La chica del otro balcón Capítulo 11
16%

Capítulo 11

N o supo cuándo su espalda quedó recostada contra el sillón y Jaime se colocó sobre ella, pero, para ese momento, ya no le importaba demasiado. Solo rodeó el cuello de él con sus brazos y lo atrajo más a ella, continuando con ese profundo beso en el que se habían fundido.

Sentía sus manos grandes y fuertes recorriéndole el cuerpo, especialmente sus costados, cadera y piernas. A pesar de la ropa, dichas caricias la estremecían.

Jaime se separó un poco de ella y sujetó su blusa por la orilla, jalándola hacia arriba.

Debajo de esta se asomó un sostén color rosado bastante sencillo, que Nicole no recordó hasta ese momento que traía puesto.

Su reflejo fue cubrirse con sus brazos, un tanto avergonzada; no porque Jaime viera su cuerpo, sino más bien porque viera, justamente, esa prenda de ropa, tan poco atractiva desde su perspectiva.

Sin embargo, Jaime la tomó con mucho cuidado y apartó sus brazos. Nicole no opuso mayor resistencia.

Él volvió a besarla y, mientras lo hacía, Nicole sintió cómo le abría el broche de su sostén con bastante facilidad. Esto le sorprendió un poco. Derek nunca había aprendido a hacerlo bien, y siempre batallaba; incluso, en ocasiones se enojaba si acaso Nicole prefería hacerlo ella misma.

«¿Por qué tengo que pensar en Derek en este preciso momento?

», pensó con molestia, e incluso con algo de culpa.

No hacía tanto tiempo atrás que aún era su novio y con quien, suponía, se casaría.

Y ahora ahí estaba, en el departamento de un hombre mayor que ella, que había conocido hacía una semana y que no era su novio ni nada similar…

«¡¿Y eso qué?!», se dijo con ferviente resolución. «Él fue el que me dejó y esta es mi vida, una en la que ese tonto ya no tiene derecho a inmiscuirse».

La tela rosada de su sostén se retiró de su cuerpo, dejando al descubierto sus senos medianos y redondos, que subían y bajaban al ritmo de su respiración pausada a causa de los nervios, pero también por la emoción que le invadía.

Jaime se inclinó hacia ellos y, sin vacilación, los tomó con ambas manos y comenzó a llenarlos de besos.

El roce de sus labios contra sus pezones, duros y sensibles, hizo que Nicole soltara un ligero alarido y su espalda se curveara un poco.

A sus besos le siguieron algunas lamidas en los mismos sitios, que no hicieron más que causar una reacción aún más intensa.

Era extraño cómo era la primera vez que ellos dos hacían algo como eso, pero él parecía saber justo qué hacer para que ella se sintiera bien.

Los segundos y minutos se escurrían por sí solos, y Nicole solo podía enfocarse en todas las diferentes sensaciones que la recorrían.

En algún momento pasó sus manos por el torso de Jaime, abriéndole su camisa y deslizándola por sus brazos.

Le besó con timidez su hombro y cuello, hundiendo un poco su rostro en este último e inhalando profundamente por su nariz el aroma de su cabello.

Sintió cómo las inquietas manos de Jaime le abrían, a su vez, el pantalón y sus escurridizos dedos se introducían por debajo de sus pantaletas, recorriendo sin mucho recato lo que se escondía debajo de esta.

Nicole se aferró a él con fuerza, gimiendo en su oído mientras él la acariciaba, e incluso se atrevía a abrirse paso a su interior.

Su pantalón y ropa interior no permanecieron mucho más en ella: Jaime los deslizó con sus manos hasta sus tobillos y terminaron en el suelo de la sala, junto con su blusa y su sostén.

Nicole sintió un poco de frío al estar ahí recostada sobre ese sillón, totalmente desnuda y expuesta ante ese hombre. Eso no duró mucho, pues Jaime no tardó en colocarse de nuevo sobre ella para recorrerle el cuerpo entero con sus manos y labios, explorando enteramente su suave piel morena.

La mente de Nicole daba mil vueltas.

En algún momento, Jaime se apartó de ella y Nicole volvió a resentir esa misma sensación fría.

Volteó a verlo y notó cómo se levantaba del sillón y se ponía de pie a su lado.

Las manos de él se dirigieron a su pantalón, y solo entonces Nicole se percató del notorio bulto que se había formado debajo de este.

Jaime comenzó a abrirse lentamente su cinturón y, después, se bajó el pantalón y sus boxers por sus piernas.

Lo que esto dejó al descubierto, a unos cuantos centímetros de ella, impresionó un poco a Nicole…

Por supuesto, no era el primero que veía. Sin embargo, si lo comparaba con el de Derek, este resultaba un tanto… diferente, y no solo por su tamaño.

Nicole se sentó con cuidado en el sillón y aproximó, casi por instinto, su mano hacia él, posando sus dedos tímidamente en aquel llamativo miembro y recorriéndolo con suavidad con estos.

Se sentía duro y caliente. Ese roce, a pesar de ser tan pequeño, pareció provocar que Jaime temblara un poco.

Nicole volteó hacia su rostro, mirándolo desde abajo.

Jaime la miraba también, y en su expresión pudo ver la excitación y las ansias que parecía intentar contener.

—¿Tienes un condón? —murmuró Nicole despacio.

—Sí, claro… —asintió él, y se dirigió con paso apremiante de regreso a su cuarto.

Nicole se recostó de nuevo en el sillón y se abrazó a sí misma. Su mano derecha no tardó en bajar por su vientre hacia su pelvis, y a posarse entre sus piernas. Estaba tan húmeda que apenas podía creerlo. Recorrió sus dedos por esa zona lentamente, disfrutando las pequeñas cosquillas.

Jaime no tardó mucho en volver, con el pequeño empaque cuadrado y negro en su mano.

Se posó de nuevo a un lado de ella, y, desde su posición, Nicole fue espectadora silenciosa de cómo abría el empaque con los dientes, sacaba el preservativo de su interior, y, entonces, deslizaba el látex transparente por su largo falo, hasta la base de este.

Los dedos de Nicole continuaron jugando con su parte inferior mientras observaba todo esto.

Una vez que Jaime estuvo listo, Nicole retiró sus dedos y se recostó por completo en el sillón, separando un poco más sus piernas.

Su invitación fue suficientemente clara para que Jaime tomara su lugar entre ellas, sujetara su miembro, ahora envuelto en el condón, y aproximara la punta hacia el lugar que debía.

Al sentir la punta presionarse contra ella, la respiración de Nicole se aceleró.

Sintió una mezcla de temor y emoción similar a la que recordaba que había tenido su primera vez.

Jaime siguió empujando hasta escurrirse por completo hacia adentro.

Nicole se aferró a su espalda con fuerza y gimió, acelerada, sobre su cuello.

—¿Estás bien? —le murmuró Jaime despacio.

—Sí, muy bien —suspiró en voz baja, asintiendo además con su cabeza—. No te contengas…

Jaime aceptó sin vacilación la sugerencia. Su cadera empezó a moverse contra su compañera, y sus cuerpos comenzaron a mecerse mutuamente hacia delante y hacia atrás.

Nicole se estremeció en cuanto él comenzó a moverse.

Sus manos y pies se aferraron al tapiz del sillón, casi como si temiera que fuera a caerse.

Jaime se movía de una forma rítmica que no era muy brusca, pero había cierto poderío en sus emboscadas que la hacían soltar pequeños alaridos al aire sin que ella tuviera que disponérselo conscientemente.

Sus ojos entrecerrados estaban enfocados (o, más bien, desenfocados) en el techo, y hacían parecer que era él el que se agitaba y no ella.

Todo era, en esencia, lo mismo que había hecho varias veces con Derek antes. Y, aun así, era, de hecho, bastante diferente…

Los movimientos de Jaime se volvieron paulatinamente más constantes, al mismo ritmo que aumentaban el placer y los gemidos de Nicole, y se mezclaban también con más besos en su cuello, pues, al parecer, él ya había captado que era uno de sus puntos débiles.

Nicole estaba totalmente sumida en solo sentir, pero se sorprendió un poco al notar un pico en las sensaciones que la invadían.

Una subida rápida, que servía de antesala para un próximo clímax, que, de hecho, la asustó un poco; no solo por lo rápido que se hizo presente, sino por la intensidad con la que se acercaba.

—¡Espera!, ¡espera…! —gritó Nicole con fuerza, colocando sus manos en el pecho de Jaime, como si quisiera empujarlo.

Él obedeció y se detuvo, pero Nicole supo al instante que se encontraba ya en un punto de no retorno.

—No, no, no esperes. Hazlo, ¡hazlo!

Jaime vaciló ante los mensajes tan contradictorios, pero el sentir las piernas de Nicole rodeando su cadera y jalándolo hacia ella, le dejó muy claro que debía seguir sí o sí. La abrazó con fuerza, pegando su cuerpo al suyo, y volvió a moverse con la misma intensidad de antes, o quizás un poco más.

Nicole dejó cualquier fracción de recato que le hubiera quedado y comenzó a aullar con fuerza, prácticamente a gritar, hasta que toda esa tensión que se iba acumulando en su parte baja salió liberada, como una fuerte explosión.

El clímax fue incluso más intenso de lo que Nicole previó, y también le duró bastante más tiempo.

Jaime terminó quizás unos diez o quince segundos después; lo sintió temblando dentro de ella.

Él no fue ni cerca tan expresivo con su voz como lo había sido ella en el momento, pero Nicole supuso que, igualmente, había sido bueno para él, pues, mientras lo rodeaba con sus brazos y piernas, lo pudo sentir temblar y contraerse en espasmos sucesivos.

Jaime pegó enteramente su cuerpo al de ella, apoyando su rostro contra su hombro, pero cuidando no aplastarla demasiado.

Ambos guardaron silencio por largo rato, sintiendo el calor que emanaba el cuerpo del otro y escuchando el ritmo de sus respiraciones.

Y, en todo ese rato, él continuó ahí, dentro de ella.

—¿Te molesta si fumo? —escuchó abruptamente que preguntaba la voz de Jaime, sacándola con un sobresalto del letargo en el que casi había caído.

—¿Qué? —musitó Nicole con debilidad, virándose hacia un lado.

Jaime se encontraba en esos momentos sentado en el suelo, sobre la alfombra de la sala, con su espalda apoyada contra el frente del sillón.

Tenía ya sus pantalones puestos (ella no recordaba cuándo se los había colocado de nuevo), pero el torso aún descubierto.

Entre sus dedos sujetaba un cigarrillo sin encender.

Nicole, por su parte, seguía reposando, recostada con su espalda desnuda contra el sillón, esperando que su cuerpo y su mente se terminaran de relajar por completo.

No había sentido necesidad de ponerse alguna prenda encima aún, pero el ver que Jaime ya estaba medio vestido hizo que se le antojara comenzar a hacerlo.

—No, no —respondió Nicole rápidamente en cuanto fue capaz de procesar y entender la pregunta que le hacía—. Es tu casa, después de todo…

Ya con su autorización, Jaime colocó el cigarrillo en sus labios y, con un encendedor de bolsillo, lo encendió de la punta.

Aspiró lentamente de él, exhalando del mismo modo el humo un instante después.

Hizo lo mismo una vez más, y, luego, se retiró unos instantes el cigarrillo de los labios y lo extendió hacia el cenicero, que tenía sobre la mesa de centro.

—Quiero que sepas que… yo no suelo hacer este tipo de cosas —musitó Jaime despacio.

—¿Tener sexo? —cuestionó Nicole, un poco irónica.

—No con mis compañeras de trabajo —aclaró el reportero, volteándola a ver sobre su hombro—. En especial con una tan…

Guardó silencio, como si no fuera capaz de encontrar la palabra adecuada.

—¿Linda? —complementó Nicole, riéndose un poco.

—Iba a decir joven —respondió Jaime, sonando casi como si se sintiera avergonzado.

—¿Acaso te arrepientes?

—No, no lo diría así. Es solo que vas empezando en este trabajo y yo quería ser tu apoyo en todo esto, como te dije el primer día. Pero… no… así.

Nicole suspiró, hasta cierto punto decepcionada de que le dijera algo como eso.

«Un poco tarde para remordimientos».

Eso pareció ayudarla a terminar de desperezarse, por lo que, en ese momento, se alzó, se sentó y bajó los pies a la alfombra, justo a un costado de él.

—Escucha, Jaime —musitó despacio, permitiéndose además pasar sus dedos lentamente por los cabellos rubios del reportero, algo desalineados para esos momentos—.

Esto que hicimos… en serio me gustó, y lo disfruté.

Es más, creo que lo necesitaba. No tienes que sentirte culpable ni nada.

No soy una niña de quince años, ni me emborrachaste o algo parecido.

Y esto no hará que las cosas se vuelvan incómodas entre nosotros, te lo prometo.

Me está gustando este trabajo y quiero ver hasta dónde puedo llegar en él.

Así que sigamos igual como hasta ahora, ¿de acuerdo?

Le sonrió entonces de forma cándida, intentando transmitirle lo mejor posible la seguridad con la que realizaba tal afirmación.

Jaime le respondió de la misma forma. Tomó en ese momento una bocanada de su cigarrillo, y, luego, expulsó el humo, girando su rostro hacia un lado, intentando lanzarlo lejos de ella. A Nicole le pareció un buen detalle, aunque ella ya le había dicho que no había problema.

—Qué penoso que tuvieras que ser tú la madura en este asunto —musitó el reportero justo después, sonando verdaderamente avergonzado—.

Lo siento. Estoy de acuerdo con lo que dices.

Y, solo para el registro —tomó una última bocanada de su cigarrillo, antes de apagarlo en el cenicero, a pesar de que aún estaba al menos a la mitad—: creo que yo también lo necesitaba.

Esto me ayudó bastante a apartar mi cabeza de esa noticia tan complicada.

—Es un placer ayudarte. Aunque dejemos claro que esto no es parte de las obligaciones de mi trabajo.

Ambos rieron al mismo tiempo.

—¿Por qué no te vistes y te llevo a tu casa? —propuso Jaime.

—Sí, muchas gracias.