Capítulo 19 #3
El vistazo, obviamente, terminó durando más de un segundo. Y no había juguetes como se esperaba… Pero sí había algo quizás más interesante aún.
En su mayoría parecían ser papeles, libretas de dibujo, lápices y algunos cargadores.
Pero, encima de todo eso, se encontraba un portarretratos de marco dorado, con una foto rectangular en ella de dos chicas; una de cabello rubio muy claro, casi platinado, y otra de cabello oscuro largo.
Esta última claramente era Giselle, aunque varios años más joven.
Y Nicole lo sabía no solo por sus llamativos ojos y hermoso rostro, sino porque, al tiempo que miraban a la cámara, cada una sostenía delante de sí, con una mano, un pequeño cartel con letras rojas con lo que, evidentemente, eran sus nombres: «Giselle» y «Jessica».
Nicole se quedó un rato asombrada, contemplando aquella foto, e incluso abrió un poco más el cajón para verla mejor.
Ambas se veían de un poco menos de veinte años, y usaban ropas casuales y coloridas.
La chica rubia rodeaba el cuello de Giselle con un brazo, mientras, con su otra mano, sostenía el pequeño cartel con el nombre «Jessica» en él.
Esbozaba, además, una amplia sonrisa, en la que no temía en lo absoluto enseñar sus dientes blancos y brillantes.
La joven Giselle, por su lado, veía a la cámara con una expresión mucho más tranquila, con apenas un pequeño rastro de sonrisa.
Aquello le resultó quizás más fascinante de lo que debería. ¿Por qué Giselle tenía esa foto oculta en su cajón? De hecho, ese portarretrato parecía más bien de los que pondrías sobre…
«Tu buró», pensó con sorpresa, alzando su mirada hacia la superficie superior del mueble.
Además de la lámpara de noche, Nicole detectó un área vacía donde, perfectamente, la foto podría estar colocada.
Sin embargo, era la primera vez que ella la veía.
«¿Me estás diciendo que siempre que yo vengo la oculta en cajón? ¿Por qué? ¿Para que yo no la vea?».
La cabeza de Nicole comenzó a dar algunas vueltas. ¿Quién era esa chica? ¿Y por qué Giselle escondía su fotografía de ella?
La observó con un poco más de detenimiento.
Era bastante bonita, con un rostro delgado, ojos grandes azules y piel inusualmente blanca, como nieve.
Parecía casi un personaje de fantasía, como un elfo que brincaba por el bosque; solo le faltaban las orejas puntiagudas.
Pero la foto era, con claridad, de hace algunos años, así que quizás ahora se vería diferente; incluso más hermosa.
Un pensamiento repentino le cruzó por la cabeza, dejándola en shock :
«No me digas que es… su novia».
Era obvio que no era una de las chicas con las que Giselle acostumbraba divertirse; no tenía fotos de nadie más por ahí.
Y recordaba que Giselle le había dicho que tampoco era de ahí.
¿Y si tenía una novia en su ciudad natal?
¿Y si, aprovechando la distancia, se acostaba con tantas chicas como podía a espaldas de ella… ?
De acuerdo, quizás se estaba armando una telenovela demasiado rebuscada en su cabeza en base a nada. Pero, fuera quien fuera, era alguien importante para Giselle, y no se parecían en nada como para ser su hermana. ¿Quién era entonces…?
El chirrido de las llaves de la regadera cerrándose la sacó de su cavilación, haciéndola sobresaltarse. Se viró ligeramente hacia la puerta del baño, percibiendo de inmediato que el agua de la regadera había dejado de correr. ¿Tanto tiempo se había quedado ahí, sumida en esa maldita foto?
Rápidamente metió la foto al cajón y lo cerró. Se paró apresurada y se dirigió casi corriendo hacia la puerta.
—¡Las llaves! —exclamó despacio, teniendo que girarse de nuevo y volver sobre sus pasos para recoger las llaves, que se le habían olvidado por distraerse en otra cosa.
Se agachó frente al buró, las recogió apresurada y se volvió de nuevo, pronta, hacia la puerta del cuarto. Estaba ya prácticamente en el marco cuando escuchó la puerta del baño abrirse a sus espaldas.
—Hey, ¿sigues aquí? —escuchó la voz de Giselle pronunciar con ligera sorpresa, haciéndola detenerse en seco en su sitio, como un niño atrapado en media travesura (y la comparación no estaba muy lejos de la realidad).
Nicole se viró lentamente. Giselle se encontraba de pie a un lado de la cama, con una bata de baño corta envolviéndole el cuerpo, mientras, con una toalla, se secaba su cabello.
—Creí que ya te ibas —comentó mientras la contemplaba con curiosidad.
—¡Sí!, ¡lo siento! —exclamó Nicole, riendo ligeramente—. Ya me voy. Nos vemos después.
—Está bien. Cuídate.
Y, aprovechando la oportunidad, ahora sí Nicole se dirigió a la salida del departamento, esforzándose por avanzar de manera normal y pausada, y por no salir corriendo para no dejar en evidencia su crimen.
No respiró con normalidad hasta que estuvo, al fin, afuera en el pasillo, y no se sintió realmente a salvo hasta que se resguardó en la seguridad de su departamento.
El remordimiento de lo que había hecho no tardó en aplastarla un poco. Pero no fue suficiente para quitar de su mente la duda de quién era realmente la chica de esa fotografía.