La chica del otro balcón Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Mientras Giselle seguía en la cocina, Nicole tomó asiento en el sillón más grande y contempló, curiosa, los bocadillos de la bandeja.

Dudó un instante si acaso podía tomar uno o no, o si quizás esperaban a más personas.

Decidió arriesgarse y tomar uno, pues se veían deliciosos y aún no había cenado.

Y, en efecto, estaba delicioso. La galleta sabía cómo cualquier galleta salada normal, pero el jamón y el queso no sabían como algo que hubiera probado antes. Así de caros debían de ser.

Cuando Giselle salió de la cocina con una copa de vino blanco en cada mano, Nicole se metió, por reflejo, lo que le quedaba del aperitivo en su boca, como si temiera que se diera cuenta de que lo había tomado. Se sintió bastante tonta un instante después.

—Aquí tienes —musitó Giselle, extendiéndole una de las copas—. No sería una noche de chicas sin un buen vino.

—Gracias —respondió Nicole, tomando la copa con una mano y cubriéndose la boca con la otra, pues aún tenía un pedazo de comida en ella.

Giselle se sentó a su lado, a una prudente distancia, con su respectiva copa.

Una vez que terminó de masticar y tragar, Nicole acercó la copa a su rostro y olfateó ligeramente su contenido.

Las únicas veces que había llegado a beber vino había sido en unas cuantas fiestas de la familia, y no era en realidad muy fanática de este.

Pero no deseaba que Giselle pensara de alguna forma que era una niña, o, aún peor, sintiera que estaba despreciando su hospitalidad.

Así que no lo pensó mucho y, conteniendo un poco la respiración, dio un buen sorbo de su copa.

Se arrepintió casi al instante, pues sintió cómo le quemaba un poco la garganta, causándole un pequeño ataque de tos.

—Bebe despacio si no estás acostumbrada —le sugirió Giselle al tiempo que ella misma daba un sorbo más discreto de su copa, y, por supuesto, lo toleraba mucho mejor que ella—. Y acompáñalo con los bocadillos o se te subirá pronto.

Nicole le tomó la palabra, así que, en lugar de beber más, eligió otro de los aperitivos, esperando que le quitara un poco el sabor tan fuerte que le había quedado en la boca.

—Entonces, Nicole —musitó Giselle despacio, virándose hacia ella mientras subía sus pies al sillón y apoyaba su hombro contra el respaldo.

Nicole se viró rápidamente, centrando toda su atención en ella.

—Cuéntame sobre ti.

—¿Qué quieres saber? —susurró la joven interna, nerviosa.

—Bueno… Tu apellido, para empezar.

Aquello la sorprendió un poco.

—¿Qué? ¿No te lo dije cuándo…? —señaló en ese momento hacia las puertas de cristal del balcón, queriendo hacer referencia a la primera vez que se vieron…

Aunque las ocasiones que se le vinieron a la mente fueron las otras, así que, de inmediato, bajó su mano y fingió que no había pasado nada—.

Es Gireld, Nicole Gireld. Y el tuyo era… Le… algo, ¿cierto?

—Leblanch —aclaró Giselle, asintiendo con la cabeza.

—Sí, exacto. Prometo que ya no lo olvidaré.

—Yo igual —expresó la pelinegra, y dio al momento un sorbo más de su copa.

Y así, sin mucho más problema, comenzaron a charlar, y poco a poco la tensión de Nicole se fue aflojando.

Un poco influía el vino, sin duda, al que, tras un par de tragos, ya comenzaba a tomarle el gusto.

Pero más que nada se debía a la mera presencia de Giselle, que resultaba más reconfortante de lo que Nicole se hubiera imaginado.

A pesar de que todos esos días la había casi idealizado en su cabeza como alguien inalcanzable y muy distinta de ella, solo bastó un par de minutos para darse cuenta de que su vecina era una persona más.

Bastante hermosa y educada, pero una persona al final de cuentas.

Nicole comenzó entonces a contarle más sobre ella, justo como Giselle le había pedido. Empezando, claro, por lo más obvio: su mudanza a la ciudad y su nuevo trabajo.

—Entonces, ¿te mudaste aquí por trabajo? —inquirió Giselle con curiosidad.

—Sí —asintió Nicole—. Conseguí un puesto como interna en Wexzine . Es una revista en línea, aunque también tiene una edición en físico de tiraje limitado. ¿La conoces?

Una sonrisita astuta se dibujó en los labios de Giselle, y, entonces, respondió:

—Sí, he oído hablar de ella. ¿Eres reportera?

—Sí… O, al menos, espero serlo algún día —en la voz de Nicole se percibió algo de pesar al momento de pronunciar aquellas palabras.

—Vas empezando; no te presiones —señaló Giselle, colocando una mano reconfortante sobre el hombro de Nicole—. Solo esfuérzate y la oportunidad aparecerá.

—Todos me dicen lo mismo —murmuró Nicole, sonriendo—. A veces siento que creen que me siento avergonzada por lo que hago o algo así, pero en realidad estoy bien. Ser interna no es tan malo, y todos mis compañeros me tratan muy bien.

—¿Cómo ese hombre que te trajo la otra noche? —soltó Giselle de golpe, tomándola de nuevo desprevenida.

—¿Eh? —musitó Nicole despacio, sintiendo un pequeño ataque de pánico, pues supo de inmediato que se refería a Jaime.

—Dijiste que era de tu trabajo, ¿no? Se ve que él es de los que te trata muy bien también, ¿verdad? ¿Están saliendo?

—No, no, no —respondió Nicole, alarmada. Aunque luego dudó un poco—. O no lo creo… Más bien, no, definitivamente no. Solo somos amigos… y compañeros, claro.

Giselle asintió lentamente y bebió de su copa, sin decir nada. Sin embargo, en sus ojos fue evidente para Nicole que no le creía.

—¿Y tú a qué te dedicas, Giselle? —cuestionó rápidamente, procurando cambiar el tema.

La anfitriona de la noche bajó su copa, ya a menos de la mitad en esos momentos, y la posó sobre la mesa para, justo después, inclinarse hacia los bocadillos en la bandeja.

—Soy diseñadora —respondió con tono calmado, tomando justo después una de las galletas con queso.

—Oh, ¿diseñadora gráfica? —inquirió Nicole con interés.

—No, de moda —se explicó Giselle, dando entonces una mordida a su bocadillo elegido.

Nicole la observaba un tanto sorprendida por la revelación. Una vez que masticó lo debido, Giselle prosiguió:

—Trabajo para una reconocida marca de ropa como dibujante, asesora, planeadora, diseñadora de aparadores y exhibidores, costurera si hace falta… En fin, de todo un poco.

—Eso suena superinteresante —exclamó Nicole con sus ojos bien abiertos por el asombro—. ¿Para qué marca? ¿La conozco?

—Creo que sí —indicó Giselle, con un tono que sonaba un poco irónico—. Trabajo para el diseñador Ricardo Viscencio.

Nicole guardó silencio. Al principio, ese nombre solamente le sonó algo familiar; pero, en cuanto intentó recordar en dónde lo había oído, no tardó mucho en caer en cuenta de que había sido solo unos cuantos minutos atrás, cuando recién llegó.

—¿Viscencio? —murmuró vacilante—. Espera, ¿Viscencio como…?

No completó su pregunta, pero señaló directo hacia su blusa, para dejar claro lo que intentaba decir.

—Así es —asintió Giselle, con una expresión divertida en el rostro—. De hecho, yo misma diseñé esa blusa.

La quijada de Nicole se abrió tanto en ese momento de la impresión que casi tocó el suelo. Giselle, por su lado, no pudo evitar soltar una pequeña carcajada como respuesta a dicha expresión.

—Bueno —comenzó a murmurar una vez que dejó de reír—, lo más correcto sería decir que sus primeras versiones surgieron de mis bocetos, antes de ya convertirse en el producto final que traes puesto. Y te queda muy bien, si puedo decirlo. Justo para tu tipo de cuerpo.

—Gracias… —susurró Nicole, intentando sonreír, aunque la vergüenza no se lo permitió del todo.

En su lugar, tomó un trago de vino, algo más grande que los anteriores.

Y quizás su cerebro estaba demasiado ocupado en otra cosa, pues, en esa ocasión, no la afectó tanto como antes—. Qué pena. Ahora me siento una tonta.

—¿Por qué? —cuestionó Giselle—. ¿Por no saber en qué trabajaba antes de que te lo dijera?

Bueno, entonces quizás sea también un poco incómodo mencionarte que, de hecho, conozco Wexzine porque somos uno de sus principales clientes en lo que respecta a publicidad.

Y, si no me equivoco, nuestra jefa de mercadotécnica tuvo una reunión en sus oficinas justo esta semana mientras no estuvimos.

—¡Estás bromeando! —lanzó Nicole, alzando incluso un poco de más la voz.

—No. Y, por tu cara, veo que tampoco sabías de eso. Pero descuida —se apresuró rápidamente a señalar, y, una vez más, colocó una mano sobre su hombro—. Como te dije, vas empezando; nadie espera que sepas todo de tu nueva empresa. Además, también eres nueva en la ciudad.

—Y, al parecer, es una ciudad un poco más pequeña de lo que parece —indicó Nicole, no dejando muy claro, por su tono, si era algún tipo de reclamo o admiración.

—Te sorprenderías —profirió Giselle despacio, permitiéndose tomar de nuevo su copa de la mesa.