Capítulo 36
Me tensé por el contacto de Ander.
Aunque me sorprendiera, el momento que tanto había intuido, el que tanto había querido que sucediera, había llegado.
Me rodeó la cintura con un brazo y se agarró de un lado con la mano, ejerciendo un poco de presión.
Me atrajo hacia él, por lo que tuve que levantar las manos y mantenerlas separadas para no mojarle la camiseta. Apoyé los antebrazos en su pecho, cuando me giró hacia él.
—¿Qué? —le pregunté—. Voy a mancharte —susurré.
—Me da igual. Puedes hacerlo sin problema.
Me mordí el labio inferior, mientras que él levantaba una mano. La metió entre mi pelo, enredando los dedos.
—Hasta aquí, ¿vale?
—¿Cómo? —le pregunté sin entenderlo.
—Que hasta aquí vamos a dejar de huir el uno del otro, de rondarnos cuando estamos cerca.
—Ander…
—¿Qué?
—Deja de hablar de una vez.
Una sonrisa ladeada asomó en sus labios, pero dejé de verla en el momento en el que su boca fue directa a la mía.
Jadeé cuando atrapó mis labios y me pegó a su cuerpo, manteniéndome inmóvil en la posición por su mano en mi pelo.
Le rodeé el cuello con los brazos, acercándome del todo a él. A estas alturas no iba a preocuparme por si lo manchaba. Total, era agua, ya que solo me había dado tiempo a mojarme las manos.
No quedó ni un espacio minúsculo entre nosotros mientras ambos profundizábamos el beso, consumiéndonos en él.
Nuestras lenguas y labios se movieron al ritmo de los del otro, con nuestras manos aferrándose con desesperación a nuestros cuerpos, allá donde estuvieran. La necesidad y el deseo contenidos estallaron de repente.
Ander nos giró y noté el frío del borde de la encimera a la altura de las lumbares. Solté un jadeo cuando me aprisionó con su cuerpo, mostrándome sin palabras lo excitado que estaba.
Su miembro erecto se clavó por debajo de mi ombligo y me presioné más con su cuerpo.
Gruñó en mi boca y sin dejar de besarme, se separó lo suficiente para dirigir las manos al botón de mi pantalón corto.
Lo desabrochó y bajó la cremallera, y conforme lo hacía, noté como dentro de mí estallaba algo. Tenía las pulsaciones aceleradas y mi respiración era un caos, entre los besos de Ander que no me daban tregua y todo lo que estaba sintiendo.
Lo último que esperaba tener ese día era sexo. Ni este día ni ningún otro, porque no tenía planeado nada con nadie. Hacía bastante que no tenía una cita e intimaba con alguien.
Mis pensamientos se volatilizaron al sentir sus dedos apartando la goma de la braga. Mientras avanzaba con la mano hacia abajo, interrumpió el beso y nos quedamos mirándonos con nuestros pechos subiendo y bajando desacompasados por la falta de aire.
Me mordí el labio infiero al sentir la punta de varios de sus dedos muy cerca del punto más delicado, necesitado y excitado de mi cuerpo en este mismo momento.
—Si supieras cuántas veces he imaginado esto —dijo con la voz ronca.
No pude prestarle atención a lo que dijo, porque un jadeo me entrecortó más la respiración. Cerré los ojos unos segundos, con fuerza, cuando, por fin, sus dedos llegaron a mi clítoris y lo cubrieron con su calor.
—No tienes ni idea. Abre todo lo que puedas las piernas.
Lógicamente acepté su orden, ya que fue como sonó. Abrí las piernas lo máximo que pude, dándole acceso completo.
Ander aprovechó el movimiento para meter la mano del todo y cubrir mi sexo completamente con ella. Empezó a jugar con mis fluidos, deslizándolos y yendo a cada parte de mi zona íntima para que no quedara ni un pequeño rincón por humedecer.
—Ander…
—Es demasiado bueno —dijo, ignorando mi súplica escondida para que me diera más.
No era que estuviera dándome poco, pero me sentía demasiado acelerada como para la calma que veía en él. No sabía cómo podía tener tanto control, porque su miembro estaba completamente duro y su expresión era el claro ejemplo de la excitación y el deseo.
Se había propuesto volverme loca y lo estaba consiguiendo, mientras movía los dedos con total libertad por mi sexo.
Curvé la espalda pegándome a él, justo cuando adentró uno de sus dedos en mi interior. Gemí agarrándome a sus brazos, sintiendo cómo lo empujaba despacio, hasta que llegó al final del máximo recorrido que podía hacer.
Nos miramos a los ojos y sin perder el contacto, moví la cadera para notar más la sensación y para buscar un poco de alivio.
Ander se apiadó de mí y comenzó a mover el dedo en mi interior, cada vez que entraba, mientras que con otros dedos me acariciaba otras partes del sexo.
Mis jadeos llenaron la cocina y el orgasmo me atravesó poco después, provocando que me fallaran por completo las fuerzas.
Ander me rodeó la cintura con el brazo, para sujetarme y para que no me golpeara la espalda con el borde de la encimera.
Yo me agarré a ese mismo borde con ambas manos, buscando algo de estabilidad por mí misma.
Cuando las sensaciones intensas desaparecieron, respiré profundo y busqué su mirada. Sus ojos desprendían algo diferente y me dejó sin palabras la intensidad que me transmitió.
Su mano continuó entre mis piernas, tocando con los dedos los nuevos fluidos. Tragué saliva, por lo sensible que estaba, pero, al mismo tiempo, por la necesidad que volvía a nacer.
Cuando sacó la mano y se llevó los dedos a la boca, la respiración se me entrecortó y me faltó. Me excitó más. Me puso más caliente ver cómo lamía sus dedos, uno por uno, y los succionaba sin apartar los ojos de los míos.
Cuando terminó, antes de que él hiciera algo más, me adelanté para hacer lo que deseaba. No me lo pensé cuando agarré el bajo de su camiseta y tiré de ella hacia arriba.
Ander me ayudó levantando los brazos, hasta que se la saqué. La lancé a un lado, seguramente cayó al suelo, pero no me molesté en mirar.
Mi vista estaba demasiado entretenida viendo el pecho y los brazos del hombre que tenía muy cerca. Coloqué las manos en su pecho y empecé a moverlas, acariciándolo en el proceso.
Sus labios se entreabrieron y de su garganta salió un pequeño gruñido, cuando mis labios y dientes atraparon uno de sus pezones. Jadeó mientras jugaba con esa punta dura y sensible. De un pezón pasé al otro, y después comencé a hacer un recorrido de besos por varias partes de su piel.
Ander volvió a meter la mano entre mi pelo y de esa manera me agarró, pero no ejerció fuerza. Siguió dejándome hacer a mí y fue lo que hice, deleitándome con cada parte que descubría.
Tenía un cuerpo definido y perfecto.
Sin dejar de besarlo, en ese momento por el cuello, llevé las manos al botón de su pantalón y lo desabroché sin perder tiempo.
Ander se tensó y más rígido se puso cuando le abrí el pantalón y le agarré el miembro por encima del bóxer. Se lo apreté, provocando que él me diera un ligero tirón del pelo.
Me encantó la sensación que provocó en mí. Mi centro de placer volvía a estar palpitando por el deseo.
Me manera precipitada, le bajé el bóxer lo suficiente para liberar su miembro. Me aparté de él un poco, para bajar la mirada y ver esa parte de su cuerpo tan caliente, tensa y suave.
Volví a rodearle la erección, esta vez sin barreras, tocando su piel. Ander se inclinó hacia delante para apoyar las manos en el borde de la encimera, a ambos lados de mi cuerpo.
—Continúa —me pidió con la voz ronca—. Porque dentro de muy poco te quiero en mi cama, desnuda y preparada para mí.
Sus palabras me hicieron jadear.
Como sabía que sería de esa manera, me apresuré a disfrutar de lo que tenía entre manos. Deslicé la que tenía agarrándole el miembro, subiendo y bajando hasta el final, muy despacio.
Ander apretó la mandíbula y noté como sus músculos se contraían, al apretar las manos en el filo de la encimera.
Entre deslizamientos y caricias en el glande, lo torturé un poco descubriéndolo.
Y de nuevo actué como me pedía el cuerpo, cuando sin soltarlo, lo empujé un poco para que diera un paso atrás.
Lo dio, pero no apartó las manos de la encimera, como si supiera que iba a necesitar ese apoyo.
Me puse de rodillas frente a él y busqué su mirada. En ese momento no pude definir lo que había en sus ojos, pero me dejaron sin respiración durante unos breves segundos.
Una vez recompuesta, en cierta manera, desvié toda mi atención a su miembro. Con la mano, lo dirigí a mi boca.
Ander gruño y soltó un jadeo, cuando pasé la lengua por el glande. Introduje un poco de la punta en la en la abertura pequeña y echó la cadera hacia mí.
Busqué su mirada de nuevo y de esa manera, sin apartar el contacto visual, me introduje lentamente su miembro en la boca.
Él gimió cuando me quedé llena por completo, una vez llegó todo al fondo que pude meterlo.
Con una mano continuó sujetándose a la encimera, pero con la otra me agarró del pelo y me movió la cabeza.
En esta ocasión fui yo la que gemí, mientras él llevaba todo el control de la situación. Movió mi cabeza a su antojo, metiendo y sacando su miembro cada vez más rápido.
Lo agarré del trasero, para pegarlo más a mí cada vez que me llenaba la boca. Y cuando me perdí en la neblina del placer, porque me sentía a punto de correrme sin que me hubiera tocado, Ander tomó un ritmo frenético en cada empuje.
Pero todo terminó muy rápido, ya que se apartó de golpe dando varios pasos hacia atrás.
—No te levantes —me pidió con la voz irreconocible.
No lo hice. Me quedé de rodillas frente a él, con el pantalón abierto y la braga mal colocada. Aun así, no se me veía nada fuera de lugar. En cambio, a Ander solo le faltaba terminar de quitarse el pantalón y el bóxer que se les había deslizado hacia abajo.
Fue lo que hizo. Como si me leyera la mente, de varios tirones se deshizo de toda la ropa y se quedó desnudo delante de mí.
Si miembro húmedo por mi saliva y sus fluidos, brilló como si estuviera llamándome.
Mientras yo admiraba al hombre que tenía delante, él se dedicó a observarme tal y como estaba. Sus ojos se oscurecieron.