Capítulo 22 #3
—Ya, pero ¿viste el último vestido? —dijo la primera de las voces, escuchándose ahora frente a los lavabos, bastante cerca de donde ellas estaban escondidas—. El violeta, me refiero. Estaba divino, pero no sé si me atrevería a usarlo. Si de mi padre dependiera, usaría solo atuendos de monja.
—Pues no le pidas permiso —le respondió risueña la segunda voz—. Cómpralo, y, en la siguiente fiesta a la que vayamos, sales de tu casa con un vestido aburrido y te cambias en mi casa. Igual tu papá nunca revisa los estados de cuenta de la tarjeta; solo la paga y ya.
—Para ti es fácil decirlo. Tu papá te deja hacer lo que te dé la gana.
—Que no se moleste siquiera a voltear a ver lo que hago no es lo mismo a que me «deje hacer» lo que quiera.
—Para el caso no le veo mucha diferencia.
—Tal vez. Igual no sé para qué me trae a estos eventos si se la va a pasar toda la noche hablando con sus amigos.
Ambas chicas conversaban animadamente, y, aunque no las veía, Nicole supuso que debían estar frente a los espejos, retocándose.
Cuando fue capaz de reaccionar, retiró rápidamente la mano de entre las piernas de Giselle, como si le hubiera quemado.
Giselle la imitó, aunque con menos prisa.
De hecho, a Nicole no le pasó inadvertida la sonrisita divertida que Giselle tenía en los labios en esos momentos.
Nicole no veía su propio rostro, pero intuía que sonreír era lo que menos hacía en ese momento.
—¿Vas a ir al afterparty ? —preguntó una de las chicas a su acompañante.
—No lo sé —respondió la otra—. Depende de si mi papá piensa ir o si tiene algo más pensado para después de esto. A veces le da porque vayamos a cenar o algo así, y fingir que tuvimos una linda noche de padre e hija. ¿Y tú?
—No sé. Mañana tengo clases temprano. Pero quizás vaya un rato…
Nicole se sentía más y más ansiosa conforme pasaban los segundos. ¿Qué tanto estaban haciendo? ¿No podían tener su conversación en otro lado? Parecía incluso que lo estuvieran haciendo a propósito.
Miró hacia Giselle, pero ella seguía sonriendo, aparentemente más divertida que preocupada. De hecho, sus ojos parecían chispear de una forma particular, una forma… un tanto aterradora.
Dio de pronto un paso hacia ella y Nicole, por reflejo, quiso retroceder, pero en aquel reducido espacio le fue imposible.
Giselle cortó de tajo la distancia entre ambas con el siguiente paso, quedando su cuerpo totalmente pegado al de ella.
Nicole se quedó inmóvil, tensa y confundida.
Con un movimiento rápido, Giselle la tomó de la cintura y la hizo sentarse de un jalón en la tapa cerrada del inodoro.
—¿Qué…? —masculló Nicole, desconcertada. Pero fue callada al instante por un beso repentino en los labios. Quizás fue lo mejor, pues, entre la confusión, habría levantado de más la voz.
Giselle se separó solo unos milímetros de ella y la miró con intensidad a los ojos.
—No hagas ruido —le susurró muy bajo.
Y antes de que Nicole pudiera entender lo que le decía, sintió cómo la mano de Giselle se abría paso de nuevo por su pantalón, aún abierto, y sus dedos volvían a rozar su cálido y sensible sexo.
—¡¿Qué haces…?! —musitó Nicole. Y aunque lo hizo en voz baja, eso atenuó la angustia en su voz.
—Tampoco te muevas —susurró Giselle sobre sus labios—. O también se podrían dar cuenta.
—Por eso mismo no…
Sus quejas se esfumaron de sus labios cuando Giselle introdujo dos de sus dedos dentro de ella, presionando una zona precisa que casi la hizo gritar, si no fuera porque tuvo los reflejos suficientes para cubrirse la boca con ambas manos y prevenir que se escuchara.
Giselle rio por lo bajo; al parecer, le divertía verla así. Y, por su expresión, Nicole se dio cuenta de que también le excitaba. La miraba fijamente, admirando cada pequeña reacción que surgía en el rostro de Nicole con cada uno de los movimientos de sus dedos.
El miedo a ser descubierta, a que alguna de esas dos chicas se diera cuenta, debería ser suficiente para que todo aquel calor en Nicole se bajara, pero, extrañamente, no era así.
Ella ya se encontraba hasta hacía poco al borde del orgasmo, por lo que estaba muy sensible, y los movimientos precisos y expertos de Giselle no hicieron más que hacer que todo eso volviera a elevarse de manera exponencial.
Afuera, las dos chicas rieron de algún comentario de alguna de ellas, que Nicole no alcanzó a escuchar.
Nicole cerró los ojos, intentando controlar su respiración y los espasmos de su cuerpo, pero cada vez resultaba más difícil.
Giselle solo sonreía, cautivada por las hermosas expresiones que se dibujaban en el rostro de Nicole.
—¿Qué crees que pasaría si nos descubren? —susurró Giselle de pronto, tan bajo que a Nicole le pareció comprender más sus palabras por las vibraciones que estas hacían en su piel que por su sonido—. ¿Se escandalizarían? ¿Llamarían a seguridad? ¿O quizás les interese unírsenos?
—¿Qué? —exclamó Nicole, pasmada, abriendo sus ojos de nuevo, encontrándose con la mirada pícara y juguetona de Giselle.
—Solo bromeo —le respondió, mostrándole un poco la lengua—. No creo que estés lista para algo como eso… ¿O sí? —le preguntó con un tono seductor, como un ronroneo, mientras los movimientos de sus dedos se volvían solo un poco más rápidos.
—¿Lista… para qué…? —susurró Nicole muy despacio, aunque claro que había entendido la insinuación.
A pesar de que intentó despejar enteramente aquella idea de su cabeza, la imagen fugaz que se dibujó en su mente fue suficiente para que una descarga le recorriera el cuerpo entero, desde la cabeza hacia su parte baja, haciéndola temblar y que un pequeño gemido saliera de su boca, más alto de lo esperado.
—¿Oíste eso? —preguntó una de las chicas de afuera.
Nicole respingó, asustada. Se volvió a tapar la boca con ambas manos, y miró hacia la puerta, aún cerrada, del cubículo, como si pudiera ver a las dos chicas a través de ella.
—¿Qué cosa? —preguntó la otra.
—No lo sé, un ruido —añadió la primera.
Ambas se quedaron un rato en silencio, posiblemente esperando a escuchar algo más.
Y aquel habría sido un momento perfecto para detenerse, pero Giselle no pareció verlo así.
Al contrario, se enfocó en acelerar los movimientos de sus dedos e incluso se dirigió al delgado cuello de Nicole, comenzando a besárselo y lamerlo con voracidad, de arriba abajo.
Nicole solo temblaba sobre el inodoro; sus gemidos mitigados por sus dos manos, bien apretadas contra su boca, e incapaz de pronunciar protesta alguna.
No debería sentirse tan bien; su cuerpo no debería estarle temblando de esa forma, y, en especial, Nicole no debería estarse dirigiendo en picada hacia el clímax, como si se hubiera lanzado con impulso a una resbaladilla.
Giselle también lo pudo notar en todas sus reacciones, y se emocionó notablemente.
Comenzó a mover sus dedos con más rapidez en círculos, al tiempo que seguía besándole el cuello; todo al mismo tiempo que las dos chicas de afuera seguían aguardando por si escuchaban algún sonido sospechoso…
Nicole fue inundada por el ferviente deseo de matar a Giselle y, al mismo tiempo, de besarla. Y, claro, inundada también por muchas otras cosas más…
Cuando al fin el placer máximo que se había estado acumulando en ella explotó y la sacudió entera, este intentó empujarse fuera de ella en forma de un tremendo grito.
Por suerte, fue apenas un discreto quejido, amortiguado enteramente por sus manos contra su boca.
Eso no evitó, sin embargo, que el orgasmo se sintiera tan intenso y desbordado que Nicole casi creyó que se desmayaba.
Giselle la contempló, con sus ojos chispeando y esa molesta sonrisita divertida.
—Yo no escucho nada —comentó una de las chicas de afuera solo dos segundos después de que el orgasmo de Nicole se fuera amortiguando—. Vámonos. Nos vamos a perder el final.
—Sí, sí —respondió la otra, aunque su voz ya sonaba más lejana—. ¿Trajiste tu auto? Podríamos ir a…
El resto de la conversación ya no llegó a sus oídos en cuanto la puerta se cerró detrás de ellas, y Nicole y Giselle se quedaron de nuevo solas en el baño.
Nicole pudo, al fin, retirar las manos de su boca y respirar con agitación para intentar recuperar el aliento luego de tan estimulante, aunque aterradora, experiencia.
—¿En serio? —susurró entre jadeos, abriendo los ojos para mirar con dureza a la chica delante de ella—. ¿En qué estabas pensando?
—En muchas cosas —respondió Giselle, riendo divertida.
Con cuidado, retiró su mano del interior de su ropa interior y Nicole respingó un poco al sentir ese último roce de sus dedos al moverse.
—Lo siento, creo que me dejé llevar un poco —añadió Giselle con tono juguetón.
—¿Solo un poco? —le recriminó Nicole, más con la mirada que con sus palabras.
—Pero al final salió bien, ¿no?
Nicole no le respondió, pues no sabría bien cómo describir lo que había ocurrido en ese sitio.
Nunca había hecho nada parecido a eso antes, y, al menos, aburrido no fue, eso sí lo podía asegurar.
Pero al parecer Giselle estaba más que acostumbrada a estas cosas, no muy diferentes a lo que había hecho con esas dos chicas en su balcón.
De seguro lo había hecho varias veces con otras chicas…
Quizás incluso con la tal Jessica.
Nicole agitó su cabeza e intentó disipar aquel pensamiento. Ya casi se había olvidado de esa tonta fotografía, ¿por qué tenía que volver a ella justo en ese momento? O más importante: ¿por qué era tan difícil simplemente soltar ese tema y ya?
La interna pasó sus dedos por sus cabellos rubios, retirándolos de su frente e intentando acomodarlos de forma torpe. Cuando su respiración se regularizó y las fuerzas volvieron a su cuerpo, se levantó de la tapa y comenzó a abrocharse de nuevo su pantalón y a acomodarse sus ropas.
—Deberíamos volver —comentó—. Creo que dijeron que el desfile ya estaba terminando.
—Es lo más probable —concedió Giselle.