La chica de las flores Capítulo 39
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Capítulo 39

Me senté en la cama y sonreí viendo a mis amigas.

Era sábado, las diez y media de la mañana, y estábamos en mi habitación.

La semana había pasado muy rápida, casi no nos habíamos dado cuenta. Estábamos en mi piso porque de todos nuestros pisos, incluido el de Bruno que estaba en el baño del pasillo, el mío era el que quedaba más cerca de la iglesia.

El día de la boda de Natalie y Eduardo había llegado, por fin. Faltaba pocas horas para verlos en el altar. Yo ya había estado en la iglesia y en la mansión de Logan y Leslie, los padres de Ander y Natalie.

A las siete y media de la mañana salí de mi piso para comprobar que todos los arreglos florales estaban tan perfectos como los dejé el día anterior, y cargando con el cuadro que sería el regalo de mis amigos y el mío para los recién casados.

Dejé el cuadro en la mansión y los padres de Natalie y Ander quedaron impresionados. Me dijeron que era perfecto.

Leslie, la madre, me había ayudó y acompañó por la vivienda, revisando cada estancia y espacio. Después, al terminar de comprobar las últimas decoraciones, Leslie me invitó a desayunar y me senté a la mesa con ella y con su marido Logan.

Me hicieron sentir en todo momento muy a gusto y cómoda, y por fin, pude tener una conversación tranquila con ambos.

El día anterior, el viernes, estuve muy liada con los últimos detalles de los arreglos florales, haciendo viajes con una furgoneta que alquilé para transportarlo todo a la mansión de los padres de Natalie y Ander, y colocando las decoraciones en su lugar.

Terminé agotada, a pesar de la ayuda que me ofrecieron mi madre, Bruno, quién pidió la tarde libre en el bar para no dejarme sola, Cata, que ya no trabajaba porque se fue a lo grande de la empresa en la que la trataron muy mal, y Lewis, Quinn y Ander, quienes se unieron para que todo quedara perfecto para la boda.

Fueron muchas manos las que colaboraron, pero aun así todavía me sentía cansada porque no paré ni instante.

Y si le sumaba la noche que había pasado, la que me costó un montón dormirme y me cagué en todo al escuchar el despertador esta mañana, para ir a hacer la última comprobación de las decoraciones…

Mientras estaba en mi cama intentando dormir, dando vueltas de un lado a otro, me arrepentí muchas veces de haberle dicho a Ander que era mejor que cada uno durmiéramos en nuestra casa. Fui tonta. ¡Ni que fuéramos a casarnos nosotros!

En fin, que quise estar sola en mi cama, pensando que me dormiría pronto por lo cansada que terminé anoche, y al final hubiera sido mejor que Ander me cansara un poco más y cerrar los ojos abrazada a él.

La tarde que salí con mis amigos a mirar tiendas, en busca de la ropa para este día, Bruno fue el primero en tener suerte. Se compró un traje muy bonito, moderno y con mucha clase. La chica que le atendió se quedó encantada con él. La camisa también se la compró, para que fuese en la misma línea.

Después fue el turno de Cata, la seguí yo y, la última en conseguir su vestido fue Taylor. Las tres encontramos lo que buscábamos, pero lo más importante era que los vestidos encajaron en nuestros cuerpos a la perfección.

Esta mañana, en cuanto avisé a mis amigos de que ya estaba en el piso, vinieron con todas sus cosas para prepararnos y vestirnos todos juntos. Eso estábamos haciendo. Bruno había ido al baño del pasillo para afeitarse y arreglarse el pelo, para dejarnos el baño de mi habitación para nosotras.

Su traje y la camisa estaban colgados de la puerta, de una percha, mientras que los vestidos de Taylor, Cata y el mío los teníamos extendidos en mi cama.

Cada una estábamos junto al suyo, donde también teníamos todos los complementos que íbamos a ponernos.

Los zapatos de tacón estaban en el suelo, preparados también.

Taylor, que ya se había maquillado, fue la primera en colocarse su vestido.

—Estás preciosa —le dije, sonriendo.

—Me siento como una diosa —comentó, riendo.

—Nena, no es para menos. —Silbó Cata.

—Venga, poneros los vuestros que vais a estar igual que yo —nos pidió Taylor, emocionada.

—¿Vas a maquillarte primero? —le pregunté a Cata.

—Espera, quiero contaros algo —dijo, cuando Bruno entró en la habitación.

Él también silbó al ver a Taylor, haciéndola reír cuando la agarró de una mano y la hizo girar.

—¿De qué se trata? —le pregunté.

—Me lo he callado hasta estar más o menos arregladas. Por el impacto y esas cosas —dijo Cata.

Arqueé las cejas.

—¿Qué dices? —habló Taylor.

—Ya puedes empezar —le pidió Bruno.

Él se quitó la ropa, quedándose solo con el bóxer, y fue a descolgar las perchas de la puerta.

—Os acordáis de que ayer por la mañana fui a la nueva empresa. Tenía una reunión, antes de comenzar el lunes en mi puesto de trabajo.

—Es verdad —dije sorprendida—. Joder, con todo lo de los arreglos florales y el lío que tenía en la cabeza ni me acordé de que fuiste.

—No pasa nada —me sonrió con cariño—. Bastante tuviste ayer como para acordarte. Yo también podría haberte dicho algo, estuvimos toda la tarde juntas para ayudarte a llevarlo todo y a colocarlo en la mansión.

—Yo te pregunté y me dijiste que había ido muy bien —comentó Taylor.

—Y fue así —sonrió Cata—. Más bien de lo que pensaba. Espero —rio, mirándome a mí.

—¿Qué pasa?

—Que me llevé una grandísima sorpresa cuando entré en la sala de reuniones y me encontré con varios altos cargos.

—¿Por qué? —Quiso saber Bruno.

—Porque el principal, el más importante de la empresa, el jefe supremo, estaba sentado a la cabecera de la mesa y no era otro que Ander.

—¿Qué? —chillé.

—¡Madre mía! —exclamó Taylor y después soltó una carcajada, nerviosa.

—Lo que habéis oído —suspiró Cata—. Cuando nos vimos, nos quedamos los dos…

—rio—. Ander tampoco esperaba verme. En ninguna de la documentación que tienen de mí en la nueva empresa aparece una foto mía, por lo que era imposible que él me pusiera cara.

Además, todas las veces que estuve en la empresa me reuní con personas diferentes.

—¿Por qué no me dijo nada ayer? —pregunté, con el ceño fruncido.

—Por mí —me aclaró Cata—. Le pedí que no lo hiciera porque quería darte la sorpresa yo —sonrió—. ¿Qué os parece? Ander es mi nuevo jefe y algo me dice a mí que vamos a llevarnos muy bien.

—Joder, qué puñetera casualidad —habló Bruno.

Taylor y Cata rieron. Yo me había quedado digiriendo la información, todavía sentada en la cama y en ropa interior.

—Me parece increíble —dije.

—Y tanto que lo es. Por cierto, la reunión salió perfecta. Terminé muy satisfecha y creo que los demás también. Como te dije —se dirigió a Taylor, quien asintió sonriendo.

—¿Os habéis dado cuenta de que, si Eimy se casa con Ander, ella también será tu jefa? —nos preguntó Bruno, mirando solo a Cata.

Las tres lo miramos sorprendidas, como si no hubiéramos pensado en esa posibilidad, y al cabo de unos segundos soltamos una fuerte carcajada. La realidad era que pensar en algo así era apostar muy alto. Yo prefería vivir el día a día, porque nunca se sabía qué depararía la vida.

—Anda, vamos a terminar para salir con tiempo. No quiero ir a la iglesia con prisas —dije.

Todos nos pusimos a ello. Taylor terminó de arreglarse colocándose todos los complementos y calzándose, y los demás comenzamos de cero. Cata y yo primero nos maquillamos, después hicimos el resto.

—Si digo que estáis espectaculares se queda corto —nos dijo Bruno, mirándonos con cariño y admiración.

—No me hagáis llorar, ¿eh? —nos pidió Cata y apretó los labios, para contener la emoción.

—Los cuatros estamos divinos —dijo Taylor.

A continuación, se retiró la humedad de los ojos con cuidado, por el maquillaje.

—Vamos a arrasar —rio Bruno.

—Tú solo quieres arrasar a uno en particular —se unió a sus risas Taylor.

—¿Sinceramente? Me da miedo ver a Lewis hoy.

—¿Qué dices? ¿Por qué? —le pregunté sorprendida—. ¿Ha pasado algo malo entre vosotros?

—Qué va. Todo va genial. Ya lo viste ayer, mientras te ayudábamos.

Asentí.

—¿Entonces?

—Joder, es que si me gustó vestido normal, como lo vea hoy arreglado tengo miedo de lo que pueda sentir —nos aclaró.

Le sonreí con cariño.

—Piensa que él puede sentirse igual que tú, cuando te vea —le dije.

—Todavía no tengo ni idea de si estoy cometiendo un error —habló pensativo.

—Eh, no es momento de esas dudas y miedos, ¿vale? —le pedí—. Relájate, solo estás nervioso por verlo.

—Lo que no tardará en suceder —comentó Cata, mirando la hora en el bolso—. ¿Nos vamos ya?

Respondimos que sí y terminamos rápido con lo que nos faltaba, para salir de mi piso y bajar al coche de Bruno para ir a la iglesia.

El trayecto lo hicimos en unos veinte minutos y como íbamos con antelación encontramos aparcamiento bastante rápido.

—A mitad del banquete me habré deshecho de estos zapatos —dijo Taylor, con un bufido.

—Si no has andado casi con ellos… —comentó divertido Bruno.

—Pues ya he tenido más que suficiente —suspiró Taylor.

—Te entiendo amiga, yo estoy igual. Son muy altos —habló Cata, haciendo un puchero.

—¿Cómo los llevas tú? —me preguntó Bruno.

—Bien por ahora, sorprendentemente —reí.

—Joder, ¡qué suerte! —se quejó Cata y rio también.

—Qué bonita es esta iglesia —dijo Taylor, cambiando de tema.

La iglesia se hizo visible y era bien cierto lo que acababa de decir mi amiga. La fachada era preciosa, así como toda la construcción.

Conforme nos acercábamos, nos sorprendió ver a tanta gente fuera, cuando pensábamos que seríamos de los primeros.

—La virgen, ¡a que me pierdo con tantas personas! —jadeó Cata.

Su comentario nos hizo reír y como siempre, eso fue lo que nos tranquilizó.

—Vamos a estar buscando a Ander y a los demás un rato —dije a modo de queja.

—Yo ya he visto a Lewis, por lo que, a Ander, a Leo y a Quinn también ——nos confirmó Bruno y los miramos con asombro—. ¿Qué? Están justo en la puerta de la iglesia.

Se encogió de hombros.

—Qué control chico —habló con diversión Taylor—. Hoy no se te escapa Lewis. Te lo digo yo.

Bruno negó con la cabeza, pero sonriendo.

Caminamos entre la gente, haciéndonos un camino hasta ellos. Conseguimos llegar rápido y en cuanto los ojos de Ander se cruzaron con los míos, dejó de hablarle a la mujer que estaba agarrada de su brazo.

Fruncí ligeramente el ceño, al verlos.

—No me has avisado de que no estaban solos —le susurré a Bruno.

—Es que a ella no la he visto hasta ahora —se disculpó mi amigo—. Tranquila, será un familiar.

—Claro —sonreí tensa.

—No te preocupes, cariño —me dijo Cata.

Tanto Ander, como todos los que estaban con él, no apartaron la vista de mis amigos y de mí conforme nos acercábamos. La única que nos ignoró fue la mujer rubia, ya que no nos conocía.

—Hola —saludó Bruno.

—Hola —le correspondió Lewis.

Después llegaron el resto de los saludos y mis amigos fueron acercándose a los demás.

—Estás… impresionante —me dijo Ander, con la voz ronca.

—Gracias.

Me sonrojé un poco.

Miré a la mujer a la cara y después bajé la mirada hacia sus brazos enlazados. Ella me observaba con altivez y las cejas elevadas.

—Ella es Bonnie, la hija de una amiga de mi madre —la presentó Ander.

Al hacerlo se soltó de su agarre, lo que pareció molestar a la tal Bonnie. Esta vez fui yo la que elevé las cejas, para que pillara el mensaje.

No me lo pensé cuando acorté la distancia con Ander y lo agarré de la nuca. Le di un beso atrevido e intenso, y por la reacción de él, que me correspondió al instante de la misma manera, le encantó que lo hiciera.

Cuando nos separamos, sonrió de medio lado y sin dejar de mirarme a tan corta distancia…

—Te sientan muy bien los celos —me dijo con un guiño.

Sintiendo mucho calor en las mejillas, le di un pequeño golpe en el pecho. Ander soltó una carcajada y yo terminé sonriendo, porque era imposible no hacerlo cuando estaba así de juguetón y divertido.