestionó Nicole, sin muchos rodeos, rompiendo el silencio de tajo—. Fue un poco grosero, en especial hacia Giselle.

—¿Grosero? —soltó Jaime, acompañado de una risa incrédula—. ¿Yo fui grosero?

—¿Cuál es tu problema? —espetó Nicole, claramente irritada—. ¿Qué es lo que te molestó tanto? Pensé que lo estábamos pasando bien.

Jaime se paró de un brinco de su sillón y caminó hacia un lado, dándole la espala a su visitante. Dio un par de bocanadas de su cigarrillo, soltando el humo sobre su cabeza; todo eso con una evidente exasperación.

—¿Entonces qué? —exclamó de golpe, girándose de regreso a mirar a Nicole—. ¿Te has estado acostando con esa mujer? ¿Al mismo tiempo que lo hacías conmigo?

Nicole lo observó en silencio unos segundos, un tanto desubicada por la forma tan repentina en que había soltado aquel cuestionamiento.

—Sí —respondió, intentando que se percibiera firmeza en su voz—. Pero lo dices como si fuera algo malo…

—Si no es nada malo, ¿por qué no me lo habías dicho? —señaló Jaime con impaciencia.

—¿Y por qué tendría que hacerlo? —espetó Nicole, con tono defensivo, parándose también del sillón para que estuvieran al mismo nivel—.

Esa es mi vida privada. Hasta dónde he logrado entender nuestra relación, tú y yo no tenemos ningún acuerdo de exclusividad, ni somos novios ni nada así.

Yo nunca te he cuestionado si acaso sales con alguien más, y no me incumbe tampoco el hacerlo.

Solo hemos estado pasando el rato y divirtiéndonos, ¿recuerdas?

—Pues, al parecer, alguien se divertía más que el otro —soltó Jaime al aire, sonando claramente como una acusación.

—¿Y eso qué se supone que significa? —le cuestionó Nicole con irritación.

—Nada, nada…

Jaime volvió a colocar el cigarrillo en sus labios y comenzó a andar de un lado otro, como si intentara hallarle forma a algún pensamiento, o encontrarle solución a algún problema que lo superaba.

—¿Entonces…? —pronunció de pronto, deteniéndose y virándose hacia ella de nuevo, aunque con actitud menos beligerante—. ¿Esto significa que eres… lesbiana? ¿Bisexual? ¿O qué?