Capítulo 18
A Nicole no le sorprendió mucho ver que la habitación principal era exactamente del mismo tamaño que la suya. Aunque, del mismo modo que el resto del departamento de Giselle se percibía igual… era, a la vez, diferente.
La cama era alta y bastante amplia. A Nicole le pareció que tres personas podrían dormir en ella cómodamente.
Pero lo que más le impresionó fue que tenía un dosel alrededor, con cortinas azuladas y columnas de madera pintadas de blanco en cada esquina.
Nicole solo había visto algo así en películas.
Le pareció además extraño, pues parecía un poco anticuado en comparación con el resto del departamento, que era más contemporáneo.
Adicionalmente, del lado izquierdo de la cama, logró visualizar un escritorio y lo que le pareció que era un restirador de dibujo.
Igual no pudo preocuparse mucho del escritorio o por la cama, pues, en cuanto estuvieron frente a esta última, sintió cómo Giselle la tomaba y la giraba delicadamente hacia ella.
Similar a como la había seguido, la invitada se viró, obediente, hacia su anfitriona, encontrándose de nuevo con esos enormes y brillantes ojos azules.
Giselle la tomó de la barbilla con una mano y se aproximó hacia ella.
Nicole sintió el inminente beso cosquilleándole los labios, e, inconscientemente, cerró los ojos en espera de este.
El nuevo beso fue diferente a los anteriores, más lento, más delicado…
Y, aun así, Nicole sintió que sus piernas le temblaron al recibirlo.
Una vez que se separaron, Giselle tomó la blusa y el sostén de Nicole y se los retiró con cuidado.
Solo hasta ese momento en el que se encontró ya totalmente desnuda, Nicole se dio cuenta de que Giselle no se había quitado ni una sola prenda.
Ella era la única expuesta, de pie en el centro del cuarto de una mujer que no llevaba más de un par de semanas de conocer.
Y ese pensamiento la hizo sentir tan cohibida que, por reflejo, intentó cubrirse con sus brazos y desviar su vista.
Giselle sonrió, al parecer un poco divertida por su reacción, aunque por supuesto que la comprendió.
Con el mismo cuidado con el que la había guiado hasta ahí, le indicó que se sentara en la orilla de la cama.
Y Nicole siguió obedeciéndole. Estando su invitada sentada y ella de pie ante ella, Giselle comenzó a desvestirse, poco a poco, prenda a prenda, asegurándose de que Nicole pudiera ver en primera fila cada uno de sus movimientos.
Primero lo fácil: se soltó el cabello, permitiéndole caer libremente sobre sus hombros y espalda.
Luego, se retiró por arriba su camiseta, dejando a la vista de su acompañante su torso torneado y sus pechos, cubiertos por un sostén negro de encaje, con un diseño que a Nicole le pareció tan sexy que ella misma nunca se atrevería a usar algo así, ni siquiera estando sola.
Luego los shorts. Giselle los desabrochó y comenzó a bajarlos por sus largas piernas, mientras sus ojos pícaros se encontraban fijos en Nicole. Esa mirada hizo más efecto en ella que todo lo demás. Sus pantaletas también iban al juego con el sostén.
—Qué… bonita ropa interior —murmuró Nicole, algo nerviosa, regresando un poco el cumplido que ella le había hecho anteriormente.
—Gracias —respondió Giselle con tono coqueto, dejando en el suelo sus shorts, junto con todo lo demás.
Se paró entonces derecha frente a Nicole, dando incluso un paso hacia ella para que pudiera apreciarla de más cerca.
Era simplemente… perfecta; quizás la mujer más hermosa que Nicole hubiera visto en persona, tanto que casi le parecía irreal.
Y a pesar de que ahora estaban casi en igualdad de condiciones, Nicole se sentía ahora incluso más cohibida que antes.
Aun así, sus ojos no pararon de recorrer la hermosa silueta ante ella.
Nunca imaginó que el cuerpo de otra mujer pudiera causarle tanta fascinación…
Tras permanecer quieta y en silencio por un rato, Giselle se inclinó ligeramente hacia delante.
Nicole pensó por un momento que la volvería a besar, pero solo mantuvo su rostro frente al suyo, con una sonrisita juguetona.
Y, mientras estuvo en esa posición, dirigió sus manos a su espalda, desabrochándose el sostén y pasando, justo después, los tirantes por sus brazos.
Se retiró por completo la última prenda de su torso, dejándola caer sin más al suelo, a su lado.
Nicole no pudo ocultar su impresión cuando tuvo aquellos impresionantes pechos delante de ella, prácticamente señalándola. No es que fueran en exceso grandes ni nada así, pero… tenían una forma muy bonita y apetitosa, y estaban coronados con dos pequeños pezones de tono rosado.
Giselle dio otro paso más al frente, casi pegándose contra la cama, pero haciendo en el proceso que su busto expuesto quedara justo delante del rostro de Nicole.
—¿Quieres tocarlos? —le preguntó con un tono provocador, mordiéndose justo después un poco su labio inferior.
Nicole la volteó a ver con algo de desconcierto, pero no respondió; al menos, no con palabras.
Solamente alzó con timidez su mano derecha y la aproximó hacia uno de esos atractivos pechos, presionando su mano un poco contra este, recorriéndolo con sus dedos y presionándolo solo un poco.
En general, se sentía muy parecido a tocar uno de los suyos, pero el que fuera de alguien más tenía un singular atractivo, o, quizás, más un tipo de morbo, desconocido para ella hasta ese momento.
—Lámelo —escuchó suspirar a Giselle.
Nicole levantó la mirada y notó el rostro de su anfitriona enrojecido, mirándola de regreso con anhelo.
—Por favor…
Nicole respiró lentamente y, sin pensarlo mucho, acercó su lengua al pequeño pezón rosáceo frente a ella, tocándolo apenas un poco con la punta, insegura de si acaso lo estaba haciendo bien.
El olor de la piel de Giselle, así como el sabor de esta, la impregnó al momento.
Giselle soltó un pequeño gemido y su mano se colocó detrás de la cabeza de Nicole, comenzando a acariciarle lentamente sus cabellos, animándola a seguir con lo que estaba haciendo.
A pesar de haberse corrido no hace mucho, y que aquello no era en realidad algo tan significativo, Nicole comenzó a sentir cómo se volvía a excitar exponencialmente.
Esto se reflejaba en la manera en la que su lengua comenzó a recorrer con más entusiasmo el muy sensible pezón de su acompañante, atreviéndose un poco a succionarlo entre sus labios, como Giselle lo había hecho en el sillón.
La mente de Nicole se tornó en blanco y se quedó prácticamente sumida en ese acto, dejando que su cuerpo reaccionara solo, guiada por el ritmo de los suspiros de Giselle o los movimientos de su mano contra su cabeza.
Sentía que podría estar haciendo eso todo el día, pero aquello era apenas el comienzo.
Tras un rato, Giselle se separó lentamente, dejando un pequeño hilo de saliva entre su pezón y la lengua de Nicole.
La diseñadora dio un pequeño paso hacia atrás, tomó entonces su pantaleta de las orillas con ambas manos y comenzó a bajarla con cuidado, quedando al momento expuesta, al igual que su invitada.
Como un instinto, Nicole desvió un momento su mirada hacia otro lado, un tanto apenada, aunque luego se forzó a mirar.
Ver a una mujer totalmente desnuda delante de ella debería serle lo más natural del mundo, pero no era así.
El poder apreciar tan de cerca cada centímetro de su hermosa piel hacía que su pecho saltara de emoción.
Y el hecho de que el porte de Giselle se viera tan seguro y suelto, pese a su desnudez, la hacía ver incluso más atractiva, si es que eso era posible.
Giselle avanzó hacia ella y, tomándola dulcemente de los hombros, comenzó a empujarla hacia atrás para que se recostara.
Nicole así lo hizo, tumbándose de espaldas sobre el suave y cómodo cobertor, blanco y azul.
Giselle se subió a la cama y avanzó de rodillas hacia el rostro de Nicole.
Al principio, esta no entendió lo que haría, hasta que, para su sorpresa, Giselle se colocó sobre ella, con sus rodillas puestas a cada lado de su cabeza, haciendo que, desde abajo, Nicole tuviera una vista completa de su cuerpo, en especial de su parte baja.
—Ahora te toca a ti —murmuró Giselle con un tono provocador, casi amenazante, separándose ligeramente sus húmedos labios inferiores con sus dedos.
Nicole se sobresaltó un poco al oírla, en especial al tener de golpe esa vista tan directa y profunda de la intimidad de su vecina. Era un poco más de lo que su mente había contemplado que vería de ella.
—Nunca lo he hecho —murmuró Nicole, apenada, mirándola a los ojos—. No sé si lo haga bien…
—Solo hazlo justo como a ti te gustaría que te lo hicieran —le respondió Giselle, acompañada de unas cuantas risillas—. Justo como te lo hice hace un rato.
«Para ti es fácil decirlo», pensó Nicole como pequeña recriminación. Pero, a pesar de las dudas, debía aceptar que también sentía una gran curiosidad. Al recordar lo que Giselle le había hecho en el sillón, sentía que su cuerpo aún le temblaba. ¿Podría ella hacerla sentir lo mismo?
No tuvo mucho tiempo de meditarlo, pues Giselle comenzó a bajar su cadera poco a poco hacia ella, hasta casi quedar sentada en su rostro.
Nicole se sintió un poco intimidada al principio al sentirla tan cerca, y apreció que su corazón brincó de la impresión en su pecho.
Armó fuerzas, sin embargo, alimentada por esa misma curiosidad y su propia excitación, para animarse a acercarse los escasos milímetros que las separaban y comenzar a recorrer su lengua lentamente por aquel sitio que le ofrecían como un platillo.
Giselle soltó al instante un fuerte suspiro al aire y sus dedos bajaron hasta los cabellos de Nicole, tomándolos con un poco de brusquedad, pero sin lastimarla.