Capítulo 19 #2
Cenaron acompañadas de un poco de vino (Nicole ya estaba comenzando a tomarle un poco el gusto, aunque aún no por completo), y, una vez satisfechas, Giselle guio a su invitada cuidadosamente hacia la habitación.
La sesión de esa noche fue algo más tranquila y lenta que de costumbre, pues, aunque había descansado bastante, Giselle se encontraba aún algo cansada, así que le tocó a Nicole tomar la iniciativa (algo a lo que también había comenzado a tomarle el gusto).
Las caricias y los besos de Giselle tras tantos días sin ella fueron reconfortantes y relajantes para Nicole.
El olor y el sabor de su piel, el dulce sonido de sus suspiros y gemidos…
Nicole se había vuelto bastante amante de todo eso.
Pero sus momentos favoritos, solo por un poco, eran cuando terminaban y ambas se recostaban, una al lado de la otra.
Mientras sus cuerpos se relajaban y, poco a poco, las sensaciones de lo que acababan de hacer iban disipándose, como sueños difusos, ambas conversaban de casi cualquier cosa, desde cómo estuvo su día hasta alguna extraña pregunta filosófica y abstracta que a Nicole se le venía a la mente.
Pero el tema de esa noche se alejaba un poco de cualquiera de esos dos puntos:
—¿Juguetes? —musitó Giselle, un tanto sorprendida. Ella reposaba en ese momento desnuda, bocabajo, a la derecha de la cama, con su rostro mirando hacia Nicole.
—Sí… Bueno… —balbuceó Nicole un poco apenada.
Ella estaba bocarriba, con su mirada en el techo y su cabeza contra la almohada.
A diferencia de Giselle, a quien parecía no incomodarle estar tan expuesta, Nicole siempre sentía la necesidad de cubrirse un poco con las sábanas una vez que terminaban; al menos las partes esenciales—. Es que he estado viendo algunos videos…
—Videos, ¿eh? —musitó Giselle con una sonrisita pícara, que iba a la par con su tono.
—Sí… ese tipo de videos. De solo chicas, mayormente. Como investigación, o algo así…
—Ajá —susurró Giselle con incredulidad.
—Y, bueno, en algunos de ellos pude ver que usaba juguetes… Como dildos o vibradores. ¿Tú has usado de esos antes?
—¿Con otra chica, dices? —inquirió la diseñadora, mientras se estiraba un poco, soltando un ligero quejido de gusto. Se viró un poco, recostándose por completo sobre su costado, dejando a la vista de Nicole su torso expuesto.
Aunque sabía que su reacción no tenía sentido, la interna tuvo la necesidad de girarse un poco hacia otra dirección, para prevenir quedarse viéndola demasiado, como algún viejo pervertido.
—Sí, algunas veces —respondió Giselle justo después—. Cuando la chica en cuestión así lo desea. Pero yo, en lo personal, no soy muy aficionada a ellos.
—¿Ah, no? —cuestionó Nicole, con algo de asombro.
—No —recalcó Giselle, encogiéndose de hombros—.
No sé. A algunas personas les encanta el chocolate; a otras, no.
A algunas les gusta la cerveza; yo prefiero el vino.
Y a algunas chicas les gusta ese tipo de juguetes; a otras, como a mí, la idea de jugar con un pene de plástico nunca les ha parecido particularmente atrayente.
Al menos, cuando estoy sola; pero cuando se trata de hacerlo con otra persona, estoy muy abierta a la variedad.
Así que, si te interesa, puedes conseguir uno que sea de tu agrado y lo intentamos.
—No, no es necesario —comentó Nicole rápidamente, agitando una mano en señal de negación—. Era solo curiosidad. La verdad, yo nunca he usado tampoco uno de esos. Así que no sé si son lo mío…
Se viró en ese momento hacia el buró que estaba de su lado, en donde había dejado su teléfono antes de que comenzaran, y estiró un brazo para poder alcanzarlo y echarle un vistazo rápido a la hora.
Ya era un poco más de las diez y era apenas mitad de semana, así que no se podía dar el lujo de quedarse mucho tiempo ahí.
—Lo siento. Tengo que volver a casa y terminar un pendiente para mañana —le indicó a su anfitriona mientras se sentaba en la cama.
—Entiendo —masculló Giselle, volviendo justo después a estirarse para desperezarse un poco. Luego, se levantó de la cama con bastante gracilidad, dándole la espalda a su invitada—. Me daré un baño. ¿Me acompañas antes de irte?
Nicole se sobresaltó, algo sorprendida al escuchar la propuesta tan repentina.
—¿En el baño…? —musitó despacio, intentando dibujar rápidamente la idea de estar en la regadera con Giselle. Nunca se había bañado con alguien más… Bueno, no desde que era una niña.
—No me digas que te avergüenza la idea de bañarte con otra persona —comentó Giselle de pronto, al virarse hacia ella, pues su incertidumbre debió ser bastante visible en su rostro.
—No, no… Claro que no —respondió Nicole rápidamente, intentando reflejar seguridad, aunque, en realidad, no era del todo cierto—. Quizás en otra ocasión. En serio debo irme.
—Adelante —respondió Giselle con normalidad, comenzando a caminar en dirección al baño del cuarto—. Solo cierra la puerta al salir, ¿está bien?
—Sí, claro.
Y, dada esa última instrucción, Giselle se perdió de la vista de Nicole detrás de la puerta del baño.
Nicole se preguntó por un momento si quizás la había dejado sin seguro por si acaso cambiaba de opinión.
Objetivamente hablando, sabía que tomar una ducha con Giselle no era la gran cosa comparada con…
todo lo demás que habían hecho. Pero había algunas cosas que prefería dejarlas más privadas, al menos de momento.
Además de que en verdad tenía un poco de prisa.
Comenzó entonces rápidamente a recoger su ropa del suelo, teniendo un pequeño momento de pánico al no encontrar sus pantaletas, pues se habían escurrido debajo de la cama.
Tras unos minutos ya estaba lista, y, al mismo tiempo, escuchó el agua de la regadera comenzando a correr.
Aprovechando la soledad, tomó la iniciativa de olerse a sí misma un poco.
Se había bañado antes de ir, pero, al parecer, el ejercicio hecho le iba a requerir también darse su respectiva enjuagada.
Más motivo para apresurarse a retirarse.
Había ya avanzado casi medio camino hacia la puerta, cuando tuvo el reflejo de tocar los bolsillos de su pantalón para asegurarse de que llevaba su teléfono y llaves.
El primero ahí estaba; las segundas, no.
Se viró rápidamente hacia el mismo buró en donde había dejado el teléfono, y su manojo de llaves ahí se encontraba.
«Qué torpe eres, Nicole», se dijo a sí misma en su cabeza, apresurándose rápidamente al buró.
Su pensamiento tuvo encima una pequeña confirmación cuando, intentando tomar sus llaves, sus dedos escurridizos terminaron empujándolas los centímetros que le hacían falta para caer por la orilla del buró hacia la alfombra.
—Bravo, Nicole —musitó con ligero fastidio, aunque también con algo de humor.
Se agachó de cuclillas para recoger las llaves, y, al hacerlo, su rostro quedó prácticamente a la misma altura que el cajón superior del buró.
Y no era que lo estuviera buscando en un inicio, pero, al mirarlo de cerca, se dio cuenta de que dicho cajón se encontraba un poco abierto; no tenía llave, como solía estar en otras ocasiones.
Nicole no le había puesto mucha importancia a qué podría estar escondiendo Giselle en sus cajones.
Por obvias razones, la mayoría del tiempo que estaba ahí, su mente estaba más ocupada en otras cosas.
Y, bueno, la gente guardaba cosas en los cajones justamente para que los demás no las vieran. Era lo normal, ¿no?
Aun así, Nicole sentía el llamante cosquilleo en el abdomen de echar solo un vistazo rápido.
Principalmente porque Giselle había dicho que no le gustaban los juguetes sexuales; pero si había algo que ella misma guardaría bajo llave en el cajón de su buró, cerca de su cama, sería algo como eso.
Quizás no le gustaban los juguetes convencionales, pero algo más exótico sería de su estilo.
Miró discretamente hacia la puerta del baño. El agua seguía corriendo, así que, de seguro, aún no terminaba de bañarse.
«Solo lo abriré rápido, miraré adentro menos de un segundo, y, si no hay nada como lo que me imagino, lo cerraré de inmediato. Lo juro».
Se repitió ese juramento a sí misma un par de veces con el afán de convencerse.
Sabía que estaba mal, pero Giselle tampoco era precisamente la fanática número uno de no hacer cosas indebidas.
¿No había comenzado todo eso por lo que había hecho en su balcón, sin importarle si la pudiera estar viendo o si la ponía en una situación incómoda?
Si lo pensaba de manera seria, ella se lo debía.
Así que, ya convencida, deslizó lentamente el cajón hacia el frente, dejando a su vista solo un poco de su contenido.