Capítulo 40
—¿Y esa quién es? —me preguntó Cata.
Yo solté un bufido, antes de contestarle.
—Ni idea. Otra que va detrás de él.
Soné molesta, porque lo estaba. ¡Qué narices!
—Joder, pero ¿cuántas tías persiguen a Ander? —preguntó sorprendida.
—Pues está claro que muchas —suspiré—. Si lo llego a saber no dudo en si venir o no.
—No digas eso —me pidió Bruno—. Él no tiene la culpa de todas las mujeres que se han acercado a él en la iglesia y ahora aquí. Además, estamos aquí por Natalie y Eduardo —me recordó.
—Tienes razón —acepté, haciendo un puchero—. Es que me jode mucho ver como revolotean alrededor de Ander, esperando el momento perfecto para pegarse a él. Desde que hemos llegado a la mansión de sus padres no he podido estar con él más de unos pocos minutos.
—Está con su padre, pasando de un invitado a otro.
—Joder, pues con los que hay, como tenga que hablar con todos… —dijo Cata.
Nos miramos y reímos.
—Chicos —nos llamó Greta y le sonreímos.
Venía hacia nosotros con Lewis y Leo. Quinn y Taylor habían vuelto a desaparecer a la primera oportunidad que habían tenido.
Todavía tenían tiempo, ya que estábamos esperando a los novios. Natalie y Eduardo habían ido a hacerse unas cuantas fotografías a una zona en concreto, pero llegarían pronto porque la mayoría de las fotos se las harían por los jardines de aquí, de la propiedad de los padres de Natalie.
La ceremonia en la iglesia había sido preciosa y emotiva. La novia apareció del brazo de su padre increíble. Natalie estaba espectacular, aunque Eduardo no se quedaba atrás. Hacían una pareja maravillosa y lo eran.
La ceremonia había pasado rápida y cuando nos dimos cuenta los novios estaban besándose.
Todo había salido perfecto y para mi orgullo, escuché muchos comentarios de lo bonitos que eran los arreglos florales. Saqué varias fotografías para enseñárselas a mi madre, al igual que hice de cada estancia y espacio decorado de la mansión.
Esto último fue cuando vine temprano a la mansión, para asegurarme de que todo seguía tal y como lo dejé la tarde anterior.
Todavía no habíamos podido acercarnos a los novios para darles la enhorabuena. Con todas las personas que había, cuando salieron de la iglesia y les lanzamos pétalos de rosas y arroz, fue imposible llegar hasta ellos.
Greta había estado liada, controlando que todo saliera bien. Por lo visto ahora podía tomarse un descanso.
—Aquí —Leo llamó la atención de un camarero.
Lo hizo en cuanto llegaron frente a nosotros.
El hombre se acercó cargando con una bandeja y todos cogimos una copa de vino. Se lo agradecimos y se fue.
—¿Cómo lo estáis viviendo? —nos preguntó Greta.
—Está siendo un día inolvidable —le contesté yo.
—Sí, y todavía queda mucho por delante —comentó Bruno.
—No ha hecho nada más que empezar —dijo Lewis.
Se puso al lado de Bruno, como quien no quiere la cosa, y se apoyó en el saliente de un ventanal. Igual que estaba Bruno.
Mi amigo se esforzó por no mirarlo. Lo supe. Lo noté. Ya nos había contado el impacto que le provocó ver a Lewis.
—Oye, ¿y Ander va a estar todo el banquete así? —preguntó Cata.
Miré de reojo a mi amiga, agradecida porque sacara el tema. Yo no quería parecer una caprichosa, porque no lo era, pero la situación me estaba sobrepasando un poquito.
—Son compromisos de él y de su padre —contestó Leo—. Pero ya veréis como se los quitan rápido de encima.
—¿Y a todas las tías que van detrás de él?
Se me escapó la pregunta y Greta me miró con diversión, pero también con comprensión. Cata me dio un codazo muy ligero y Bruno sonrió de medio lado. A Leo y a Lewis no quise mirarlos para no sentir más vergüenza.
A las alturas que estábamos todos las personas cercanas a Ander sabían lo que había pasado entre nosotros, incluso sus padres.
—Es lo normal en Ander. Tendrás que acostumbrarte —me dijo Greta.
—¿Yo? Es cosa suya —le quité importancia.
—Exacto, y por eso no intercambia más de una palabra con esas mujeres a las que te has referido. Se para lo justo con ellas, para no ser descortés. Hasta ahí llega —contó Lewis.
—Sé que él no tiene la culpa —susurré.
—No dejes de confiar nunca en él, Eimy —me pidió Lewis—. La vista puede jugar malas pasadas, pero la realidad puede ser otra totalmente diferente.
—Gracias —le sonreí y él me imitó.
—¡Eso significa que han llegado los novios! —exclamó Cata, cuando escuchamos el claxon de un coche.
Sonreímos y nos dirigimos a la entrada de la vivienda, hasta donde llegaba el camino asfaltado.
Así era, el coche apareció circulando muy despacio y todo nuestro grupo de amigos reímos cuando Natalie asomó medio cuerpo por la ventanilla de la parte de atrás.
A nuestras risas se unieron muchas más, por la escena. Los recién casados se besaron en cuanto se bajaron del coche. Se ganaron silbidos y vítores.
Natalie y Eduardo nos saludaron desde la distancia, cuando nos localizaron entre tanta gente. Con un gesto de Eduardo entendimos que nos pedía un poco más de tiempo, antes de que pudieran reunirse con nosotros.
Mientras los camareros pasaban con bandejas con canapés y bebidas, la pareja fue a hacerse las últimas fotografías. Los esperamos disfrutando.
Taylor y Quinn se unieron a nosotros, por lo que el único que faltó fue Ander. Él continuó liado con su padre e incluso con su madre, en algún momento.
La música sonaba por los altavoces que habían colocado por la fachada de la casa y sobre la hierba, y el ambiente mejor no podía ser.
Cuando los recién casados se sumaron, estuvimos un rato más, antes de ir hacia las mesas para sentarnos a comer el menú.
Había varios equipos completos de cocina utilizando la cocina de Leslie, la madre de Natalie y Ander. Greta nos dijo que nos iba a sorprender toda la comida, aparte de que estaría deliciosa.
Nos dejó con la intriga. Greta se iba y venía, para seguir encargándose de que todo iba bien.
—Un momento de atención, por favor.
Todos nos sorprendimos al escuchar a Ander. Su voz sonó alta y fuerte, a través de los altavoces.
Cuando lo localizamos lo vimos con un micrófono en la mano, cerca de los labios. Todos se centraron en él. La música dejó de sonar y las voces se acallaron.
—Gracias —volvió a hablar—. Con el permiso de mi hermana y mi cuñado, que lo tengo de sobra, quiero decir unas palabras.
Muchos de los presentes aplaudieron.
—Primero de todo, quiero felicitar y dar la enhorabuena en público a Natalie y a Eduardo. Sabéis lo que os quiero, por lo que sobran las palabras. Os deseo toda la felicidad del universo y que siempre encontréis dentro de vosotros la fuerza para continuar queriéndoos.
Más aplausos y algún «viva los novios».
Yo sonreí emocionada.
—Os prometo que acabaré rápido. No voy a robar mucho protagonismo.
La gente rio.
—Hoy, aparte de por todo lo evidente, es un día muy especial para mí porque está aquí la mujer que me ha robado el corazón.
Enseguida se escucharon algunos murmullos y aplausos. También algún que otro jadeo. Esos debieron venir de algunas que perdieron el conocimiento ante tal descubrimiento.
—Joder —dijo con un pequeño chillido Cata.
Yo la miré agrandando los ojos, y después volví a prestarle atención a Ander. Tragué saliva con dificultad.
—Un día cualquiera me dio por entrar en una floristería que hacía pocos días que había abierto. Yo siempre pasaba por esa zona con el coche, por lo que la tenía muy controlada. Sé rápido en cuanto cambia algo.
Se oyeron risas.
—En esa floristería estaba ella. No, ella era la dueña de la floristería.
Resulta que en cuanto la vi algo hizo clic en mí.
Llamadlo flechazo o amor a primera vista, da igual.
El caso es que me quedé embobado observando cómo atendía a un cliente y cuando fue mi turno, costándome hablar por primera vez en mi vida, le pedí un ramo de rosas rojas.
Ese fue mi primer pedido, pensando en ella.
Me rodeé la cintura con los brazos y agradecí que Bruno me sujetara, pegándome a él.
—Después de ese ramo vinieron muchos más, porque no podía dejar de ir para verla.
Cada semana varias veces. Aparte de que tuve la necesidad de que su negocio prosperara.
Debido a ello, como sé muy bien lo que es comenzar desde cero y lo que conlleva, aparte de ser un muy buen cliente fijo, me encargué de hacerle una publicidad muy especial y de hacer correr la voz sobre la floristería y la profesionalidad de su dueña.
Jadeé, tapándome la boca con las manos.
—Lo siguiente que hice fue hablarle a mi hermana de ella y decirle lo que me había pasado.
Natalie no dudó en pedirle a Greta, su mejor amiga y la organizadora de esta boda increíble, que la contratara para este día.
Fue como sabía que sucedería, porque esa mujer tan especial habla a través de las flores y transmite muchísimo con ellas.
Greta le lanzó un beso a Ander y él le hizo un guiño, con la gran confianza que se tenían.
Yo no pude reaccionar a nada.
—Solo quería que todos supierais que llevo meses enamorado de una mujer increíble y que desde hace muy poco, por fin estamos juntos.
Esas palabras provocaron muchos silbidos y aplausos.
—Ella es Eimy y ya que estamos, si alguna vez necesitáis un gran trabajo con flores, ya sabéis donde acudir.
Solo tenéis que ver la decoración tan perfecta y delicada que hay por toda la vivienda de mis padres.
Ahora sí, gracias por escucharme y perdonadme, pero a partir de ahora voy a disfrutar de la boda de mi hermana con la mujer de la que estoy enamorado.
—¡Ese es mi hermano! —gritó Natalie, por algún lado entre la gente.
La risa de Eduardo se escuchó alta y clara.
Ander dejo el micro encima de un altavoz que estaba en la hierba a su lado y comenzó a caminar hacia mí.
Me mordí el labio inferior, con un nudo en la garganta y con los ojos nublados por las lágrimas.
—Y ahora —me dijo cuando se paró delante de mí, agarrándome de la nuca—. Estoy desenado quitarte este vestido, con la boca y con las manos, con todo lo que pueda.
—Ander… —susurré.
—Ya sabes mi verdad, la que he estado reservando para este momento.
Asentí.
—No sé qué decir.
—Que estás empezando a quererme y que quieres estar conmigo.
—Te quiero y quiero estar contigo —le dije, agarrándome a su camisa.
Sonrió de medio lado.
—Tú lo has querido preciosa.
Sin esperármelo, se agachó y se echó mi cuerpo al hombro. Solté un grito por la impresión, con muchísima vergüenza porque todas las miradas estaban puestas en nosotros.
A Ander le dio igual todo, comenzó a caminar hacia el interior de la casa.
Para mi bochorno, pasamos por al lado de sus padres y de Mairi.
—Logan, dile algo a tu hijo —le pedí a su padre, después de que yo le pidiera sin éxito a Ander que me bajara.
—Por fin puedo darte la bienvenida oficial a la familia, Eimy —me dijo él con una gran sonrisa, ignorando mi petición.
Leslie y Mairi se limpiaban los ojos con un pañuelo, también sonriendo.
—Gracias, papá —le dijo Ander, antes de entrar a la mansión y dirigirse hacia la escalera.
Lejos de miradas indiscretas, me mordí el labio inferior y le agarré de las nalgas. Él soltó un gruñido y yo reí encantada de alterarlo tanto.
Todavía estaba asumiendo todo lo que había dicho ante los invitados, la mayoría personas muy importantes e influyente.
Teníamos pendiente una conversación larga sobre ello, pero en este instante, mientras mi cabeza colgaba a la altura de su perfecto trasero y una de las manos de Ander se colaba por debajo de la falda de mi vestido, me dio todo igual, menos lo que necesitaba que sucediera.