Capítulo 20
N icole intentó no darle más importancia al asunto de la misteriosa fotografía.
Después de todo, si Giselle tenía o no una novia a la que le era infiel, ese asunto le correspondía solo a ella.
No obstante, si en efecto ese fuera el caso, lo correcto sería de su parte, al menos, cuestionarse si deseaba seguir haciendo lo que hacía con ella, ¿no?
Aceptaba que se había abierto a intentar cosas nuevas, pero ser parte de una infidelidad podría sobrepasar un poco lo que estaba dispuesta a hacer.
Pero también podría estar exagerando, y la persona en la foto quizás no era su novia.
O podrían tener una de esas «relaciones abiertas» y no había como tal una aventura en la que ella estuviera siendo partícipe.
Lamentablemente, no había forma de estar segura en su totalidad de ninguno de esos escenarios, a menos que le preguntara a Giselle sobre el tema.
Pero, claro, eso implicaría revelar que había esculcado sus cosas y encontrado la foto en cuestión.
Así que, sin tener herramientas suficientes, lo más sensato le pareció fingir demencia. De nuevo, si acaso se estaba haciendo algo incorrecto, eso era del lado de Giselle, no del suyo. Y ese tren de pensamiento le funcionó bastante bien por los siguientes días… más o menos.
Una tarde, un poco más de una semana después de aquel incidente, Nicole iba llegando a su oficina como cualquier otro día.
Ya para ese entonces había dejado lo ocurrido casi atrás, y había retomado su rutina diaria de la mejor forma.
Pero, en esa ocasión, dicha rutina se vería interrumpida en el momento en el que la Sra.
Manders salió de su oficina, justo cuando Nicole cruzaba cerca de ella, y pronunció en alto:
—Nicole, ven un momento.
La joven interna se detuvo en seco en su sitio y se giró a mirar a Cynthia con ojos grandes y asustados de cordero. Había una seriedad tan marcada en sus palabras, que fue aún más grave en cuanto Nicle observó la expresión de piedra en su rostro.
Antes de que Nicole pudiera responder o preguntar cualquier cosa, Cynthia volvió al interior de su oficina, dando a entender totalmente que esperaba que Nicole la siguiera.
Todas esas eran malas señales para ella.
Reticente, pero a la vez resignada, Nicole avanzó hacia la oficina de la editora en jefe e ingresó a esta con paso precavido.
Le sorprendió un poco ver que la Sra. Manders no era la única ahí, pues, sentada en una de las dos sillas frente al escritorio, se encontraba Lucy, la periodista encargada de la sección de moda y estilo (una de las favoritas de Nicole).
Lucy era una mujer joven, muy atractiva, cerca de sus treinta, con cabello negro corto y anteojos.
Durante el corto tiempo que llevaba en Wexzine , Nicole había hablado poco con ella, pero creía que le caía bien; o, al menos, eso pensaba hasta ese mismo instante, en el que la chica se giró a mirarla con una expresión tan severa en su rostro que casi parecía de asco, lo que hizo que Nicole alejara la idea de saludarla.
Sí, definitivamente lo que fuera que estuviera ocurriendo ahí no era nada bueno.
Pero la presencia de Lucy hacía aún más complicado el adivinar qué error había cometido Nicole como para merecer la potencial reprimenda.
Salvo por quizás haberle llevado su orden de café incorrecta una vez, no creía haber hecho nada más que molestara a Lucy hasta ese grado.
—Siéntate, por favor —le indicó Cynthia, señalando a la silla para visitantes vacía, mientras ella misma se sentaba en la suya, detrás del escritorio.
Nicole obedeció sin chistar, tomando asiento a un lado de Lucy.
—¿Qué sucede? ¿Hice algo malo? —preguntó Nicole, claramente nerviosa.
—No, no, tranquila —se apresuró la Sra. Manders a responder, esbozando una escueta sonrisa, apenas lo suficiente para considerarla «amistosa».
Por supuesto, no bastó para calmar del todo los nervios de Nicole.
Cynthia carraspeó un poco, se sentó derecha y fijó su mirada en Nicole, observándola a través del cristal de sus anteojos.
—Solo queríamos revisar contigo una… situación, se podría decir. Verás…
Lucy, quien al parecer había estado usando gran parte de su autocontrol hasta ese momento, se impacientó en ese punto lo suficiente como para permitirse interrumpir a su jefa y hablar primero:
—¿De dónde exactamente conoces a Ricardo Viscencio? —le cuestionó a Nicole con severidad, mirándola tan intensamente que sus ojos casi parecían centellar.
Nicole se giró a mirarla, desconcertada.
—¿A quién? —preguntó con tono confuso.
Un segundo después, una vez que su cabeza terminó de procesar lo que le acababan de decir, se le vino a la mente la sensación de que, en efecto, sí que conocía ese nombre. Al menos, reconocía el apellido.
—Ah, ¿el jefe de Giselle? —Nicole preguntó casi por reflejo.
—¿Cómo dices? —respondió Cynthia, un poco perdida, de seguro por la repentina mención de una persona desconocida en el asunto.
—No, nada —se apresuró a responder Nicole, negando con la cabeza—. No lo conozco en persona. Solamente una vecina de mi edificio trabaja para él, según me dijo. ¿Por qué?
Lucy y Cynthia se miraron la una a la otra en silencio, intercambiando por un segundo información únicamente con sus miradas.
—Porque ha solicitado explícitamente que tú cubras su próximo desfile de lanzamiento, pasado mañana, para Wexzine —explicó Cynthia con seriedad.
Nicole se sobresaltó un poco y parpadeó dos veces, con confusión.
—¿Qué?
Cynthia volteó su monitor hacia Nicole y Lucy, aunque más para que estuviera en el rango de visión de Nicole.
Este mostraba un correo, recibido en la bandeja de entrada de la editora en jefe.
Nicole se inclinó hacia delante para poder echarle un vistazo de más cerca.
El correo venía de parte de «[email protected]» y contenía toda la información pertinente para un evento que, en efecto, ocurriría en dos noches, incluyendo los pases de prensa para las personas de Wexzine invitadas a cubrirlo.
Y, entre los nombres, resaltaba el suyo, acompañado de una nota especial, que la invitaba expresamente.
Nicole se quedó muda al ver esto. Volvió a sentarse por completo en su silla y miró hacia Cynthia y Lucy, que la observaban con detenimiento, posiblemente a la espera de algún tipo de respuesta sobre qué significaba ese correo.
Y sus expresiones, además, le estaban diciendo que más le valía que fuera convincente.
—Debe haber un error —murmuró Nicole por lo bajo, y por reflejo, además esbozando una pequeña sonrisita, como si todo fuera solo una broma. Una parte de ella, así lo esperaba.
—Sí, eso espero —declaró Lucy con severidad—. Porque la encargada de la sección de modas soy yo, por si no lo sabías.
—Sí, lo sé muy bien.
—Y he cubierto cada bendito desfile que ocurre en esa ciudad por los últimos seis años. Así que ni creas que…
—Lucy —le llamó la Sra. Manders con dureza—. Calma, por favor.
A regañadientes, Lucy se sentó derecha en su asiento, cruzada de brazos.
—Obviamente, tú serás nuestro corresponsal, como siempre lo has sido —aclaró Cynthia con actitud más tranquila.
—Gracias —respondió Lucy con sequedad, y, al instante, se puso de pie—. Asunto arreglado, entonces.
Se giró en ese momento con la muy clara intención de irse y, al parecer, dar por concluido todo el tema. No obstante, Cynthia aún no había terminado de hablar:
—Sin embargo —pronunció en alto la editora en jefe, obligando a Lucy a detener su salida y girarse de nuevo hacia ella—. Viscencio es un aliado y cliente importante para nosotros. Si él personalmente hizo la petición, no queremos ser descorteses, ¿cierto?
—¿Él hizo la petición? —cuestionó Nicole, azorada.
Lucy chistó con molestia y se cruzó de brazos una vez más:
—¿Entonces de qué estamos hablando?
—Nicole te acompañará esa noche como tu asistente —indicó Cynthia, encogiéndose de hombros. La sugerencia pareció aturdir a sus dos empleadas, aunque a niveles distintos.
—¿Yo? —exclamó Nicole, señalándose a sí misma con incredulidad.
—Yo no trabajo con asistentes —replicó Lucy con exasperación.
—Pues por esa noche lo harás —le respondió Cynthia de forma tajante—. O no vas, y punto.
Ambas tuvieron muy claro que aquello no era una amenaza vacía.
Aun así, era evidente que Lucy no estaba conforme y que buscaba una forma de responderle para zafarse de esa orden.
Para su mala suerte, vaciló demasiado; el tiempo suficiente para que Cynthia, ahora sí, diera por terminado el tema, sin hueco a más discusiones:
—Ahora déjenme ocuparme de asuntos en verdad importantes, ¿les parece? —indicó con cierto desdén, girándose hacia su computadora y centrando su atención en su monitor. Un gesto muy sutil para decirles que ya no tenía más tiempo que dedicarles.
La mandíbula de Lucy se apretó con frustración. Ella se giró sobre sus talones y salió presurosa de la oficina. No azotó la puerta detrás de ella, pero Nicole sintió que las ganas no le faltaron.
La pasante optó por también irse, así que se puso de pie y se dirigió con paso más cauteloso a la salida. Ya en la puerta, sin embargo, se detuvo un momento y se giró de nuevo hacia su jefa. A riesgo de estar tentando su suerte, quiso decir algo más antes de retirarse:
—Sra. Manders, le juro que no sé qué pasó —aclaró Nicole con dejo nervioso—. Yo no le pedí a nadie que hiciera esto por mí…
—Ya, ya, tranquilízate —le cortó Cynthia, alzando una mano hacia ella, sin apartar su vista del monitor—.
Aunque lo hubieras hecho, no te lo reprocharía.
Si quieres tener éxito en este medio a futuro, el mejor consejo que te puedo dar es que aproveches cada pequeña oportunidad y contacto que se te cruce, porque no serán muchos.
Nicole asintió por mero reflejo, aunque su jefa no la estuviera viendo.
—Ahora sigue con tu día, ¿sí? —insistió Cynthia, y agitó una mano para indicarle que se fuera.
Nicole así lo hizo.