Capítulo 21 #3
Una pregunta que no pronunciaría en voz alta. De todas formas, presentía que ya sabía la respuesta.
Su mirada se desvió, distraída, por su alrededor, intentando pensar en otra cosa y alejar a aquel fantasma desconocido de nombre «Jessica», que la seguía acosando desde que encontró esa fotografía.
Ni siquiera sabía quién era esa persona en realidad, ni qué relación tenía con Giselle, y no estaba en una posición de tener que saberlo.
Aun así, ¿por qué dejaba que aquello le afectara tanto?
Al mirar a su alrededor, notó que varios de los asistentes comenzaban a tomar asiento, previendo el inminente comienzo del evento.
Por ahí, desde el extremo de la pasarela, vio a Maxim, con su cámara colgando ahora de su cuello.
Unos cinco lugares de donde estaba ella, le pareció divisar a Lucy, que dictaba a su grabadora de mano mientras recorría su mirada por el recinto.
«Ah, así es como ella toma notas», pensó con sincero interés.
Nunca le había pedido que se las transcribiera, pero Nicole había supuesto que todos debían hacerlo en una libreta, igual que Jefferson y Jaime.
Ahora debía admitir que el método de la grabadora le pareció más útil.
Quizás ella misma lo haría así cuando también le tocara escribir sus propios artículos. Claro, si es que eso ocurría algún día.
Se mantuvo un poco más centrada en aquella idea. Pero su mirada siguió moviéndose casi en automático por el resto del salón, sin prestarle menor atención a ninguno de los otros rostros sentados… Hasta que divisó uno en especial, delante de ella, justo en las filas al otro lado de la pasarela.
Sentados en la segunda fila de aquel lado, Nicole se encontró de nuevo, con horror, con el mismo rostro que tanto la escandalizó hacía un momento. Carlo Strivanza estaba sentado, con sus piernas cruzadas y actitud relajada, al tiempo que platicaba animadamente con el hombre acomodado a su lado.
«Rayos, rayos, rayos», Nicole repitió varias veces en su cabeza, encogiéndose en su silla de forma involuntaria, como queriendo esconderse de alguna manera.
—¿Estás bien? —le preguntó Giselle, mirándola con curiosidad.
—¡Sí! ¡Todo bien! —exclamó Nicole con fingida emoción, sentándose de nuevo derecha. No obstante, siguió un rato más con la mirada agachada, temerosa de mirar al frente.
Respiró hondo, intentando tranquilizarse, al tiempo que se repetía de nuevo que de seguro estaba siendo exagerada.
¿Qué podría importarle a una persona como ese hombre una simple interna como ella?
Es más: lo más probable es que ni siquiera supiera que lo era, o para quién trabajaba.
Ella no era nadie en el mundo para él, y, por primera vez en su vida, eso resultaba algo bueno.
Con algo de timidez, alzó de nuevo la mirada hacia el frente.
Pudo cerciorarse de su propia conclusión: Strivanza reía y hablaba con su acompañante, sentado a su izquierda, sin la menor noción de la presencia de ella.
Nicole respiró aliviada, sintiendo cómo, poco a poco, aquellas absurdas preocupaciones dejaban su cuerpo.
Aunque esa sensación de alivio le duró solo unos segundos, al notar que, si bien Strivanza y su acompañante de la izquierda no reparaban en ella, no era el mismo caso para quien estaba sentado a su diestra.
Desde el otro lado de la pasarela, un par de ojos verdes, afilados como los de un felino y enmarcados por los largos mechones anaranjados, que caían sobre aquel rostro delgado y hermoso, la miraban fijamente, con gesto curioso.
Era la misma chica joven de vestido verde que había visto con Strivanza hacía un rato.
Nicole se tensó al instante. Intentó desviar su mirada hacia otro lado, pero, por algún motivo, no le fue posible.
Aquella muchacha le sostuvo la mirada sin ningún problema por varios segundos, en los que pareció ni siquiera pestañear.
Y, entonces, una sonrisilla astuta se dibujó en sus labios, como si el rostro de Nicole le hubiera recordado algún chiste.
Tragó saliva, nerviosa. ¿Qué significaba esa mirada? ¿Qué significaba esa sonrisa? ¿Y quién era esa chica…?
El incómodo, aunque intenso, intercambio de miradas terminó en el instante en el que una chica de cabello negro y vestido morado se sentó justo al lado de la de vestido verde, jalando de inmediato la atención de esta.
Sonrió emocionada al ver a la recién llegada, la rodeó con sus brazos y las dos comenzaron a charlar de manera, al parecer, animada.
Y, de nuevo, Nicole volvió a sentirse calmada, hasta el segundo en el que la música comenzó a sonar con más fuerza en las bocinas cercanas. Las luces del salón se oscurecieron al mismo tiempo, reemplazadas por la de los reflectores, que apuntaron hacia el escenario.
—Ya va a comenzar —le informó Giselle en voz baja, a su costado.
Nicole asintió y se dispuso a alzar su cámara, lista para hacer de lado cualquier otra distracción y concentrarse en tomar cuántas fotos pudiera. Aunque la realidad era que la mayor distracción estaba, de hecho, sentada justo a su lado.