Capítulo 10 #3
—No, no —exclamó Jaime, sacudiendo sus manos delante de él. Aunque luego alzó su mirada hacia un lado y guardó silencio un momento mientras meditaba al respecto—. Bueno… tal vez.
Nicole sintió una pequeña opresión en el estómago a causa del estremecimiento, y tuvo que colocar lo que le quedaba de pizza en la mano sobre la caja, lejos de ella.
—Oye, no te asustes —dijo Jaime con firmeza. Se le acercó rápidamente desde el otro extremo del sillón, sentándose a su lado.
La tomó entonces de sus manos con delicadeza; las suyas eran grandes, y se sentían cálidas. Su solo tacto ayudó a que Nicole se sintiera un poco más relajada.
—Hasta ahora no he obtenido pruebas irrefutables de esto, pero estoy muy cerca. Y, cuando lo descubra, no solo será la más grande nota que ha publicado Wexzine , sino que incluso podría llevar a ese hombre directo a prisión.
Nicole alzó su rostro, mirando fijamente a los profundos y hermosos ojos verdes de Jaime. La confianza que irradiaba en su voz y en su apretón de manos era contagiosa. Se sintió de inmediato impregnada de ella.
—Eso suena… increíble… y muy peligroso —señaló Nicole, susurrando—. ¿No te da miedo en lo que te estás metiendo?
—Si tuviera miedo de cada noticia peligrosa con la que me cruzo, no sería un buen reportero —respondió Jaime, esbozando una sonrisa serena—.
Algún día te tocará cruzarte con «esa» noticia que te jalará hacia ella, aunque sepas que eres como un mosquito atraído a la luz de la trampa.
Y entonces sabrás que lo tienes: el instinto que se necesita para este trabajo.
—Haces que no suene muy atractivo ser reportera, en realidad.
—Solo espera y lo experimentarás tú misma.
Le volvió a sonreír de esa forma tan cándida. Y aunque seguía sintiendo un poco de miedo, Nicole no pudo evitar sonreír también.
Le parecía que era lo más cerca que lo había tenido. Su colonia y su champú olían realmente bien. ¿O era acaso un olor propio de él? Pero, además, su rostro y sus ojos eran tan hermosos que casi parecían irreales, como una pintura creada para ser bella desde su propia concepción.
Nicole comenzó, en ese momento, a sentir mariposas rondando en su estómago… y también un poco más abajo.
De nuevo Giselle apareció en su mente, a pesar de que no había pensado en ella en toda esa noche.
Aunque en realidad lo que la invadía en esos momentos no era la imagen de aquella mujer, sino la sensación de intensa excitación que había tenido la noche de jueves y que iba en aumento a cada segundo, como si fuera a explotar en cualquier instante.
—Aunque pase eso que dices, no sé si me atrevería a arriesgarme tanto como tú —murmuró Nicole, sonando casi como un profundo suspiro—. Eres muy valiente…
—Gracias, pero solo hago mi trabajo —murmuró Jaime, encogiéndose de hombros.
—Yo creo que haces mucho más que eso…
Sin borrar la sonrisa de su rostro, Nicole se aproximó un poco más a él, sentándose tan juntos que sus caderas terminaron pegadas.
Este había sido un movimiento en el que no había pensado demasiado, como si su cuerpo hubiera decidido hacerlo por su propia cuenta.
Jaime pareció un poco desconcertado por esto, pero tampoco hizo algún intento evidente de apartarla.
—Dime la verdad, Jaime —susurró Nicole, inclinando un poco su cuerpo hacia él.
Un par de mechones de su cabello caían sobre su frente y sus labios rosados brillaban ligeramente bajo la tenue luz de las lámparas de mesa de la sala—.
¿Me invitaste a tu departamento solo para traerte tu libreta y… comer pizza?
—Ese era todo mi plan, lo juro —respondió Jaime, un poco apremiante. Pareció por un momento preocupado de que Nicole pensara algo diferente y, a ella, dicha preocupación le resultó casi adorable.
—Te creo —susurró Nicole con un escaso hilo de voz. Su cuerpo se recostó más contra él, su torso apretándose contra su brazo. Su rostro se posó a una distancia bastante corta del suyo y se perdió aún más en el mar esmeralda de sus ojos—. Pero… ya que estamos aquí, quizás… podríamos…
Una parte de ella esperaba que Jaime la rechazara, que la apartara y le dijera, con esa caballerosidad propia suya, que había malinterpretado las cosas.
Quizás le daría una charla sobre ética profesional, o que no era ella, sino él; todo con tal de no hacerla sentir mal.
Pero Jaime no hizo nada de eso. Y cuando Nicole se le aproximó de esa forma para besarlo, él no se apartó ni la detuvo.
De hecho, se volvió un participante bastante entusiasta de dicho beso.
No hubo pudor ni titubeos. Desde el primer roce de sus labios, ambos dejaron claro lo que querían.
Sus manos no tardaron en comenzar a inmiscuirse en el asunto y a recorrer el cuerpo del otro, intentando reconocerlo por encima de sus ropas.
Jaime no fue tímido al momento de pasar sus besos de sus labios hacia su cuello, provocando que Nicole soltara un agudo gemido; siempre había sido muy sensible en esa parte.
—No pienses mal de mí, por favor… —susurró Nicole despacio, apenas logrando ser oída.
—Nada de eso —le respondió Jaime entre un beso y otro, y ella lo sintió sincero.