Capítulo 18 #3
—Si tú quieres —respondió Giselle con simpleza, encogiéndose de hombros—. Y, claro, también si tengo tiempo y ánimos.
—Sí, claro —asintió Nicole rápidamente. Una sonrisa casi embobada se dibujó en sus labios en ese momento—. Eso… me encantaría…
Giselle le regresó su sonrisa, al parecer complacida por su respuesta. Inclinó su rostro hacia ella, y, sin decir nada, volvió a besarla directo en los labios. Nicole se lo correspondió sin titubeo alguno, al tiempo que también la rodaba con sus brazos y la atraía contra ella.
De repente, ese cansancio que creía que la había invadido comenzó a ser menor…
Nicole volvió a su departamento un poco después de la medianoche. Giselle y ella continuaron besándose y acariciándose en la cama por un rato. Luego se pararon, tomaron más vino, comieron un poco más de aperitivos y siguieron acariciándose mutuamente, de regreso en el sillón.
Giselle le había ofrecido la opción de quedarse a dormir ahí con ella, pero Nicole la rechazó; al menos por ese día. Habían pasado demasiadas cosas y le urgía un momento a solas para intentar digerirlas todas.
Ya de nuevo vestida, Nicole se dirigió a la puerta.
Giselle la acompañó, ataviada únicamente con una ligera bata para dormir de seda morada elegante y bonita, como todo lo que tenía.
Ya en el pasillo, Giselle la tomó por la cintura, la atrajo hacia ella y le dio un último y rápido beso en los labios.
—¡Oye! —exclamó Nicole, sorprendida y apenada. Miró rápidamente a su alrededor, temerosa de que hubiera alguien cerca. Por suerte, el pasillo estaba totalmente solo.
—¿Qué?, ¿te apena que alguien más te vea? —murmuró Giselle con pircaría, apoyándose contra el marco de su puerta—. Eres tan adorable. Supongo que eso significa que no te interesará pronto intentarlo en el balcón, ¿o sí?
—No lo digas tan alto —susurró Nicole, para esos momentos ya totalmente roja. Y, a pesar de haber echado un vistazo al pasillo hacía solo unos segundos, lo volvió a hacer instintivamente, en busca de algún ojo u oído curioso—. Yo… no digo que no, solo…
—Tranquila, estoy jugando —cuchicheó Giselle despacio, pasando suavemente una mano por su mejilla—. Pero recuerda: si quieres que lo repitamos…
—Sí, yo te digo —asintió Nicole lentamente, su rostro incluso más rojo que antes—. Buenas noches.
—Buenas noches, Nicole.
Una vez en su departamento, Nicole logró relajarse un poco, asentar sus ideas y dejar que su cuerpo tembloroso y sensible dejara un poco de lado todas esas sensaciones, que aún le invadían.
Esto último no fue del todo sencillo, pues solo de recordar lo que acababa de hacer, sentía que todo su cuerpo le cosquilleaba.
Se recostó bocarriba en su sillón, miró su techo y comenzó a intentar analizar, con la cabeza un poco más fría, lo sucedido.
No había arrepentimiento alguno, de eso estaba segura.
Y definitivamente quería repetirlo. Pero ¿qué significaba eso?
Hasta hace no mucho había estado de novia con un chico que, creía, sería su esposo, ¿y ahora tenía sexo con dos personas que apenas y había conocido? Y una de ellas era una mujer.
Vaya que aquello era un giro completo que la Nicole Gireld de hacía unas semanas no hubiera podido predecir.
Escuchó en ese momento el sonido de la notificación de su celular, indicando que le había llegado un nuevo mensaje. Era un poco tarde, aunque no tanto siendo sábado. Aun así, ¿quién le escribiría a esa hora? ¿Sus padres, quizás?
Se paró del sillón de un salto, se dirigió de puntillas a donde había dejado su teléfono y echó un vistazo a la pantalla. En esta había, en efecto, unos mensajes nuevos, pero no de sus padres. Como si lo hubiera invocado con el pensamiento, eran, justamente, de Jaime:
Jaime: Hola. No sé si sigues despierta.
Jaime: Me preguntaba si estarías libre mañana, en la noche.
Jaime: Quisiera llevarte a alguno de esos restaurantes que te comenté.
Jaime: Te prometo que será únicamente para cenar.
Nicole contempló los mensajes en silencio un rato, e incluso los releyó un par de veces. Así que en verdad tenía ganas de invitarla a comer. ¿Y en verdad solo quería cenar con ella?
Alzó su mirada pensativa al techo. ¿Salir con Jaime un día después de haber hecho «eso» con Giselle?
Nicole era bastante nueva en lo de salir con personas que no fueran precisamente su pareja.
Pero Jaime y ella no eran nada formal; eso había quedado bastante claro desde aquella noche.
Y Giselle, al parecer, sabía, de alguna forma, que había pasado algo entre Jaime y ella y no parecía importarle.
Una puerta de nuevas posibilidades se abría ante ella. Divertirse y pasarla bien sin ningún tipo de compromiso a largo plazo. Comparado con la larga y complicada relación que había tenido con Derek, sonaba justo a lo que necesitaba en esos momentos.
Sonrió con entusiasmo y se apresuró entonces a responderle:
Nicole: Claro, me encantaría.
Nicole: Nos vemos mañana a las ocho.
Y tuvo además la tentación de agregar un mensaje adicional que dijera: «y me gustaría no solo cenar». Pero decidió mejor dejarlo como sorpresa.