La chica del otro balcón Capítulo 28 #3
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Capítulo 28 #3

No supo cuánto tiempo estuvieron así, pero el que haya sido, de seguro fue poco.

Sintió los dedos de Giselle cerrándose contra sus cabellos, y sus piernas apretando un poco su rostro.

Las manos de Jaime tomaron con mayor firmeza su cadera y sus embestidas contra ella se volvieron más frenéticas.

Decir que los tres acabaron al mismo tiempo de seguro sería muy optimista, pero a Nicole le gustó pensar que hubo un momento de perfecta vinculación entre ellos.

Y que, en el momento en que aquel intenso y casi desenfrenado orgasmo le recorrió el cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los pies, de alguna forma logró transmitirles a ambos una parte de aquel clímax y que lograron sentirlo también.

Mientras se corría, Nicole se aferró a la cintura de Giselle con sus brazos y apretujó su rostro contra su vientre. Ella la rodeó también. Jaime se detuvo unos segundos después, y lo sintió temblar y palpitar dentro de ella.

Hubo un momento de absoluta quietud, como si el tiempo se hubiera detenido por completo.

Los espasmos del cuerpo de Nicole se fueron apaciguando y fue cayendo, poco a poco, en un estado de agotamiento, pero también de relajación.

Sintió cómo Jaime la soltaba y salía de su interior, y, como si fuera ello lo que la sostenía, su cuerpo entero se dejó caer contra la cama, quedando recostada contra el regazo de Giselle.

—Eso fue… increíble… —masculló Nicole entre jadeos, no siendo del todo consciente si en verdad su voz surgía de su garganta o no.

—Sabía que te gustaría —escuchó la casi lejana voz de Giselle susurrándole, mientras sentía sus dedos recorriéndole delicadamente su cabello y rostro—. Aunque tres chicas hubiera sido mucho mejor. Pero todo sea por complacerte, Nico.

Nicole rio divertida por su comentario, sin estar segura del porqué. La verdad, no estaba segura de absolutamente nada para esos momentos.

«Tres chicas. ¿Cómo sería eso?».

Su aletargamiento se diluyó un poco al sentir cómo el peso sobre la cama cambiaba al momento en que alguien se bajó de ella.

Se giró un poco, sin soltarse de los brazos de Giselle, y miró a Jaime, de pie, frente a la cama.

Respiraba con agitación, su rostro totalmente enrojecido y su mirada perdida y nublada.

Miraba en su dirección, pero no estaba segura de si las miraba a ellas en realidad.

El preservativo seguía cubriendo su miembro, aun claramente erguido, pero poco a poco volviendo a su estado de reposo.

—Jaime… ¿qué haces ahí parado? —le susurró Nicole despacio, una sonrisa embobada adornando su rostro. Extendió una mano hacia él, indicándole que se acercara—. Ven aquí, conmigo…

—Sí, Jaime —masculló Giselle con tono juguetón—. No la hagas esperar.

Él reaccionó a sus palabras, pero no de la forma que Nicole esperaba.

Respingó un poco, al parecer sorprendido, o incluso asustado.

Miró hacia otro lado con expresión reflexiva.

¿Qué le pasaba? ¿Algo le preocupaba, acaso?

Pero, antes de que pudiera preguntarle cualquier cosa, observaron cómo se agachaba, recogiendo presuroso su ropa, y comenzó a colocarse al menos su ropa interior y pantalones, sin pronunciar palabra alguna.

Nicole lo observó, al inicio bastante confundida como para decirle cualquier cosa. Ingenuamente esperaba que dijera que ocupaba ir al baño o algo parecido. Pero, cuando logró ya ponerse sus pantalones y comenzó a caminar apresurado hacia la puerta del cuarto, supo de inmediato que no era el caso.

—¿Jaime? —pronunció Nicole con fuerza, sentándose en la cama—. Oye, ¿a dónde vas?

No hubo ninguna respuesta de su parte. Jaime salió entonces de la habitación, quedando totalmente fuera de su vista. Lo escuchó moviéndose en la sala, y, unos segundos después, el sonido de la puerta principal abriéndose y, luego, azotándose al cerrarse.

La confusión se convirtió de golpe en preocupación. Nicole hizo el ademán de querer pararse, pero los brazos de Giselle la rodearon y jalaron hacia ella, impidiéndoselo.

—Ya. Déjalo que se vaya —le susurró Giselle con una inusual seriedad en su voz.

—Pero ¿por qué se fue? —masculló Nicole, aturdida—. ¿Algo le molestó? Creí que lo estaba disfrutando.

—Por supuesto que lo disfrutó —rio Giselle con ironía—. Pero una vez que se le pasó el efecto de la calentura, lo único que le quedó fue su ego destrozado de hombre.

Nicole se giró a mirarla, sin entender ni un poco a qué se refería.

—¿Ego destrozado? ¿Por qué dices eso?

—¿No es obvio? —respondió Giselle, encogiéndose de hombros—.

Todos los hombres tienen la fantasía de tener un trío con dos mujeres, pero se imaginan que serán el centro de atención en este, y que las dos mujeres se desvivirán por complacerlo a él.

Creo que es porque ven tanto porno. Y, cuando no ocurre así, hacen un berrinche como ese. Ya se le pasará.

—Jaime no es así —señaló Nicole rápidamente, con un tono que resultaba casi protector.

Giselle la miró, y la desaprobación a su comentario fue más que evidente en la mirada de la joven reportera, así que cuidó bastante más sus siguientes palabras:

—Bueno, tienes razón; quizás me equivoco. No lo conozco tanto, en realidad. Y está de más decir que no soy precisamente la experta en hombres aquí. Lo que haya sido, de seguro se le pasará pronto. Por ahora, solo ven aquí, ¿quieres?

La volvió a abrazar y la atrajo hacia ella, haciendo que recostara su rostro contra su cálido y suave regazo.

Si acaso Nicole tenía algo más que decir, lo cierto es que ese dulce abrazo lo borró de su mente.

Ambas se recostaron una a lado de la otra, y se abrazaron mutuamente.

La sensación de sus cuerpos desnudos tocándose, sin mencionar los efectos de lo que acababan de hacer y que aún hormigueaban por su cuerpo, relajó tanto a Nicole que sentía que se quedaría dormida en cualquier momento. La idea no le desagradaba.

—Entonces, ¿ya me perdonaste? —susurró Giselle con picaría.

—Oh, cállate —masculló Nicole con falso enojo—. Sólo abrázame.

—Cómo tú digas.

Se quedaron ahí, en silencio, solo recorriendo de vez en cuando sus dedos por la piel de la otra, o dándose pequeños besos en lo que sus labios alcanzaban sin romper el abrazo. Inevitablemente, en efecto, se durmieron por un par horas.