La chica del otro balcón Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

Tras analizar con más cuidado, Jaime notó que aquellas puertas daban a una pequeña terraza, y la persona que había del otro lado era una mujer alta, de largos cabellos oscuros y ojos azules.

Usaba una blusa azul de tirantes y una falda corta, color negro.

Esta le siguió sonriendo, le saludó con un ademán de su mano, y, luego, señaló con un dedo en dirección a donde se encontraba el seguro y la manija de la puerta. Era claro que quería que le abriera.

Jaime dudó, aún bastante confundido, si debía o no abrirle a aquella persona extraña. Al menos no se veía como un asaltante o un ladrón y, además, le pareció conocida. ¿No era la misma mujer con la que se encontraron afuera del edificio la primera vez que había ido a dejar a Nicole?

No estaba del todo convencido, pero igual se aventuró a acercarse a la puerta, quitar el seguro y deslizar la puerta hacia un lado.

—Hola —saludó la mujer al otro lado, con tono alegre—. ¿Me recuerdas?

—Ah, creo que sí —masculló Jaime—. Eres la vecina de Nico, ¿cierto?

La mujer rio, como si Jaime acabara de decirle un chiste, aunque no uno demasiado gracioso.

—Sí. Soy Giselle, la del balcón de al lado. ¿Puedo pasar?

—Supongo —comentó Jaime, haciéndose a un lado para que entrara.

Giselle así lo hizo, dando unos saltitos.

—¿Por qué entras por el balcón?

—Para darle una sorpresa a… Nico —señaló Giselle, mirándolo sobre su hombro y guiñándole un ojo de forma traviesa. Su mirada se posó justo después en la botella sobre la barra—. ¿Eso es un Chartou Dupont ?

Antes de que Jaime le diera alguna respuesta, Giselle se dirigió a la botella, la tomó en sus manos y la alzó para echarle un vistazo de cerca.

Luego, para sorpresa del reportero que la observaba, la tomó de la parte superior, empujando el corcho con sus dos pulgares y este se zafó con suma facilidad.

Una vez destapada, Giselle acercó la boquilla de la botella a su nariz, oliendo un poco su contenido.

—Buena elección —señaló Giselle, casi con orgullo—. Huele muy bien. ¿Gustas? —preguntó, alzando la botella en dirección a Jaime.

Este, indeciso, se limitó a solo asentir con la cabeza.

Giselle comenzó a revisar por la cocina, buscando las copas, con una naturalidad evidente, como si aquella fuera su casa. No tardó mucho en dar con ellas. Sacó tres y comenzó a servirlas.

—¿Viniste por algún motivo…? —comenzó a preguntarle el reportero.

Pero ella lo interrumpió de golpe:

—Te llamas Jaime, ¿verdad?

—Sí.

Ya con las tres copas servidas, Giselle volvió a la pequeña sala.

—Aquí tienes —mencionó, ofreciéndole una copa a Jaime, que la aceptó casi por mero reflejo—. He oído que tú y Nico son buenos amigos.

—Sí, así es —respondió Jaime, dando un pequeño sorbo de su copa.

La sonrisa de Giselle se ensanchó.

—Muy… buenos… amigos…

Jaime no necesitó demasiada aclaración para saber a lo que se refería.

—Ah, claro. Bueno, eso es…

—Nico y yo también somos muy buenas amigas —declaró la diseñadora de golpe, tomando por sorpresa a Jaime. Se tomó incluso el tiempo de dar un sorbo de su copa antes de decir cualquier cosa más—. Sabes a qué me refiero, ¿cierto? ¿No te ha contado al respecto?

De nuevo, Jaime no necesitó más para entenderle, pero no pudo evitar cuestionarse si acaso estaba en verdad entendiendo tan bien como creía.

—No… En realidad, no —contestó con voz seria.

—¿Eso te incomoda, Jaime? —le preguntó Giselle con tono juguetón, pero él no respondió—. La verdad, espero que no, porque necesito tu ayuda para darle una sorpresa especial a Nico. Ya que ambos la apreciamos mucho.

—¿Qué tipo de sorpresa? —inquirió Jaime, inspirado principalmente por la curiosidad de saber a qué iba toda esa extraña situación.

Antes de que Giselle respondiera algo, la inquilina actual del departamento se hizo presente, saliendo por la puerta de la habitación con paso apresurado en cuanto escuchó aquella otra voz, que no debería estar ahí.

Las miradas de sus dos invitados (o más, bien de su invitado y de la otra persona, que casi entraba en la categoría de «intrusa») se fijaron en ella.

—¿Giselle? —masculló Nicole, notándose por mucho más desconcertada que molesta.

—Hola, Nico —saludó la diseñadora, poniendo énfasis en ese diminutivo de su nombre, que casi nunca (o nunca) la había escuchado usar con ella—. Estaba conversando con tu amigo, pero no es muy hablador. ¿Quieres una copa? Es un vino muy bueno el que te trajo.

Giselle tomó la copa que ya le había servido y se la extendió.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó Nicole con seriedad, mirando por encima de la copa que le ofrecía—. ¿Qué quieres?

Giselle bufó, divertida, y colocó con cuidado su copa y la de Nicole en la mesa.

—Ya te lo dije antes —respondió con voz juguetona, aproximándose con pasos cuidadosos hacia ella.

Nicole se mantuvo firme en su sitio.

—No quiero que estemos peleadas…

Una vez que Giselle estuvo lo suficientemente cerca, sin aviso, alzó ambas manos, tomó el rostro de la joven reportera entre ellas e inclinó su rostro hacia ella, plantándole un repentino y profundo beso con sabor a vino en los labios.

Aquello dejó estupefacto a Jaime, pero incluso un poco más a la propia Nicole, que se quedó quieta en su sitio unos segundos antes de poder reaccionar:

—Oye, espera… no… —masculló entre roce y roce de los labios de Giselle, arreglándoselas poco después para empujarla un poco hacia atrás, aunque no por completo—. ¿Qué te pasa? —soltó con ligera molestia—. ¿Acaso has estado bebiendo?

—Solo un poco para relajarme lo suficiente —indicó Giselle, acercando el dedo índice y pulgar de su mano derecha frente a su rostro, para ilustrar mejor su «poco»—. Pero no te preocupes; no estoy ebria. Tengo bastante tolerancia al vino, en realidad.

Se inclinó hacia ella con la clara intención de volverla a besar. Nicole desvió su rostro rápidamente hacia un lado, y los labios de Giselle terminaron tocando su mejilla. Esto no molestó a la pelinegra, y la besó un poco más en ese sitio, e incluso se aventuró hacia su oído.

—Detente —suspiró Nicole, despacio—. No frente a…

Calló de golpe, volviéndose al momento de nuevo, consciente de la presencia de su otro invitado. Nicole lo volteó a ver de reojo. Jaime seguía observando toda aquella escena desde su posición, totalmente confundido e indeciso sobre qué se suponía que debía hacer o decir.

Giselle siguió la dirección en la que Nicole miraba y sus ojos azules volvieron a posarse sobre el reportero.

—¿Frente a él, dices? —bromeó Giselle. Rodeó entonces con sus brazos el cuello de Nicole, jalándola hacia ella y haciendo que las mejillas de ambas se pegaran la una contra la otra—. ¿Esto ya te incomoda, Jaime? Porque yo creo que no tanto como Nicole cree.

—Basta —musitó Nicole, volviendo a apartarla de ella, aunque de nuevo no con tanta determinación como debería—. ¿Qué es lo que te propones con esto?

Giselle le sonrió en ese momento, con una dulzura que Nicole no recordaba haber visto en ella ni una sola vez.

Sus ojos incluso parecían brillar un poco, mientras la contemplaban fijamente, como si miraran lo más hermoso del mundo.

Aunque Nicole no quería (o no de forma consciente), lo cierto es que sintió mariposas revoloteando en su estómago y sus mejillas encenderse al sentir cómo la miraba de esa forma.

—Solo pensaba —comenzó a explicarse Giselle, mientras, con una mano, recorría el rostro de la interna, acomodándole con cuidado los mechones de su cabello—, que si los chocolates no te contentaron, quizás esto lo haga.

—¿Qué cosa? —inquirió Nicole con confusión.

La sonrisa «dulce» de Giselle se tornó algo provocadora de un segundo a otro. Miró de reojo a Jaime un instante y, luego, se inclinó de nuevo hacia Nicole. Esta vez no la besó, sino que le susurró despacio en su oído, como un íntimo secreto entre ambas:

—¿Nunca te has imaginado estar con los dos al mismo tiempo?

Nicole se sobresaltó al escuchar tal pregunta, haciéndose hacia atrás, aunque no lo suficiente para romper por completo el abrazo con el que Giselle la tenía sujeta.

—¿Con los dos…? —balbuceó Nicole, turnando su mirada entre Giselle y Jaime—. ¿Qué…? ¿Qué estás…? ¿Te refieres a…?

—No te hagas la inocente, que conmigo no te queda —desdeñó Giselle, tocando la nariz de Nicole con la punta de un dedo de forma coqueta—. Yo nunca, nunca, hago tríos con chicos, ¿oíste? Pero, por ti, haré una excepción, si tú lo deseas.

—¿Trío? —espetó Jaime de golpe, casi como si acabaran de despertarlo de algún extraño letargo—. Nicole… ¿Qué es esto…?

—En un minuto vamos contigo, Jaime —le indicó Giselle, sin apartar sus ojos de Nicole, aunque sí alzando un dedo hacia él para indicarle que guardara silencio—.

Sé que él te gusta, y sé que yo te gusto.

¿Nunca te has imaginado siendo complacida por los dos al mismo tiempo?

¿Ni una sola vez? ¿Ni siquiera luego de ver alguno de esos videos de los que me hablaste?