La chica del otro balcón Capítulo 17
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Capítulo 17

T odo fue, de cierta forma, similar a aquella noche en el departamento de Jaime. Sin embargo, al mismo tiempo, resultó un tanto (muy) diferente.

Igual que en aquella ocasión, Nicole terminó recostada en el sillón de su anfitriona, sin que fuera del todo consciente de cuándo había ocurrido.

Y, de nuevo, tampoco le importaba mucho cuestionárselo, pues ese primer beso entre Giselle y ella, y todos los que le siguieron, habían encendido algo en Nicole que no supo identificar, o siquiera sabía que tenía.

Era la primera vez que besaba a otra mujer de esa forma que, a todas luces, sobrepasaba el afecto de amigas.

No obstante, no se sentía inquieta, confundida o nerviosa.

Besar a Giselle se sentía incluso mucho más real que cualquier beso que le hubiera dado a Derek en el pasado.

El que fuera con un chico o una chica, en esos momentos le era completamente indiferente.

Nicole rodeó el cuello de Giselle con sus brazos y la atrajo hacia sí, como si temiera que fuera a alejarse si la soltaba.

Estando ahí, recostada con su espalda contra el sillón, sentía el cuerpo de Giselle sobre el suyo.

Sus pechos, relativamente más grandes que los suyos, se presionaban contra ella, y sus piernas descubiertas y lisas rozaban las suyas sobre el pantalón.

Sus manos, delgadas y suaves, la acariciaban todo lo que podían alcanzar, sin ningún pudor o vacilación en sus movimientos.

Permanecieron en esa misma posición por un buen rato, besándose con resaltante voracidad, apenas separándose lo debido para poder tomar aire.

Tras un tiempo, sin embargo, Giselle se retiró lentamente de los labios de su invitada, y esto resultó casi doloroso para Nicole.

Estaba por pedirle que siguiera besándola un poco más, pero sus palabras fueron reemplazadas por un gemido al sentir cómo ahora Giselle recorría sus labios por su cuello; de nuevo, su punto débil.

Giselle respiraba sobre su piel y recorría con sus labios, y, en ocasiones, también con la punta de su húmeda lengua, todo el costado de su cuello.

Nicole se estremecía de forma casi violenta, aferrando sus dedos al sillón, en un momento casi cayéndose de este, si no fuera porque Giselle la sostenía firmemente.

—Veo que eres muy sensible aquí —susurró Giselle despacio, justo en el área en la que se unían el cuello y la quijada de Nicole. El solo roce de su aliento era suficiente para que esta temblara—. Tengo curiosidad por saber qué otros puntos sensibles escondes por aquí…

Mientras lanzaba aquella amenaza al aire, las manos de Giselle bajaron por los costados de Nicole hasta introducirse debajo de su blusa Viscencio , de forma invasiva.

Comenzó a subirle la prenda poco a poco hasta que esta le llegara, prácticamente, a su cuello, dejando casi por completo al descubierto su torso.

Nicole respiró agitada y nerviosa al sentirse así de expuesta tan pronto, pero se sentía un poco más segura que con Jaime al traer un sostén más bonito que entonces.

Giselle se dirigió sin mucha espera al área de sus pechos, comenzando a besarle con delicadeza lo que el sostén dejaba expuesto de estos. Aquello a Nicole le provocó pequeñas cosquillas y tembló ligeramente con cada roce.

Esos besos lentos, casi tímidos, por parte de Giselle no duraron mucho en realidad, pues tenía otros planes en mente.

Mientras la besaba por el frente, sus dedos inquietos intentaron colocarse debajo de la espalda de Nicole.

Esta alzó, por mero instinto, su torso sin que se lo pidiera, con tal de que hiciera lo que fuera que quisiera hacer.

Sin mucho problema, y aun a pesar de la difícil posición, Giselle logró abrirle el broche de su sostén, y, una vez más, a Nicole le sorprendió un poco la rapidez con lo que lo había hecho.

Aunque, siendo en esta ocasión otra mujer quien lo lograba, quizás el asombro no estaba del todo justificado, como con Jaime.

La pelinegra no intentó quitarle el sujetador del todo, pero sí se lo subió casi a la misma altura de la blusa, quedando Nicole, ahora sí, con sus senos expuestos y a la vista de Giselle.

Nicole sintió un poco de frío en sus pezones rosados cuando estuvieron al descubierto, además de una oleada de nervios.

Giselle, por su lado, sonrió y se inclinó sin mucha duda hacia ella, volviendo a besar sus pechos, pero ahora con bastante más ansia que antes.

Le puso principal atención a sus dos pequeños pezones, llegando también a acariciarlos con su lengua y, poco después, a succionarlos entre sus labios.

Aquello se sintió bastante intenso para Nicole, y comenzó, de golpe, a soltar gemidos aún más fuertes que los anteriores; tanto así que se forzó a taparse la boca, temerosa de que alguno de los otros vecinos la oyera.

Tras divertirse un rato con los pechos de Nicole, Giselle comenzó a bajar por el abdomen de su invitada, besándolo íntimamente, centímetro a centímetro, hasta llegar a su pantalón blanco.

Sin pedir permiso o advertir con anterioridad, comenzó a abrírselo con sus dedos, mientras sus ojos estaban, de hecho, puestos en el rostro de Nicole, contemplando atenta cada una de sus reacciones.

Nicole la miraba de regreso, nerviosa y expectante por todo lo que estaba haciendo.

Giselle no tardó mucho en abrirle por completo el pantalón. Comenzó entonces a retirárselo, jalándolo por sus piernas hasta sus tobillos, y, luego, lo dejó caer a un lado, en el suelo.

—Qué bonita ropa interior —murmuró Giselle despacio, pasando sus dedos juguetones por uno de los muslos desnudos de Nicole.

—Gracias… —respondió Nicole con voz entrecortada, pero sonriendo complacida. Era agradable que Giselle lo dijera, en especial viniendo de una diseñadora de modas.

Giselle volvió a sus pechos, saboreándolos un poco más, mientras sus dedos recorrían, casi saltarines, la parte inferior de su vientre, y luego se escurrían más abajo, hasta introducirse por debajo de la ropa interior de Nicole.

Recorrió sus dedos directamente por el sexo de su invitada, buscando a tientas cada punto clave y conociéndolo con su solo tacto.

Nicole suspiró con fuerza y cerró los ojos para enfocarse solo en las diferentes sensaciones que esos pequeños roces le provocaban.

Le sorprendió un poco darse cuenta de lo sensible que se encontraba, más que de costumbre.

Cuando Giselle pareció conocer mucho mejor el terreno, comenzó, sin mucha más espera, a presionar sus dedos contra sus labios inferiores y a moverlos en círculos rápidos, con algo de fuerza desde el inicio.

Nicole se estremeció al sentir aquella estimulación simultánea en sus pechos y en su entrepierna; en ambos, Giselle la tocaba justo y como ella deseaba que lo hiciera.

Sentía su parte baja quemándole, a punto de explotar.

Sin retirar su mano de su zona baja, Giselle subió de sus pechos hacia el cuello de Nicole, le dio dos besos en esa zona y, luego, se dirigió a su oído. Una vez ahí, comenzó a susurrarle, al tiempo que sus dedos comenzaban a abrirse paso dentro de ella y a acariciarla ahora en su interior:

—Dime, ¿te tocaste de esta forma luego de vernos a Bárbara y a mí aquella noche?

—¿Qué…? —susurró Nicole, apenas logrando ser audible.

—Lo pude notar en tu mirada. Estabas tan excitada que, de seguro, no aguantaste las ganas y te tocaste recordando lo que viste, ¿no? O, incluso, imaginándote a ti misma en nuestro lugar. Dime, ¿me equivoco?

—No, yo… —Nicole no era capaz de procesar de manera correcta sus pensamientos—. Tal vez… no lo sé…

Giselle solo rio un poco, complacida con esa escueta respuesta, que, en realidad, le decía lo suficiente. Siguió moviendo sus dedos juguetones, entrando y saliendo de su invitada, llegando también, un poco alimentada por su propia excitación, a morderle el lóbulo de su oreja al mismo tiempo.

Todo era tan intenso que Nicole apenas podía creerlo. No recordaba nunca haberse sentido así ni con Derek, ni con Jaime, ni consigo misma. Era algo totalmente nuevo para ella.

En un momento, cuando el placer estaba llegando casi a su cúspide, Giselle detuvo sus dedos y los retiró lentamente de ella.

—No, no te detengas… —resopló Nicole con frustración.

—Relájate —murmuró Giselle con tono burlón—. Haré algo mucho mejor…

Lanzada esa suspicaz advertencia, comenzó entonces a bajar y, con una mano, tomó la ropa interior de Nicole de un extremo, bajándola de un jalón por sus piernas.

Nicole se sentía un poco aturdida, pero su cuerpo reaccionó por sí solo, alzando un poco la cadera y las piernas para que ella pudiera quitarle su prenda sin ningún problema; un movimiento que, simplemente, le había parecido natural.

Las bragas de Nicole cayeron al suelo junto con su pantalón. Giselle siguió bajando un poco más, recorriendo sus labios por su vientre y costados. Comenzó a colocarse lentamente entre las piernas de su actual amante, separándolas un poco.

Solo hasta ese momento Nicole pareció reaccionar:

—¡¿Qué… vas a hacer?! —le cuestionó un poco alarmada, apoyándose en sus codos para alzar el torso.

—¿Tú qué crees? —masculló Giselle con tono travieso. Desde su posición, besó un costado del muslo derecho de Nicole, y, luego, incluso se atrevió a darle una pequeña lamida de abajo hacia arriba en el mismo sitio. Estos actos causaron pequeñas cosquillas en la receptora.

—Es que… —murmuró Nicole despacio, totalmente avergonzada—. La única persona que me ha hecho… «eso» alguna vez fue Derek, y a él no le agradó tanto cuando lo intentó. Dijo que le había dado asco el sabor…

Calló de golpe y ocultó su rostro tras sus manos al darse cuenta de lo que acababa de decir. Al parecer, el calor del momento le soltaba un poco de más la lengua.

—Ese tal Derek ya me está cayendo muy mal —declaró Giselle con mirada bastante seria, pero que intentó suavizar al momento siguiente—.

No lo haré si me dices que te incomoda, pero te aseguro que yo no tengo su misma opinión.

Y también que será algo que ambas disfrutaremos —le susurró con un tono bastante suave, rozando su mejilla y sus labios contra su muslo al hablar—. ¿Confías en mí…?

«¿Por qué me preguntas si confío en ti? Ni siquiera… te conozco…», pensó Nicole, sonando en su cabeza como una pequeña reprimenda hacia sí misma. Sin embargo, aun así, no le cabía duda de que la respuesta a esa pregunta era un absoluto «sí», y así lo hizo ver, asintiendo lentamente con su cabeza.

Justo después, se recostó de nuevo por completo en el sillón, aunque inevitablemente se cubrió los ojos con sus brazos.

No estaba segura si era para que Giselle no la viera, o para ella no ver a la pelinegra mientras hacía lo que se proponía.

De todas formas, separó también un poco más sus piernas, dejándole el campo libre.

Giselle sonrió complacida. Sin más espera, se colocó en posición y hundió su rostro entre los muslos de Nicole.

La entrada de la aspirante a reportera estaba ya bastante húmeda y estimulada para ese momento, por todo el trabajo que habían hecho sus dedos.

Con eso en mente, no se contuvo demasiado y fue casi directo a recorrer su cálida y húmeda lengua por toda ella; a explorarla y conocerla enteramente; a introducirse un poco, y, sobre todo, a presionarle ese pequeño botón externo.

Nicole ya había comenzado a gritar casi sin control y se había olvidado de los vecinos, Ojalá y esas paredes fueran lo suficientemente gruesas.

Pero ya no le importaba nada. Ni las dudas, ni la confusión, incluso el enojo de los días anteriores.

Ya ni siquiera se preocupaba si la persona entre sus piernas, que la estaba haciendo sentir todo eso, era un hombre o una mujer.

Su mente y cuerpo se enfocaron en sentir todo aquello al mismo tiempo y dejarse llevar como quizás nunca lo había hecho antes…

Giselle siguió y siguió con lo suyo, hasta que Nicole no pudo más.

Realmente ya estaba cerca del orgasmo cuando dejó de masturbarla, así que este no se hizo esperar mucho.

Y, cuando al fin llegó, su espalda se arqueó, sus muslos se apretaron un poco contra el rostro de Giselle, aprisionándola entre ellos.

En esa ocasión, sí se cubrió su boca con ambas manos, ahogando un intenso grito.

Una sensación intensa y electrizante le recorrió de los pies a la cabeza, sintiendo casi que se moría por un segundo.

Su cuerpo entero se estremeció con fuerza, y, luego, quedó rendido en el sillón.

Retiró sus manos de su boca y comenzó a respirar agitadamente, mientras sus ojos perdidos estaban fijos en el techo sobre ella.

Sus muslos se relajaron y Giselle logró retirar su rostro, respirando también con agitación para recuperar el aliento.

Con una mano, Giselle se retiró unos cabellos del rostro y también los pasó por su boca, limpiando un poco los jugos que la habían impregnado.

—¿Y qué tal estuvo eso? —inquirió Giselle con tono travieso, lamiéndose un poco los dedos, mientras miraba a Nicole de forma provocativa.

Nicole se quedó quieta y en silencio en su sitio por un rato.

Lo único que se movía era su pecho, que subía y bajaba, y solo se oía el silbido de sus respiraciones profundas, que casi parecían dolorosas.

Pero, tras un rato, se logró escuchar un pequeño rastro de su voz, haciéndose notar, susurrando despacio:

—Más…

—¿Cómo dices? —murmuró Giselle, un poco confundida.

Nicole se alzó un poco, apoyándose en sus codos, y la volteó a ver. Su mirada era por completo diferente.

—Quiero hacerlo más… —murmuró con más claridad y sin menor pudor.

Y, antes de que Giselle pudiera reaccionar, fue Nicole la que usó todas las fuerzas que le estaban volviendo para sentarse, inclinarse hacia ella, rodear su cuello con sus brazos y ser ahora ella quien la besaba, sin timidez ni duda alguna, y, en especial, sin importarle si el sabor de sus labios era el suyo.

Giselle se sorprendió un poco al principio, pero casi de inmediato le correspondió su beso de la misma forma, abrazándola y atrayéndola hacia ella.

Una vez que se separaron, ambas se miraron a los ojos, cada una con un ferviente deseo desbordando de sus miradas.

—Hagámoslo entonces… —susurró Giselle despacio sobre los labios de Nicole. Se puso de pie justo después, y, tomándola de la mano, la guio en dirección a su habitación.

Nicole la siguió, semidesnuda y embelesada, avanzando a su mismo paso. En ese momento la hubiera seguido a donde fuera que ella la quisiera llevar.