La chica del otro balcón Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

Aquella era, de hecho, una buena pregunta. ¿Estaba acaso molesta? Y si lo estaba… ¿Por qué, con exactitud?

¿Le molestaba acaso ver de esa forma a Giselle con otra mujer? Siendo objetiva, aquello sería un poco hipócrita de su parte, considerando que ellas dos solo eran… ¿amigas? Así se acababa de referir a aquella mujer, ¿no? La nombró como su «amiga».

Y bueno, además, ella acababa de volver justo de estar con Jaime en su departamento, así que, con más razón, no tenía motivo para renegarle nada.

«Pero quizás Jessica sí».

Nicole respiró profundo por su nariz, intentando calmarse. Luego esbozó la sonrisa más sincera que pudo, y se viró a mirar a su vecina, con actitud aparentemente más relajada:

—No, para nada —respondió, encogiéndose de hombros—. De hecho, estoy de muy buen humor esta noche.

—¿En serio? —musitó Giselle, aproximándose más, hasta casi pegársele por un costado. Y, susurrando cerca de su oído, le preguntó—: ¿Cómo para pasar a mi departamento un rato?

Nicole se sobresaltó, claramente sorprendida por la repentina propuesta y por lo que, sin lugar a duda, implicaba.

—¿Ahora? —masculló, entrecortada—. Pero ¿no acabas de…?

Con su dedo, inconscientemente señaló hacia el frente y hacia abajo, en dirección a la calle, al último punto en donde habían visto a la tal Bárbara, quien quizás aún seguía ahí, en su auto, preparándose para partir.

Como fuera, con ese pequeño gesto Giselle entendió bien lo que quería decir.

—Oh, sí —respondió sin vacilación, esbozando una amplia y casi embobada sonrisa—. Vaya que sí… Pero, por ti, me puedo esforzar un poco más.

Nicole sintió una extraña e inexplicable combinación de fascinación e incomodidad por tales palabras.

Por un lado, Giselle parecía querer decirle que era lo suficientemente «especial» como para intentar que ambas se divirtieran, pese a ya haberlo hecho esa noche.

Pero, por otro lado, le estaba proponiendo tener relaciones justo después de haberlo hecho con la tal Bárbara, y Nicole no estaba muy segura de si esa idea le agradaba mucho.

«Espera, ¿y qué me hace pensar que, en alguna de las otras ocasiones, no había estado con otra chica antes que yo y nunca me enteré? O, incluso, que haya estado con alguna otra después de mí».

Ambas cosas eran, de hecho, bastante posibles, ahora que lo pensaba. Sin embargo, resultaba un poco hipócrita de su parte que eso le molestara, pues, de nuevo, justo volvía de estar con Jaime…

«¡Pero yo nunca lo he hecho con ella después de haber estado con él!», se dijo a sí misma, como si aquello, de alguna forma, le diera algún tipo de posición más elevada en el asunto, cosa que, por supuesto, no era así cuanto más lo pensaba.

Las puertas del elevador se abrieron cuando llegaron a su piso y solo hasta ese momento Nicole reaccionó lo suficiente para poder responderle:

—Quizás otra noche —musitó con una media sonrisa, mientras avanzaban por el pasillo hacia sus departamentos—. Yo… estuve con Jaime hace rato, y creo que no tengo tan… buena condición como la tuya.

Nicole observó a Giselle de reojo, más interesada en ver si la mención de Jaime causaba alguna reacción tangible en ella. Sin embargo, nada en especial pareció cambiar en su actitud.

—Como gustes —respondió Giselle, encogiéndose—. Solo que, de la semana que viene a la otra, saldré de nuevo de viaje, y, en esta ocasión, será por varios días. Toda una semana entera, y un poco más, de hecho.

—¿No acabas de volver apenas hace poco?

—Sí, pero así es este trabajo. O, más bien, así es mi trabajo en específico. Como sea, tendré unos días ocupados, preparando algunas cosas antes del viaje. Pero… intentaré hacerme algo de espacio para ti, ¿de acuerdo?

Concluyó su comentario con un coqueto guiño de su ojo izquierdo.

Nicole sintió cómo sus mejillas, inevitablemente, se ruborizaron como respuesta a esto, e intentó disimularlo un poco, virándose hacia otro lado.

Sin embargo, no podía evitar recordar que Giselle le había dicho algo similar a Bárbara hacía un rato atrás, así que eso le quitaba un poco la emoción que aquello podría haberle causado.

—Bueno… Quizás podría ser este fin de semana, o el otro, antes de que te vayas —señaló Nicole, un poco nerviosa, estando ya de pie frente a su puerta—. Nos ponemos de acuerdo.

—Claro que sí —respondió Giselle—. Buenas noches.

—Buenas noches.

Giselle avanzó hacia su puerta y Nicole comenzó a sentirse aliviada al ver que la conversación terminaría por esa noche. Sin embargo, antes de que pudiera entrar y refugiarse en su departamento, Giselle se viró de nuevo hacia ella y pronunció:

—Oye, pensándolo bien: hay algo con lo que podrías ayudarme esta noche. Si estás dispuesta.

Nicole se giró hacia ella, con la manija de la puerta ya en su mano.

—¿Ayudarte? ¿Con qué?

—Nada que involucre mucho esfuerzo de tu parte. Y nada sexual, lo juro —respondió la diseñadora, alzando una mano en gesto de juramento—. Solo un par de horas, ¿qué dices? Tengo, además, una botella de vino abierta que requiere ser vaciada, si te interesa.

Nicole la observó de manera fija, notablemente dubitativa por esa nueva propuesta tan repentina, y que, encima, parecía querer mantener lo más ambigua posible. En verdad, una parte grande de ella se sentía cansada, por lo que preferiría irse a la cama para estar sola un rato y pensar.

Sin embargo…