La chica del otro balcón Capítulo 24 #2
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Capítulo 24 #2

Giselle siguió en silencio un rato. Incluso tomó de regreso el block y su lápiz, volviendo a dibujar como si nada hubiera pasado. Pero lo primero que dijo luego de eso dejó en evidencia que no fue así:

—¿Estuviste husmeando donde no debías? —inquirió con un tono serio y frío, que Nicole nunca le había oído.

—Lo siento… —murmuró Nicole, poniéndose un poco nerviosa—. Fue un accidente…

—¿Por accidente revisaste un cajón cerrado?

Nicole no respondió nada; no creyó que pudiera responder algo que lograra, en verdad, justificar sus acciones.

El ambiente se estaba volviendo incómodo y Nicole se volvió cada vez más consciente de su desnudez.

Sus brazos se alzaron por sí solos, cubriéndose con ellos en un intento de no estar tan expuesta.

Creyó que Giselle le pediría que volviera a su posición, pero no lo hizo.

De hecho, ni siquiera la miraba. Tenía su atención fija en el papel y en los trazos de su lápiz.

—Pero sí, es de ella de quien hablo —comentó la dueña del departamento de pronto, rompiendo el silencio.

—Es muy linda, en verdad —señaló Nicole, con una media sonrisa—. Yo… Pensé que podría ser tu hermana… o tu novia.

Giselle continuó sumida en lo que hacía.

—¿También te…?

—¿También me qué? —espetó de golpe, alzando al fin su mirada hacia ella—. ¿Si me acosté con ella? Eso no te incumbe, ¿o sí?

—No, lo siento. Tienes razón…

Nicole no sabía qué hacer en esa situación. En todo el tiempo que llevaba de conocerla, nunca la había visto genuinamente molesta; comenzaba a creer que no le era posible ponerse así. ¿Sería mejor que se fuera y hablaran de eso en otra ocasión? ¿O debía seguir disculpándose…?

—No, nunca hubo nada parecido entre ella y yo —indicó Giselle tras un rato, volviendo al momento a su dibujo.

Nicole estaba por decirle que no tenía que decirle nada de eso, pero Giselle no le dio oportunidad alguna de hacerlo:

—Pero sí, justo como te lo estás preguntando en este preciso momento, no fue porque yo no hubiera querido. Pues Jessica es y siempre ha sido la única persona de la que he estado verdaderamente enamorada.

Nicole sintió que el aliento se le iba entero del cuerpo al oír eso, como un certero golpe en el estómago. ¿Había dicho «verdaderamente enamorada»?

—Lamentablemente, a ella solo le gustan los chicos —prosiguió Giselle—.

O, siendo más específica, solo le gusta un único chico.

Su único y verdadero amor, con el que ha estado desde secundaria.

Y me encantaría poder decir que es un tipejo imbécil y estúpido que no la merece, pero no es así…

La verdad es que es un chico muy lindo, amable y cariñoso.

¿Quién sabe?, quizás si hubiera aunque fuera una pizca de heterosexualidad en mí, hasta yo me hubiera fijado en él.

Pero lo más importante es que siempre la ha hecho feliz, muy feliz.

Y por eso nunca hice mi lucha, y es uno de los motivos por los qué me vine a esta ciudad.

Uno de tantos. Y tal vez es también uno de los motivos por los qué me cojo a tantas mujeres diferentes cada noche, imaginando a veces que lo estoy haciendo con mi mejor amiga, que ni siquiera se imagina que la veo de esa forma.

De seguro, se espantaría si supiera todas las cosas que me han cruzado por la mente estando a su lado.

Así que mejor las desquito con otras personas que no me son tan… importantes.

Nicole se quedó atónita al escuchar esas palabras, tan duras, tan frías, tan indiferentes al daño que pudieran hacerle a la persona que las escuchaba. ¿Era esa la verdadera Giselle?

Se abrazó con más fuerza a sí misma, sintiéndose además un tanto asqueada.

¿Qué estaba intentando decirle? ¿Que no solo no era tan importante como la tal Jessica, sino que, encima, se imaginaba que lo estaba haciendo con ella cada vez que estaban juntas?

¿Qué era entonces en realidad para ella?

¿Un reemplazo? ¿Una muñeca con la que podía jugar?

¿Y todo por qué su amiga de la infancia, la única persona «importante» para Giselle, nunca le hizo caso?

¿Cómo podía ser tan cruel en decirle eso solo por haber husmeado en uno de sus cajones?

Giselle dejó de dibujar de pronto. Tomó entonces el block con ambas manos y lo giró hacia Nicole, para que ella pudiera ver también el resultado final.

—¿Qué tal?, ¿te gusta? —preguntó, esbozando una sonrisa alegre, que, dado el contexto, resultaba hasta algo cínica.

Nicole observó el dibujo solo un instante, más por reflejo que por deseo.

Era hermoso, ciertamente; más de lo que se hubiera imaginado.

La forma precisa de su cuerpo, su silueta, sus piernas, su busto, el perfil de su rostro, la caída de su cabello.

La mujer dibujada sobre ese papel se veía tan linda que era difícil creer que fuera ella.

Pero la realidad era que nada de eso le importó a la modelo. En lugar de sentirse feliz o emocionada por el dibujo, lo único que inundaba la mente de Nicole en esos momentos era una gran repulsión al dibujo, a su artista y a todo ese espacio en el que se encontraba.

—¿Por qué me estás diciendo todo eso? —masculló Nicole con exigencia.

—¿No era lo que querías oír? —respondió Giselle con apatía, agachándose para tomar de regreso su copa de vino—. ¿No estabas husmeando en mis cajones buscando la verdad? Pues esa es la verdad, Nicole. Digiérela o escúpela.

Eso era todo. Nicole no quería seguir en ese sitio ni un segundo más.

Rápidamente se paró y comenzó a recoger su ropa del suelo y a vestirse con la mayor velocidad posible, sin siquiera detenerse a cuidar que las prendas le quedaran bien acomodadas.

Giselle no dijo nada para detenerla. En su lugar, se quedó ahí sentada, bebiendo lo que quedaba de su copa y mirando hacia otro lado.

Una vez vestida, a excepción de los zapatos, que prefirió llevárselos en la mano que perder más tiempo, Nicole se dirigió apresurada a la puerta del cuarto.

—Me voy —declaró ferviente mientras se alejaba.

—Sí, será lo mejor —le respondió Giselle escuetamente, agitando su mano libre en el aire.

Nicole no miró atrás. Se fue directo a la puerta principal, al pasillo, y, luego, a su propio departamento, encerrándose de inmediato en este. Las lágrimas no tardarían en brotar de sus ojos una vez que estuvo sola.