La chica de las flores Capítulo 33
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Capítulo 33

Aminoré aun más la velocidad, cuando Ander paró su coche dentro del garaje que nos habíamos encontrado abierto. Lo seguí al interior.

En cuanto se bajó, Skye fue a darle la bienvenida, feliz. Quité la llave del contacto con una sonrisa de oreja a oreja, viendo cómo perra y dueño se comunicaban de maravilla.

La puerta del garaje se cerró despacio, mientras tanto.

Después de unas cuantas caricias de Ander, Skye se acercó a mí.

—Hola, preciosa —la saludé.

Soltó un ladrido, sin dejar de mover la cola con fuerza de un lado a otro.

Desmonté de la moto y me quité el casco. Después de colocarlo sobre el asiento, me giré para recibir su bienvenida.

Poco faltó para que nos fuéramos al suelo, cuando apoyó las patas delanteras en mi pecho. Reí, acariciándola, mientras que Ander nos observaba apoyado en el lateral del coche.

—Hijo.

Al escuchar esa palabra agrandé los ojos y se me fue toda la diversión.

—Papá. No sabía que estabas aquí —le dijo Ander.

—Tu madre también. Hemos venido porque tu madre quería traerle a Mairi la gran creación que cocinó ayer. Esto que quede entre nosotros.

Escuché sus pisadas a mi espalda y antes de volverme para ser respetuosa, busqué la mirada de Ander. Él observaba en ese instante a su padre, sonriendo por lo que le había dicho, pero cuando nuestras miradas se encontraron se puso serio.

—Papá. Te presento a Eimy.

Fue en ese momento en el que me di la vuelta, para quedarme frente al padre de Ander y Natalie.

Contuve la respiración cuando Ander se puso a mi lado y pasó un brazo por mi espalda. Colocó la mano en mi cintura y la dejó ahí. Lo que en otro momento me habría hecho temblar las piernas, en este me sentó genial porque sentí su apoyo y estabilidad.

Era demasiado ya, entre lo de ayer y ahora esto… Aunque sabía que en algún momento conocería a este hombre y su mujer, ya que en la casa de ambos se celebraba la boda y necesitaría el día de antes para trabajar en la propiedad, esperaba verlos por primera vez allí.

No aquí, en la casa de su hijo, solos Ander y yo.

Solté un pequeño suspiro.

—Es amiga de Natalie y de Greta, y la dueña de la floristería que está preparando los arreglos florales para la boda. Eimy está encargándose de todo.

—Vaya. Por fin te conozco —dijo el padre de Ander.

Sonriente y mirándome, se paró frente a mí.

Me parecía increíble estar delante de uno de los hombres más ricos del mundo y verlo tan… común y natural. Me impactó.

Ya, era una gran tontería de pensamiento porque el hombre, independientemente del dinero que tuviera y de su poder, era una persona normal y corriente.

Ander se parecía mucho a su padre, el físico de ambos y las facciones eran muy similares. Eran dos hombres que imponían y transmitían respeto.

—Es un placer conocerte, Eimy —me dijo.

Me ofreció una mano y se la acepté.

—Gracias, señor —le sonreí, nerviosa.

—Llámame Logan, por favor —me pidió.

—De acuerdo, Logan.

Su sonrisa se hizo más amplia.

—Voy a adelantarme para que mi mujer no se te eche encima.

Debí poner cara de susto porque lo hice reír.

—Me refiero a que voy a hacerla a la idea de que estás aquí. Para que no te agobie nada más entrar —me aclaró.

—El entusiasmo de mi hermana es herencia de mi madre —me dijo Ander.

—Ya veo —sonreí, mucho más tranquila.

Logan nos dejó solos en el garaje.

—Lo siento. No tenía ni idea que estarían aquí mis padres. Si lo hubiera sabido habría retrasado la llegada.

—No pasa nada —suspiré—. En algún iba a conocerlos.

Me encogí de hombros.

—Mi madre tiene muchas ganas, por eso lo de frenarla.

Reí.

—¿Echas de menos el país en el que naciste?

—Sí. Me encanta Escocia, tengo una unión especial con cada rincón de ella.

La siento diferente. Tengo varias propiedades allí que son mi desahogo cuando quiero desconectar completamente de todo.

Es raro, porque lo siento como mi hogar, pero también lo es este, por todo el tiempo que llevo aquí.

Sinceramente no echo de menos nada, hasta que necesito lo que solo Escocia puede darme.

—Entiendo. —Asentí.

—Mis padres viajaban a menudo, y más desde que mi padre se quitó de encima las responsabilidades con la empresa. Sigue estando presente y yo le comunico lo importante, pero desde hace unos años soy yo el que se encarga de todo.

—¿Estás al mando de la empresa familiar? —pregunté con un punto de sorpresa.

—¿Te parece raro?

Me miró con diversión.

—No. —Negué con la cabeza—. Ha sido una pregunta tonta.

—Eh…

Me dejó con la mente en blanco, al agarrarme de la barbilla. De esa manera me levantó la cabeza, para que nuestros ojos se encontraran.

—Puedes hacerme todo tipo de preguntas y pedirme que te aclare lo que sea. ¿De acuerdo?

Intenté asentir, pero su sujeción no me lo permitió mucho.

—No hay pregunta o duda tonta —continuó.

—Vale —susurré.

—Mis padres no tardarán en irse, pero si en algún momento te ves sobrepasada, házmelo saber. Cuando entremos también conocerás a Mairi, es la mujer que vive conmigo y se encarga de mantenerme alimentado. Según ella. Es como una segunda madre para mí.

—¿Alguien más para estar preparada?

—Por ahora no. Lewis no aparecerá hoy y el resto del personal, los fines de semana tienen fiesta.

—Vale.

—¿Estás lista para entrar? —me preguntó sin soltarme todavía.

—Claro.

Mi decisión y determinación se fueron al traste. Los nervios se apoderaron de mí cuando nos giramos hacia la puerta.

Skye, que en todo momento había estado atenta a nosotros, salió corriendo hacia la puerta abierta que daba a la vivienda.

Ahí había tres personas paradas al otro lado, en el interior de la casa. Miraban hacia nosotros y… habían visto nuestra cercanía. Los tres sonreían.

—Bueno… —Carraspeó Ander—. Primer paso dado. A la mierda la privacidad.

Su comentario me hizo reír. Solté una carcajada que lo hizo sonreír.

Ander me dio un ligero apretón en la cintura, con la mano que no había apartado, y comenzó a caminar llevándome con él.

Mientras daba los primeros pasos me miró de reojo con diversión y agradecí que no hiciera ningún comentario, refiriéndose a que parecía que los pies me pesaban y me resistía a dar los pasos hacia las personas que nos esperaban.

Al llegar a la puerta subimos los dos escalones que había y entramos en la casa. Ander cerró la puerta del garaje detrás de nosotros.

—Mamá, Mairi, ella es Eimy.

—Tu padre ya nos ha puesto al día —habló la madre de Ander.

Lo di por hecho porque el padre tenía las manos en los hombros de su mujer.

—Qué ilusión y sorpresa tan inesperada, Eimy. Desde que mi hija comenzó a hablarme de ti y de tu trabajo, he tenido muchas ganas de conocerte. Mi nombre es Leslie.

—Es un placer conocerla, Leslie —le dije.

—Ay, ¡me encanta! —rio.

Sonreí, a punto de reír también, porque fue como si tuviera delante a Natalie.

—Yo soy Mairi —se presentó la otra mujer importante en la vida de Ander.

—Es otro placer conocerla, Mairi.

Ella me dio una gran sonrisa.

—Trátanos de tú —me pidió Leslie—. Mi hija ya me ha dicho que te ha comunicado lo de la invitación a la boda, a ti y a tus amigos.

—Sí —le confirmé, aunque no dije mis dudas.

Para mi sorpresa, algo debió notar Ander porque me miró con el ceño ligeramente fruncido. Ignoré su reacción, para no darle importancia.

Recorrimos el recibidor, desde el que se accedía al garaje, y llegamos a un salón de dimensiones enormes.

No me impresionó porque ya lo hizo el salón y toda la casa de los padres de Ander, que era esta multiplicada por dos. Como poco.

Me detuve a admirar todos los detalles decorativos y cómo estaba organizado el salón. Era preciosa y con mucho estilo.

—Mairi. Vamos a pedir comida a domicilio —habló Ander.

—No te he hecho nada porque por la hora que es pensaba que comerías con tus amigos, pero puedo prepararos algo rápido. No tardaría mucho, mientras os tomáis una bebida —dijo la mujer.

—No. Hoy descansa —le pidió Ander, con un guiño.

—Lo mejor es que dejemos solos a la pareja —comentó Logan, el padre.

Estuve a punto de atragantarme con mi propia saliva, al escuchar lo de pareja, pero no lo saqué de su error. Más que nada porque se me fue la voz por unos segundos.

—Vente a nuestra casa, Mairi —le pidió Logan.

—Ay, sí. Así podemos planear una tarde entretenida —comentó Leslie—. Pero, cariño, podemos quedarnos unos minutos más. Eimy acaba de llegar y me gustaría mucho hablar un rato con ella.

—Eso será otro día —insistió su marido, sin dar su brazo a torcer.

—Tiene razón —intervino Mairi.

Le hizo un gesto a Leslie y cuando esta miró a su hijo, algo tuvo que ver en él que sonrió y asintió.

En el momento que yo miré a Ander no vi nada diferente en su expresión. Eso, o que llegué tarde para verlo. Me creó mucha curiosidad.

—Está bien —dijo Leslie—. Aunque haya sido muy breve, me ha encantado conocerte por fin. Nos veremos el día de la boda y espero que muchos días más.

Se acercó para darme un abrazo y le correspondí de la misma manera.

—Me alegro de que estés aquí, Eimy —me habló Mairi y miró a Ander—. Disfrutad tranquilamente, la casa se queda para vosotros solos. Vale, vale… —rio—. Para ti también, pequeña —se dirigió a Skye.

La perra se había acercado a ella para dejar claro que ella también estaría en la casa.

—Nos veremos pronto, Eimy —me dijo Logan.

En esta ocasión no hubo apretón de manos, para mi sorpresa, el hombre me dio un afectuoso abrazo. Lógicamente lo correspondí, devolviéndoselo a pesar de la vergüenza que sentía.

Se fueron hacia el garaje, después de despedirse de Ander y de Skye. El coche que había visto en el garaje, al llegar, debía ser de Logan. Me extrañó y me creó curiosidad que no tuviera chófer privado.

Aunque Natalie no tenía. Ander sí, a Lewis, tal y como me contó él mismo cuando, en un momento dado de la noche anterior, me dijo qué trabajos hacía para Ander.

El de ir a comprar maceteros a mi floristería estaba incluido. Ese recuerdo me hizo sonreír y miré al culpable de que Lewis lo hiciera.

—¿Qué?

—Estaba pensando por qué mandaste a Lewis a comprar tantas plantas a la floristería.

Sonrió de medio lado.

Skye ladró y salió corriendo. Se fue de la casa por la corredera del salón. Imaginé que para acompañar hasta la puerta de la propiedad a los padres de Ander y a Mairi.