La chica del otro balcón Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—Hay alguien por allá que no me apetece tanto ver —le susurró en voz muy baja, como un secreto. Se acomodó entonces un mechón de cabello sobre su oreja con la clara intención de mirar sutilmente de nuevo—. Pero ya nos vio —declaró, bastante inconforme.

A Nicole le sorprendió ver a Giselle comportarse de esa forma. Era verdad que no llevaban conviviendo por mucho tiempo, pero siempre se le veía de tan buen humor y sin que nada, ni nadie, le afectara. ¿Qué persona podría causarle tal reacción?

Incapaz de mitigar su curiosidad, Nicole se asomó hacia atrás de Giselle. Al principio le fue complicado identificar a alguien que resaltara entre la multitud, pero luego notó a una persona en específico, que se dirigía justo en su dirección, con una sonrisa casi socarrona en los labios.

En un primer vistazo, Nicole pensó que se trataba de un chico; pero, conforme se fue acercando, se percató de que en realidad era una mujer bastante alta, de piel bronceada y cabello platinado muy corto a los costados y detrás, pero algo largo de la parte frontal, con su fleco cayendo sutilmente sobre su ojo derecho.

Vestía de una forma un tanto andrógina, con un traje esbelto de pantalón y saco azul oscuro.

En una de sus manos, Nicole notó que sujetaba una cámara fotográfica, mucho más grande y profesional que la que ella traía consigo, sin duda.

—Vaya, vaya, pero si es Giselle Leblanch —la mujer exclamó en alto, con alegría, una vez estuvo lo suficientemente cerca de ellas—. Justo la chica que esperaba encontrarme esta noche.

Giselle, quien aún en ese momento le daba la espalda, dejó escapar un largo suspiro y Nicole pudo notar la molestia que se apoderaba de su rostro. Sin embargo, casi al instante se forzó a dibujar una sonrisa en sus labios, antes de girarse por completo a encarar a aquella persona.

—Hey, Maxim —la saludó con un dejo divertido—. Sí, qué sorpresa encontrarte aquí. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Casi dos años, creo —indicó Maxim, aproximándose más e inclinándose un poco hacia ella, de una forma que a Nicole le pareció casi invasiva, aunque Giselle permaneció impasible en su lugar—. No me llamas, no me escribes… —añadió, con un marcado dejo de reproche.

—Pues me dijeron que te habías ido de la ciudad —masculló Giselle con ligera indiferencia, encogiéndose de hombros—. Y tampoco me avisaste.

—Fue repentino, pero ya volví. Siempre vuelvo a donde el corazón es feliz…

Mientras pronunciaba aquellas palabras, su rostro se fue girando poco a poco hacia Nicole, que respingó un poco, sorprendida, al sentir aquellos ojos azules sobre ella.

—Maxim Stuart —se presentó con elocuencia, extendiendo una mano hacia Nicole.

—Nicole. Encantada —le respondió esta a su vez, estrechando con timidez su mano. Su apretón fue más fuerte de lo que se esperaba.

—Bonito nombre —masculló Maxim en voz baja, y Nicole no tuvo claro si lo decía en serio o estaba siendo sarcástica—. Veo que has estado ocupada mientras no estuve —indicó con ironía, girándose de regreso hacia Giselle.

—Igual que tú, de seguro —añadió la diseñadora, señalando hacia la cámara que sujetaba—. ¿Para quién trabajas ahora?

—Independiente, más o menos. Trabajo para quien me haga la mejor oferta. ¿Me dejan tomarles una?

Alzó su cámara frente a su rostro, con la clara disposición de tomarles una foto a ambas. Nicole, por mero reflejo, intentó acomodarse el cabello y pararse derecha, pero Giselle no se lo permitió del todo, pues la tomó en ese momento de la muñeca y la jaló fuera del foco de la cámara.

—Quizás después. El evento está por comenzar y necesitamos tomar asiento —informó Giselle, mientras jalaba a su invitada de la noche hacia las sillas alrededor del escenario.

Nicole no se pudo oponer. O, más bien, no supo bien si debía hacerlo.

—Hey, no se te olvide que tenemos una plática pendiente tú y yo —escucharon cómo Maxim pronunciaba en alto detrás de ellas para que su voz se hiciera escuchar sobre la música y el ajetreo.

—Sí, claro —le respondió Giselle escuetamente, agitando una mano en el aire a modo de despedida.

Todo aquel encuentro fue ciertamente… extraño para Nicole.

Giselle la guio hacia un par de sillas en la primera fila, por el costado izquierdo de la pasarela, y se sentaron una al lado de la otra.

—Desde aquí podrás tomar buenas fotos, ¿ves? —indicó Giselle con elocuencia, señalando con su mano hacia la tarima.

—Sí, gracias —respondió Nicole en voz baja, aunque en su cabeza daba vueltas otra cosa en esos momentos—. Maxim parece una persona… interesante.

Giselle resopló de forma desdeñosa y se cruzó de piernas. El movimiento dejó a la vista una parte generosa del muslo de Giselle, debido al corte lateral del vestido, algo que inevitablemente captó la atención de Nicole por un instante, pero ella de inmediato se volteó a otra dirección.

—Es un poco pesada —declaró Giselle con sequedad—. Hace tiempo que no nos veíamos, y, la verdad, preferiría que hubiera seguido siendo así.

—¿Por qué? —cuestionó Nicole con curiosidad—. Se ve que le agradas y que le da gusto verte. ¿Ella y tú…?

No terminó la pregunta. No porque esta le diera pena, sino más bien porque no le parecía que fuera el mejor sitio para hacerla. No obstante, Giselle no parecía compartir la misma idea; aunque, a su favor, fue lo suficientemente discreta.

—¿Qué si estuvimos juntas? —susurró Giselle en voz baja, con una sonrisita taimada en los labios—.

Sí, algo así. Pero fue hace mucho. Ella trabajaba como fotógrafa para otra revista con la que tuvimos una fuerte campaña, y ahí nos conocimos.

Es una gran fotógrafa, muy famosa y cotizada.

Pero también es muy presuntuosa y tediosa cuando pasas más de dos horas en su compañía.

Cuando se fue de la ciudad y perdimos contacto, la verdad no me molestó demasiado.

Nicole escuchó toda aquella descripción tan escueta y, a la vez, bastante contundente, sintiendo cómo un nudo se iba formando en su estómago.

No le agradaba mucho oír a Giselle referirse de esa forma hacia una persona que…

bueno, al menos en algún momento debió ser importante para ella, ¿no?

Aunque fuera un poco. Y ahora no disimulaba demasiado su desagrado por habérsela encontrado.

Nicole no conocía a Maxim, y era probable que, si lo hiciera, llegaría a pensar quizás lo mismo que Giselle había mencionado hace un momento. Aun así, no pudo evitar sentirse un poco… identificada con ella.

—Vaya —susurró despacio, mirando pensativa hacia el frente—. Espero que nunca digas eso de mí —soltó de pronto, con el adecuado dejo de humor en su voz para intentar aligerar el comentario, aunque era evidente que había algo más debajo de eso.

Y Giselle por supuesto que lo notó:

—¿De ti? ¿Qué dices? —masculló, acompañada de una ligera risilla, como si aquella fuera la más absurda de las ideas—. Claro que no, querida. Tú eres especial —añadió con un tono cariñoso, al tiempo que se inclinaba hacia ella, susurrándole en voz muy baja, solo para sus oídos.

Nicole le sonrió, en apariencia agradecida por el comentario. Aunque, por dentro, la pregunta que invadía su mente era:

«¿Especial, como Jessica?».