Capítulo 24
N icole no tuvo claro por qué había aceptado acompañar a Giselle a su departamento después de todo.
¿No estaba molesta e incómoda por el asunto de la foto y por la tal Bárbara?
¿No se encontraba cansada tras haber salido con Jaime?
¿No tenía trabajo al día siguiente? La respuesta a todas esas preguntas era «sí». Y, pese a eso, ahí se encontraba.
¿Había sido por mera curiosidad por saber con qué quería que le ayudara con exactitud? ¿O, simplemente, su vecina seguía teniendo esa curiosa influencia en ella, que la hacía hacer todo lo que le dijera, sin cuestionarse demasiado? Si era eso último, resultaba muy preocupante.
Al menos había dicho que no era nada sexual, y… en parte, era cierto…
Nicole sentía su corazón latir con fuerza, y se le dificultaba un poco tranquilizar su respiración.
Por un lado, había estado tantas veces en esa misma habitación en situaciones más embarazosas.
Y, aun así, no recordaba haberse sentido tan nerviosa como en ese momento, sentada en la orilla de la cama, sin una sola prenda de ropa cubriéndole el cuerpo, con sus piernas cruzadas, sus manos apoyadas en la cama a sus lados y su rostro volteando ligeramente hacia la derecha, como si viera algo fascinante en el horizonte.
Giselle, por su parte, estaba sentada en una silla frente a la cama, a unos metros de distancia de ella, y sostenía en un brazo uno de sus largos blocs de dibujo, mientras que, con su otra mano, pasaba velozmente su lápiz de carbón sobre el papel.
Sus ojos, de mirada bastante intensa y cubiertos en esos momentos con unos anteojos de elegante armazón, se turnaban del cuaderno a Nicole repetidas veces.
Cuando Giselle dijo que la quería como modelo para un dibujo, al principio Nicole pensó que era algún tipo de broma.
Cuando le pidió que se quitara toda la ropa y se sentara en la cama, pensó de inmediato que era algún tipo de truco para llevar las cosas hacia otra dirección.
Y, pese a esas dudas, hizo justamente lo que Giselle le indicó; quizás en un intento por ver hacia dónde iba todo eso en realidad.
Sin embargo, todo parecía indicar que las intenciones de Giselle eran sinceras.
Su anfitriona únicamente le sirvió un poco de vino para que se relajara, le ayudó a colocarse en la posición requerida, y, entonces, se sentó en esa silla con su bloc, lápiz y su respectiva copa de vino en el suelo, de la cual daba un sorbo cada ciertos minutos.
Y, por algún motivo, el saber que en verdad sí la iba a dibujar de esa forma puso a Nicole aún más ansiosa que si acaso su vecina hubiera intentado algo más.
Al menos ahora tenía una nueva experiencia a agregar a su lista: ser modelo al desnudo para un retrato.
—No te muevas, por favor —masculló Giselle despacio, mientras movía su lápiz—. Sé que es complicado, pero inténtalo.
—Lo siento —susurró Nicole rápidamente, forzando su cuerpo a retomar de nuevo la pose original, o, al menos, lo más cercano a esta—. ¿Por qué estamos haciendo esto, exactamente?
Giselle rio un poco, como si se estuviera acordando de algún chiste, que no estaba del todo dispuesta a compartir de momento.
—Me ayuda a soltar un poco la mano, despejar la mente, y, así, poder pensar en nuevos diseños —se explicó, sin dejar de trazar con rapidez—. Y tengo que presentarle unos cuantos a Ricky antes del próximo viaje, así que lo necesito.
—¿Ricky? ¿Te refieres a tu jefe?
—Ese mismo. Le gusta que sus empleados le digan así. Supongo que lo hace sentir más joven. Me dijo que le caíste muy bien, por cierto.
—¿En serio? No creo haber intercambiado más de dos frases con él.
—Sabe cómo leer la gente, o eso dice —explicó Giselle, encogiéndose de hombros—. Pero debe ser en parte cierto. Vio mi potencial y me contrató como diseñadora, después de todo.
—Claro —susurró Nicole por lo bajo, insegura de qué más podría agregar al respecto.
Ambas se quedaron en silencio un rato, Nicole concentrada en mantener su pose y Giselle en tirar trazos sobre el papel.
—Pensé que el sexo era lo que te ayudaba a despejar la mente —señaló Nicole de pronto, haciendo alusión a una de sus pláticas pasadas.
—Por supuesto —respondió Giselle con rapidez, sin ninguna vacilación—. Pero, a veces, un poco de contemplación tranquila del cuerpo de una hermosa mujer resulta relajante. Y el tuyo en específico es realmente atractivo, ¿sabes?
Nicole se sobresaltó un poco al escucharla decir tales palabras, que, si acaso eran un intento para calmarla, en realidad lograron el efecto contrario. Sintió que sus mejillas se calentaban, y las siguieron, poco después, el resto de su cuerpo.
—Nunca me lo habían dicho… exactamente —murmuró Nicole, con voz ausente—. Pero, de seguro, no es más atractivo que el de… tu amiga. Bárbara, ¿cierto?
—¿Detecto algo de enojo en esas palabras o es mi imaginación?
—musitó Giselle con tono burlón, apenas asomando un poco sus ojos por encima del borde del cuaderno de dibujo—.
Si algo he aprendido en mi trabajo es que cada cuerpo es hermoso en su propia forma.
Solo hay que saber cómo apreciarlo. Y, claro, saber también cómo vestirlo… o desvestirlo.
Giselle, siendo tan elocuente y acertada con sus palabras, como siempre, era realmente una persona más que fascinante. Cada vez que Nicole creía haberla comprendido, surgía algo nuevo en ella. Como esta nueva cualidad, que acababa de descubrir esa noche.
—No imaginé que supieras dibujar personas, además de ropa —indicó la joven reportera con curiosidad.
—De hecho, primero aprendí a dibujar personas, y, luego, a diseñar ropa —explicó Giselle, justo antes de dar un trago rápido a su copa—.
De niña creí que me dedicaría precisamente a hacer esto, como los artistas callejeros que se ponían en la plaza principal de mi ciudad a dibujar a los turistas.
Claro, esa idea a mi madre nunca le gustó en absoluto.
—Me imagino… —masculló Nicole, sonriendo divertida por la idea.
Le recordó la historia que su madre siempre contaba de que, de niña, Nicole decía que sería una superheroína cuando fuera grande, con capa, leotardo y toda la cosa.
Ella no recordaba eso, pero no veía por qué su madre mentiría al respecto—.
¿Y cómo te decidiste por el diseño de modas al final?
—Se podría decir que fue por una amiga. Mi mejor amiga, en realidad.
Aquella repentina mención atrajo por completo la atención de Nicole, tanto que, sin darse cuenta, jaló de nuevo su rostro hacia Giselle, y casi rompió por completo la pose del dibujo.
—¿Tu amiga? —inquirió, con el interés desbordando por sus ojos.
—Gira el rostro de nuevo, por favor —indicó la diseñadora.
Y Nicole rápidamente intentó recuperar la posición.
¿Había oído bien? Había mencionado no solo a una amiga, sino a una «mejor amiga». ¿Acaso estaría hablando de la chica de la fotografía? No era seguro, pero Nicole definitivamente quería saber más.
—¿A qué te refieres con que te hiciste diseñadora por esa… amiga? —murmuró Nicole, intentando disimular un poco lo mucho que aquello le atraía—. ¿Ella te convenció o algo así…?
—No precisamente —respondió Giselle, riendo un poco—.
Siempre fue una persona muy extrovertida e imaginativa.
En la secundaria, ella se unió al club de teatro y siguió en eso durante varios años, hasta la carrera.
Y, para no hacer la historia tan larga, por azares del destino terminé diseñando y confeccionando su vestuario en cada obra, sin excepción.
Cada atuendo más hermoso y elaborado que el anterior.
—Eso debió ser difícil.
—Más o menos —Giselle dejó un momento el lápiz y el cuaderno sobre sus piernas, y estiró un poco los brazos y las manos para calmar su aparente cansancio—.
Pero el trabajo siempre valía la pena al final, pues todo se le veía increíble por el simple hecho de ser ella.
Creo que, si hubiera tenido que pasar el resto de mi vida únicamente confeccionando para ella, no me hubiera quejado ni un solo día.
Nicole logró detectar algo diferente en la forma en que Giselle se expresaba de toda esa experiencia, y, en especial, de esa persona.
Era como si, por primera vez, esa máscara de perfección y elegancia que siempre tenía encima se hubiera retirado un poco, dejando a la vista un rastro de quién era la Giselle Leblanch real, alguien a quien Nicole sentía aún no conocer.
Y lo supo al momento, casi como si pudiera leerlo claramente en su mente. Quienquiera que fuera esa amiga, era alguien muy importante para Giselle. Más importante que la chica de aquella primera noche. Más importante que la tal Bárbara. Y… más importante que ella.
Y si acaso había considerado sentirse un poco celosa al verla en compañía de aquella mujer hacía un rato, eso no se comparaba a lo que sentía en esos momentos. ¿Era algún tipo de enojo, quizás…?
Lo que fuera, inundó por completo su cabeza, haciendo de lado cualquier otro pensamiento o razonamiento. Y quizás por eso tuvo el repentino atrevimiento de hacer la pregunta que la carcomía, sin pensar antes en las consecuencias que eso pudiera traer:
—Esa amiga de la que hablas… ¿es Jessica?
Y, en ese mismo instante, algo cambió en el ambiente de la habitación, como si alguien hubiera abierto de golpe las ventanas y dejado entrar un intenso aire frío.
Giselle reaccionó casi en cámara lenta. Primero abrió sus ojos, enfocándolos no en su invitada, sino en el suelo.
Bajó también sus brazos, luego de estirarse, y los posó sobre el block en sus piernas.
Se quedó quieta en esa pose unos momentos, como si su cerbero intentara aún procesar aquel cuestionamiento y hallarle forma.
Después, alzó de nuevo su mirada al frente, pero no en dirección a Nicole.
Sus ojos se posaron en un punto más allá de ella: el buró a sus espaldas, a un lado de la cama.
Y Nicole de nuevo lo supo: se había delatado, y de una forma bastante simple.