Capítulo 22
E l salón entero fue consumido por el retumbar de la música en las bocinas, que silenciaron cualquier conversación. La voz de la presentadora de la noche no tardó en hacerse también presente, dándoles la bienvenida a todos los asistentes e inicio al evento principal de la velada.
Nicole nunca había estado antes en un desfile de modas, aunque había visto alguno por televisión en el pasado.
A pesar de que sabía que no era su ambiente, en cuanto todo comenzó, se sintió rápidamente jalada hacia el flujo de luces, colores y sonidos que la envolvían.
Sus dudas y preocupaciones se fueron esfumando en cuanto las modelos comenzaron a salir, una a una, a pasearse por la larga pasarela como diosas perfectas y hermosas.
Sus cuerpos esbeltos avanzaban, envueltos en sedas y encajes que fluían como agua con cada uno de sus pasos. Cada prenda era más hermosa que la anterior. En su mayoría, las ropas que modelaban eran vestidos casuales, de medio largo y colores primaverales, y uno que otro conjunto más formal.
Nicole alzó de inmediato su cámara y comenzó a tomar repetidas fotos; al menos, de entre tres y cinco a cada modelo. No sabía bien qué debía hacer o en qué ángulo, pero intentó hacerlo lo mejor posible. ¿Qué otra cosa le quedaba?
Mientras Nicole se concentraba en su trabajo, a su lado Giselle observaba todo en silencio. Aunque su mirada cautivada veía menos a los vestidos en la pasarela y más al rostro embelesado e iluminado de su acompañante. Nicole se veía tan hermosa mientras se concentraba de esa forma.
—¿No crees que ese vestido rosa es perfecto para ti?
—murmuró Giselle de pronto, señalando sutilmente con la barbilla hacia la modelo que acababa de salir, una chica alta de piel morena, que lucía un diseño ceñido a su cuerpo, con sus hombros y brazos al descubierto—.
Creo que quedaría perfecto con tu tono de piel. ¿No opinas igual?
Nicole bajó la cámara un segundo, observando a la modelo y a su vestido directamente, y no a través de la mirilla de su cámara.
—Tal vez —respondió con voz distraída, inclinando la cabeza hacia un lado—. Aunque definitivamente no me quedaría tan bien como a ella. Y desde aquí puedo ver que debe estar muy, muy lejos de mi presupuesto.
Giselle dejó escapar una risita divertida como respuesta inmediata a su comentario.
—Oh, no estoy de acuerdo —susurró con tono pícaro, acercándose hacia ella apenas unos cuantos centímetros más, pero lo suficiente para que su aliento rozara el lóbulo de la oreja de Nicole al hablar—.
Yo creo que te quedaría mucho mejor a ti.
Ricky lo dijo, ¿recuerdas? Tienes una estructura ósea… interesante.
Nicole contuvo el aire al sentir cómo le susurraba tan de cerca. Su cuerpo tembló ligeramente, reaccionando a aquel repentino roce y al calor que irradiaba del cuerpo de Giselle hacia ella.
—Sí, bueno… —masculló nerviosa, sonriendo levemente—. Aun no entiendo bien lo que eso significa…
—No importa mucho, en realidad —confesó Giselle con voz traviesa, justo antes de que los dedos de su mano comenzaran a moverse sutilmente por la piel expuesta del brazo de Nicole, apenas rozándola con sus yemas—.
A mí no solo me gustan tus huesos, sino muchas, muchas otras cosas de ti —añadió de nuevo, susurrando peligrosamente cerca de su oído.
Nicole volvió a temblar, sin poder controlarlo.
El salón estaba lleno; el sonido de la música y la voz de la presentadora se mezclaba con el de los flashes de las cámaras y una que otra conversación ocasional del público que se filtraba entre todo.
Aun así, por ese instante, para Nicole todo desapareció y solo existió el sonido de la voz de Giselle en su oído y la sensación eléctrica de sus dedos moviéndose sobre su piel.
Bajó en ese momento por completo su cámara a su regazo y desvió su atención de la pasarela hacia Giselle.
Sus ojos se encontraron con aquellas dos joyas zafiro que eran los ojos de su vecina, brillantes y seductores como siempre, pero con esa intención oculta asomándose desde detrás de ellos, que Nicole había aprendido rápidamente a reconocer.
—¿En qué… estás pensando? —preguntó con un dejo nervioso, dudosa de si quería escuchar o no la respuesta.
El rostro de Giselle se transformó abruptamente en una máscara de falsa inocencia.
—¿Por qué crees que estoy pensando en algo? —le regresó la pregunta.
Antes de que pudiera pensar siquiera en una respuesta, Nicole sintió cómo la mano de Giselle se colocaba abruptamente sobre su muslo, acariciándolo de una forma suave, pero firme, sobre la tela de su pantalón, que, en esos momentos, le pareció tan delgado que casi sentía la palma entera de la diseñadora sobre su piel.
—¡Giselle! —siseó Nicole, tensa.
Echó rápidamente una mirada a su alrededor para cerciorarse de que nadie las estuviera viendo. Y, en efecto, nadie lo hacía. Por supuesto, todo el mundo estaba más concentrado en el espectáculo en el escenario que en ellas dos. Aun así, eso no la tranquilizó.
—Alguien podría vernos —le susurró entre dientes, nerviosa.
—¿Eso crees? —le respondió Giselle de forma juguetona, moviendo su mano de manera más osada sobre su muslo, acercándose peligrosamente al área de su entrepierna; pero, de momento, manteniendo su distancia—. Quizás sí, quizás no. ¿Te molestaría mucho si eso ocurriera?
Aunque su mente gritaba «¡Por supuesto que sí!
», Nicole no fue capaz de exteriorizar dicha idea.
En su lugar, intentó simular normalidad, mirando hacia el frente como si nada pasara.
Incluso alzó su cámara y tomó un par de fotos más, aunque de seguro serían las peores de la noche, pues era incapaz de concentrarse lo suficiente para enfocar como era debido.
Los dedos de Giselle se movieron juguetones hacia la parte interna del muslo de Nicole, provocándole pequeñas cosquillas, que la recorrieron desde ese punto exacto y hacia su cuerpo entero.
Por mero reflejo, Nicole apretó sus piernas.
Pero aquello resultó peor, pues, en el proceso, atrapó los dedos de Giselle, provocando que el contacto de estos contra aquella zona fuera aún mayor.
Un pequeño suspiro se escapó de los labios de Nicole, que ella intentó ingenuamente ocultar, tapándose la boca con la cámara fotográfica.
—Tranquila —le insistió Giselle, posiblemente al notarla tan tensa, susurrándole en voz muy, muy baja—. Todos están demasiado ocupados admirando a las modelos. ¿Qué les puede importar lo que nosotras estemos o no haciendo?
En parte, Nicole sabía que tenía razón; pero algo dentro de ella le decía que eso no podía ser del todo cierto.
Entre toda esa multitud, alguien tenía que notarlo, ¿no?
Habría miradas fugaces y sonrisas ladinas mientras las señalaban desde la distancia.
Y aunque la idea era escandalosa y preocupante, Nicole se sorprendió al notar que, de hecho, le aceleraba notablemente el pulso.
Y no era solo por miedo, sino una combinación de este y otra cosa.
El sentimiento no era desconocido en realidad, pues ya había sentido algo parecido antes: en su balcón, aquella inolvidable noche en la que Giselle estaba en el otro lado con otra chica.
Las piernas de Nicole se relajaron y liberaron la mano de Giselle de su apretón.
Incluso se separaron un poco más que antes, como una invitación silenciosa a que continuara.
Una sonrisita astuta se dibujó en los labios de Giselle, quien, por supuesto, aceptó dicha invitación.
Se inclinó hacia ella desde su silla, prácticamente pegando su torso contra su brazo, y se atrevió, ahora sí, a aproximar sus dedos hacia el punto más cálido entre las piernas de Nicole, que rogaba sin palabras por su atención.
Nicole se mordió ligeramente el labio inferior al sentir aquel roce, intentando evitar que su voz se escapara de más.
No sabía cómo interpretar que aquello le excitara más de lo que se hubiera imaginado, y tampoco tenía cabeza para meditar demasiado en ello.
Pero ese era el efecto que Giselle tenía en ella: la empujaba a sentir cosas que, de otra forma, nunca se atrevería.
Alzó su rostro sonrojado e intentó fijar su mirada en la pasarela para disimular, aunque la realidad era que no lograba ver con claridad mucho del desfile.
Gran parte de sus sentidos se enfocaban únicamente en la mano de Giselle entre sus piernas y en lo que estaba haciendo sobre su pantalón.
Y, claro, en lo que podría hacer si dicha prenda no estuviera en medio…
De pronto, mientras recorría su vista sin un rumbo fijo, algo resaltó entre la neblina de confusión y luces. Como Giselle había dicho, todas las miradas estaban puestas en las modelos desfilando y nadie reparaba en ellas… Excepto un par de ojos verdes al otro lado de la pasarela.
Nicole se tensó enormemente al darse cuenta de que aquella misma chica de hace un rato, la que estaba sentada al lado de Strivanza, de nuevo la estaba mirando…
y con bastante interés. De hecho, cuando sus ojos se encontraron y la expresión de sorpresa de Nicole dejó claro que se había dado cuenta de que la miraba, en lugar de avergonzarse o apartar la mirada, aquella chica le sonrió.
Pero no fue una sonrisa amistosa o agradable, sino más bien una que provocó en Nicole un desagradable escalofrío, que le recorrió la espalda.
—Para —susurró en voz baja, tomando rápidamente la mano de Giselle con algo de firmeza.
Giselle se detuvo y se giró para mirarla con interés.
—¿Qué pasa? —susurró despacio, con complicidad—. ¿Tienes miedo?
—Por supuesto que sí —le respondió Nicole entre dientes—. Este… no es el sitio para eso…
Nicole pensó que era más fácil dar esa explicación que intentar contarle a Giselle sobre la chica misteriosa que las había atrapado en el acto. Además, no era mentira: en efecto, no era el sitio en lo absoluto.