Capítulo 19
L as siguientes semanas para Nicole fueron notoriamente mejores y más placenteras de varias formas.
En el trabajo, poco a poco le iban confiando otras labores, más allá de comprar café o transcribir notas.
Aquello, claro, significaba más trabajo, más estrés, pero lo prefería por encima de estar sin hacer nada, esperando o sirviendo de recadera.
Además de que había encontrado, casi por accidente, la forma adecuada de aligerar dicho estrés y liberar su mente.
Había continuado saliendo con Jaime, ya fuera a cenar, al cine o solo a su departamento, a tener algo de sexo casual.
Jaime le había mostrado rápidamente la gran diferencia que había entre Derek y él en todo aspecto posible.
Nicole no podría decir si acaso era porque era mayor y más experimentado, o si era que ahora se daba cuenta de que su exnovio era un patán inmaduro.
Como fuera, pasar el tiempo con él resultaba muy agradable.
Y, además de sus salidas y el sexo, Jaime había dedicado también una parte considerable de su tiempo a enseñarle un poco de la labor de reportero.
No la había llevado de momento a tomarles más fotografías a jefes de la mafia, pero ella sentía que ya iba comprendiendo la mayoría de las cosas.
Nicole sentía que sus salidas y encuentros le ayudaban un poco a él a olvidarse unos momentos de su difícil investigación y para reacomodar sus ideas.
Después de todo, «un par de orgasmos ayudan de vez en cuando a dejar fluir la imaginación», le había dicho Giselle en una ocasión en la que se había puesto a trazar en su block de dibujo, justo después de que ambas habían terminado su sesión nocturna y reposaban en la amplia cama de la diseñadora de modas.
Y, hablando de Giselle, por supuesto que aquella primera noche que pasaron en su departamento no fue la última.
Al igual que con Jaime, Nicole se había citado regularmente con ella en diferentes ocasiones.
Con Giselle las cosas eran mucho más sencillas, pues vivía al lado de ella.
Así que mientras solía verse con Jaime una vez por semana, a Giselle la visitaba dos o incluso tres veces, dependiendo de cómo ambas estuvieran de trabajo y de ánimos.
La diferencia más grande entre las citas que tenía con uno u otro era que, con Giselle, hasta el momento, todo había sido ir a su departamento, estar ahí, conversar, cenar algo ligero…
y, claro, también tener sexo. No sabía si ese tipo de relación, o lo que fuera que tuvieran, podría abrirse también a salir a cenar afuera, o algo así.
Nicole no se había atrevido a sugerirlo, y Giselle tampoco había dado algún indicio al respecto.
Pero a la interna le parecía que estaba bien así.
Así que, entre el trabajo, Jaime y Giselle, Nicole parecía haber encontrado la fórmula ganadora para sobrevivir en la ciudad, y le había tomado bastante menos tiempo de lo que esperaba.
Eso se notaba bastante en su buen ánimo, que iba arrastrando por la oficina casi todos los días.
Y esa mañana de miércoles no era la excepción.
Tras volver de su encargo matutino por café, Nicole comenzó a hacer el habitual tour por los escritorios, entregándole su pedido a cada uno de sus compañeros. A esas alturas, ya se había vuelto casi una maestra de las charolas para café y de cómo cargar varias a la vez.
—Aquí tienes, Jefferson —exclamó con un tono alegre, colocando el vaso de café en el escritorio del reportero de deportes—. Aquí está tu café. Y tus notas también ya están listas, por cierto.
—Gracias, Nicole —murmuró Jefferson, un poco distraído. Tomó casi a tientas el vaso de café y le dio un rápido sorbo—. Esto está excelente.
—Quisiera tomar el crédito, pero yo solo fui por él —bromeó Nicole, acompañada de una pequeña risilla, misma que incluso pareció contagiársele un poco al propio Jefferson—. Con permiso.
Nicole continuó con su entrega en cada escritorio, sin detenerse mucho a platicar, aunque eso cambió cuando, a mitad del camino, casi chocó de frente con Ruby. Por suerte, la interna hizo alarde de sus ganadas habilidades para esquivarla rápidamente y prevenir cualquier accidente.
—Hey, cuidado, Nico —pronunció Ruby, un poco alarmada—. ¿Estás bien?
—Sí, descuida —le respondió Nicole con marcada despreocupación—. Ya te iba a llevar tu café, pero aquí tienes —indicó al tiempo que le extendía el vaso con su nombre escrito con marcador a un costado—. Leche deslactosada y sin azúcar, como siempre.
—Eres un sol, Nico —musitó Ruby, tomando el vaso entre sus manos y esbozando una amplia sonrisa—. Y, de hecho, últimamente te ves más radiante que de costumbre.
—Gracias —respondió la joven interna, sonriendo ampliamente—. Me siento bien; muy bien, en realidad. Siento que he encontrado el equilibrio adecuado en mi vida, como si todo fuera perfecto, justo y como está… ¿Entiendes lo que digo?
—Más o menos —respondió la jefa de sistemas, encogiéndose de hombros—. Pues me alegra que estés bien. Pero recuerda que me debes una salida a jugar juegos de mesa.
—Ah, sí. Tú dime cuándo.
—Yo te aviso. Y puedes llevar un acompañante si gustas.
Dicho eso, Ruby se alejó caminando en dirección a la oficina de Cynthia, mientras daba un largo sorbo de su vaso de café. Sin darse cuenta, Nicole se quedó de pie en su sitio, observando el espacio donde hasta hacía un segundo Ruby estaba de pie, pese a que ya se había ido.
—¿Un acompañante? —murmuró tras un rato de divagación, reaccionando apenas lo suficiente para que sus pies volvieran a moverse. Sin embargo, su mente seguía rondando en aquella idea que le acababan de plantear.
¿A quién podría llevar si se hiciera, al fin, esa dichosa salida? ¿A Jaime? ¿A Giselle, quizás?
Por un lado, ya sabía que Jaime no tenía problema con salir a diferentes tipos de restaurante o bares.
La había llevado a una buena cantidad de sitios diferentes, y de seguro tenía algunos más guardados para invitarla después.
Además de que conocía a Ruby y ambos parecían llevarse bien.
Y, por último, tenía auto para llevarla y traerla.
Eso no debería importar mucho, pero igual quería ponerlo en su lista mental.
Pero Jaime era algunos años mayor que Ruby y ella, y de seguro también que los amigos de Ruby, así que quizás convivir con un grupo como ese no sería tan entretenido para él.
Giselle, por otra parte, era solo un par de años mayor.
Y salir con un grupo variado podría ser una buena oportunidad para que tuvieran una primera «cita» sin tantas presiones.
No quería sacar conclusiones apresuradas, pero tenía el presentimiento de que Ruby y sus amigos podrían ser más…
bueno, del mismo «grupo» de Giselle, por decirlo de una forma.
Recientemente había descubierto lo que la bandera de colores naranja, rosa y blanco que Ruby usaba en su pin significaba y algunas cosas le hicieron clic.
Sin embargo, los gustos de Giselle parecían, en general, tan elegantes y refinados, que quizás un bar de juegos de mesa no sería precisamente su estilo.
«Qué complicado», pensó Nicole para sí misma, frunciendo un poco su boca en una mueca de ligera frustración. «Ambos son tan diferentes… Si se fusionaran o algo así, serían mi pareja perfecta».
No pudo evitar que la imagen mental de esa idea se formara en su cabeza, causándole por igual gracia y un poco de turbación.
No ayudó mucho a eso que el siguiente en la ruta de entrega de café fuera, justamente, Jaime.
El reportero estaba en su escritorio, pasando sus dedos veloces por el teclado, sin despegar sus ojos del monitor.
Le impresionaba un poco cada vez que lo veía haciendo eso.
Nicole respiró hondo, intentando despejar su mente. No tenía caso estresarse por esa salida con Ruby cuando ni siquiera era seguro que fuera a ser realidad en algún momento próximo.
—Aquí tienes, Jaime —pronunció una vez que estuvo a un lado de él, extendiéndole su respectivo vaso.
—Gracias, Nicole —le respondió el reportero, quitando por un instante la atención del monitor para virarse hacia ella y así poder tomar el café—. Te ves… muy bien hoy.
—¿Tú crees? —murmuró Nicole con falsa modestia, sonriéndole de forma coqueta—. Pues tú no te ves nada mal tampoco.
—Bueno, muchas gracias.
Nicole le guiñó discretamente un ojo y se dispuso al momento a seguir con sus últimas entregas.
—Nicole —exclamó Jaime de pronto, haciendo que ella se detuviera en su marcha y se virara a mirarlo una vez más—. ¿Te gustaría que nos viéramos hoy?
—¿Hoy? —musitó Nicole, arrugando un poco su entrecejo, pensativa—. Lo siento, tengo otros planes. ¿Quizás el viernes?
—Es una cita, entonces.
—Algo así —canturreó la joven interna con un tono juguetón, y ahora sí se alejó caminando con el restante de los cafés.
Esos otros planes que le impedían poder verse con Jaime esa noche eran justamente con Giselle.
La diseñadora se había ido a uno de sus viajes de trabajo desde el jueves pasado y se suponía que volvía justo ese miércoles al mediodía.
Nicole no creyó que terminaría extrañándola por no verla una semana, pero, al parecer, fue así.
Aunque no sabía si «extrañarla» era la palabra adecuada.
Como fuera, planeaba, justo saliendo del trabajo, ir a su departamento y darle la bienvenida como era debido.
La velada de Giselle y Nicole terminó bastante bien.
Saliendo del trabajo, Nicole tomó un taxi para llegar rápido a su departamento, poder darse un baño rápido, cambiarse y arreglarse.
En menos de dos horas, ya estaba en el departamento de su vecina.
Giselle la recibió con bastante gusto, y, a diferencia de la primera vez que viajó y se citaron el mismo día, en esa ocasión había llegado temprano, así que tuvo tiempo para descansar.