La chica de las flores Epílogo
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Epílogo

Nueve años más tarde…

Ander

De manera acelerada, me quité la chaqueta del traje y la corbata, y las lancé en el asiento trasero del coche.

Me monté frente al volante y me desbroché los puños de las mangas, para remangarlas hasta la mitad de los antebrazos.

Una vez terminé, arranqué y tomé la dirección del hospital.

Mandaba narices que salí de casa sabiendo que no estaría más de una hora fuera y solo habían pasado veinte minutos. Eimy fue la primera en animarme a que me fuera, porque todo estaba bien.

Tendría que haber anulado la puñetera reunión. Mi mujer estaba embarazada de ocho semanas y media y los últimos días no se había encontrado muy bien.

De ahí que me hubiera costado tanto salir de casa para una reunión que debía hacer en persona. Llevaba días trabajando desde casa, sin perder de vista a Eimy y ayudando a Mairi con Lía y Zoe, nuestras hijas de siete y cuatro años, respectivamente.

Íbamos a tener nuestro tercer hijo y el último. Mi mujer me había amenazado en varias ocasiones con eso y en todas ellas había ido muy en serio.

Enzo tenía prisa por ver el mundo. Así se llamaba nuestro tercer hijo, el que había decidido nacer hoy.

En cierta manera me sentía tranquilo porque Lewis había estado a cargo de toda la situación. Me fui de casa con la condición de que él se quedara, por si surgía algún inconveniente. Y tanto que había salido.

La preocupación por Eimy no me dejaba disfrutar del momento, pero me sentía muy feliz porque dentro de muy poco podríamos abrazar al nuevo miembro de la familia que había creado con mi mujer.

Para nuestra boda repetimos la jugada que hicieron mi hermana y Eduardo. La celebramos en la casa de mis padres y como no, la organizadora fue Greta. Ella había sido la encargada de todas las bodas del grupo de amigos, sin importar la cantidad de invitados.

Vivimos en mi casa. Eimy vendió su piso al año y medio de estar viviendo conmigo, ya que pasaba todo el tiempo en mi casa. Debo decir que Skye fue una gran ayuda para que Eimy se adaptara a los cambios de dimensiones. Mi perra era una más de nuestra familia, todos los miembros la adorábamos.

Desde que Skye conoció a las niñas se proclamó la protectora de ellas, y lo mismo sucedería en cuanto volviéramos a casa con Enzo. Skye continuaba con la misma vitalidad, parecía que los años no pasaban para ella. Estaba fuerte y tenía salud.

La casualidad había querido que Lía y Zoe llevaran desde ayer en la casa de mis padres.

Eran unos abuelos perfectos, como lo eran en el papel de padres.

Lo mismo sucedía con Belén y Andrés, los padres de Eimy.

Todos nos llevábamos de maravilla y ellos, mis padres y mis suegros, encajaron muy bien desde la primera vez que se vieron.

Gracias a que las niñas estaban con mis padres, Mairi había podido acompañar a Eimy al hospital, junto a Lewis. Mi gran amigo me había dicho que él se encargaba de hacer todas las llamadas a los familiares y a los amigos, que no me preocupara por nada más que por llegar bien al hospital.

Cada vez que pensaba que no había estado con mi mujer en un momento tan difícil y delicado…

Sacudí la cabeza y me concentré en la conducción, pensando en que igualmente, una vez llegara en el hospital ya no podía hacer nada más que esperar con los demás.

Eimy sigue con la floristería. Le va genial y disfruta de su trabajo.

Al año y medio de estar juntos, cerca de la fecha que ella vendió su piso, yo compré el local de la floristería sin que ella pudiera imaginarlo.

Quise darle una sorpresa y contacté con la dueña, de esa manera le hice una oferta a la mujer que no pudo rechazar.

Hace muchos años que la tienda es de Eimy y que no tiene que pagar por el alquiler.

Se lo dije como regalo de cumpleaños, también le di los papeles firmados.

No os imagináis la bronca que me echó y lo enfadada que se puso, aunque después de soltar de todo por la boca y de carrerilla, se sentó a horcajadas sobre mis piernas y me lo agradeció con besos.

Eso fue el comienzo, podéis haceros una idea de cómo terminamos.

Por mi parte, sigo al mando de la empresa que fue de mi padre. Desde hacía años era de manera oficial, desde que mi padre se jubiló y se alejó del negocio definitivamente. Para mí no varió nada porque continué haciendo exactamente lo mismo.

Mi hermana Natalie y Eduardo son un matrimonio feliz.

El amor no ha disminuido entre ellos. Se adoran y se desean como siempre.

Después de la gran boda que celebraron estuvieron tres semanas de viaje de novios, en dos destinos diferentes de mar y playa.

Y con el tiempo, al cabo de dos años, llegó Gael. A los tres nació Emma.

Greta ha visto crecer mucho su negocio, tanto que hace unos seis años tuvo que trasladar la empresa a un local mucho más grande y tuvo suerte, porque era céntrico.

Desde entonces se encuentra muy cerca de Eimy, ya que sus negocios están a tan solo dos calles de distancia.

Sobra decir que todos los trabajos que acepta Greta, en los que hay necesidad de decoraciones florales, van a parar a las manos de Eimy.

Greta tiene una relación con Diego desde hace siete años y les va de maravilla.

Se conocieron en unas vacaciones de verano y lo que iba a ser un romance corto, pasó a ser uno muy duradero.

Por el momento no están casados y no piensan en dar el paso, pero ni falta que hace si continúan queriéndose como se quieren.

Viven juntos y son felices. Tampoco piensan en niños, más allá de los de sus amigos.

Bruno pasó de ser camarero a dueño del bar.

Su antiguo jefe Manuel se jubiló y le vendió el negocio a Bruno, a muy buen precio.

La inversión le salió redonda a Bruno y el cambio moderno que le dio al bar favoreció a que, desde entonces, sea uno de los bares más demandados en la zona de la plaza del mercado.

Bruno y Lewis están juntos. Sí, lo que comenzó de manera inesperada poco a poco fue tomando forma.

Todo sucedió el primer fin de semana en el que Lewis iba a enseñarle a bucear a Bruno.

Los roces casuales y las miradas pilladas por parte de los dos fueron despacio abriéndoles el camino.

Hasta que metidos en el agua, con la euforia de Bruno por haber conseguido hacer su primera inmersión con poca profundidad, le dio un beso en los labios a Lewis.

En ese momento ambos se quedaron paralizados, mirándose fijamente, pero solo les duró unos segundos, ya que se lanzaron a la boca del otro, en medio del mar.

Lewis siempre ha llevado su sexualidad muy en privado, cosa que me parece genial y respeto al máximo.

Yo soy una de las pocas personas con las que más ha hablado del tema, por la amistad y la confianza que nos une.

Por eso sabía que tarde o temprano sucedería lo inevitable entre Bruno y él.

Ese primer beso llevó a muchos más aquel día.

Les costó separarse y desde ese momento iniciaron una relación, sin dejar claro que eran una pareja.

Las palabras sobraron al principio. No les hizo falta dejar claro que estaban juntos, porque lo demostraban todo con hechos.

Nunca se han separado, ya que apostaron al máximo por lo que sentían.

Bruno se trasladó a vivir con Lewis y desde entonces están felices y son inseparables.

Taylor y Quinn, después de muchos encuentros en los que no dejaban nada claro, pero en los que se buscaban constantemente y se provocaban, decidieron darse un tiempo.

La verdad es que fue Taylor la que le dijo a mi amigo que era mejor que pararan, ya que no les llevaba a ningún lado y ella estaba cansada de relaciones fallidas.

Le dijo a Quinn que no quería enamorarse más de él para pasarlo peor.

Mi amigo se quedó muy tocado, aunque le costó reconocerlo.

Por suerte, reaccionó sin dejar pasar mucho tiempo y fue a buscar a Taylor.

Tuvieron una conversación en la que dejaron salir todos sus sentimientos e iniciaron una relación que hoy día continúa fuerte.

Están casados y tienen un hijo de seis años, Sergio.

Y, por último, pero igual de importantes que los demás, están Leo y Cata.

Con ella cogí mucha confianza y, desde casi al comienzo de trabajar en mi empresa, es mi mano derecha allí.

Después de la gran sorpresa que me llevé al saber que iba a trabajar para mí, Cata demostró sobradamente porque era más que válida para el puesto que ocupaba.

Leo y ella comenzaron a verse sin decírselo a nadie.

Quisieron probar primero y les salió bien la jugada porque fueron conociéndose sin prisa y sin presión de ningún tipo.

Fue al cabo de siete meses cuando nos dijeron que eran pareja y que estaban seguros de que podían funcionar como tal.

Tanto funcionaron que están casados y tienen dos hijas mellizas de seis años, Alba y Luna.

La vida está llena de luces y sombras, y a ambas hay que abrazarlas porque forman parte del proceso personal de cada uno. Sobre todo, a las sombras, ya que, cuando todo sale mal y va en contra de uno, es cuando más mimos y cariño hay que ponerle a la situación que sea. Y a nosotros mismos.

Llegué al hospital en tiempo récord y me encontré a Lewis y a Mairi esperándome en la entrada.

Hoy iba a ser un día de mucha luz, una inmensa y preciosa. Aunque hasta que no estuviera junto a Eimy y Enzo no me quedaría tranquilo.

—Relájate, futuro papá —me pidió Lewis, sonriendo—.

Una enfermera nos ha informado que Eimy ya está dando a luz de manera natural.

Todo va bien, pero como la han preparado para una cesaría, por cómo ha llegado y por su historial, la enfermera nos ha dejado claro que nadie podía estar con ella.

Nos ha pedido que le transmitamos al padre que cuidarán muy bien de Eimy.

Sonreí emocionado y me lancé a los brazos de mi amigo. Reímos y lloramos, con los sentimientos a flor de piel. Mairi también se unió a nosotros, llorando porque todo había terminado bien.

Atrás quedaron las preocupaciones de los días anteriores, en los que yo no conseguía dormir. Durante las noches me dedicaba a observar a Eimy, para asegurarme de que no le pasaba nada mientras yo dormía.

Mi mujer era mi vida entera, mi camino y mi luz. Mi chica de las flores, tan preciosa y perfecta para mí.