Capítulo 32
Volver a verlo después de tan pocas horas me parecía muy raro.
Después de apagar todas las luces de la floristería, cerré la puerta con llave y bajé la persiana. Pero no lo hice sola, Ander me ayudó haciendo el mayor esfuerzo.
Me agaché para bloquear el candado y, cuando me puse de pie, me quedé frente a él.
—¿A qué restaurante vamos? —le pregunté—. Para ir en moto o caminando.
Ander dirigió la vista hasta mi moto. La localizó rápido y después volvió a mirarme a mí.
—En el rato que he estado aquí fuera he pensado que comeríamos más cómodos y tranquilos en mi casa.
Agrandé un poco los ojos.
—A ti te vendrá bien y Skye se pondrá contenta.
—Skye —repetí, sonriendo.
—Sí. Parece que siente debilidad por ti —dijo con una sonrisa de medio lado—. ¿Qué me dices? Por supuesto, cuando quieras puedes irte. Podemos encargar la comida a algún restaurante e ir para mi casa.
—Eh… Bueno.
—¿Te doy miedo?
Ladeó un poco la cabeza.
—No —contesté riendo—. Lo siento, es que no me esperaba que quisieras… Está bien ir a tu casa, o como si quieres venir a mi piso.
—A mí me da igual. Si en tu piso vas a sentirme mejor, vamos para allí.
Metió las manos en los bolsillos.
—Da igual. La idea de tu casa me parece bien, así tenemos una excusa para repetir para que vengas a mi piso —sonreí.
—Me parece una idea genial.
—Vale —suspiré.
Aparté la mirada de él, porque de repente noté mucho calor.
—Tenemos dos opciones.
—¿Cómo?
—O me sigues con la moto o te sigo yo, para que la dejes donde vives y vamos a mi casa en mi coche.
—Te lo agradezco, pero para no perder tiempo creo que lo mejor es que te siga con la moto. Así luego no tengo que pedir un taxi, cuando sea el momento de irme.
—No pedirías el transporte. Te llevaría yo adónde quisieras ir y en el momento que te apeteciera. Solo tendrías que decírmelo.
Fui a decir algo, pero su seriedad me lo impidió. Ander hablaba muy en serio siempre y costaba pillarlo relajado y haciendo alguna broma.
Esto último todavía no lo había presenciado, pero viéndolo como lo vi anoche, con sus amigos y su entorno seguro, estaba convencida de que con ellos era de una manera muy diferente a como se mostraba al resto del mundo.
—Vale —sonreí—. ¿Dónde has dejado el coche?
—En la calle de atrás.
—Te doy ventaja para que llegues, mientras escribo varios mensajes —le dije con diversión.
La comisura de sus labios se elevó un poco.
—Te espero con el coche encarado para salir.
—Vale.
Se fue caminando a paso normal por la acera, pero no me moví en ese momento. Me quedé mirándolo de espaldas y solté un suspiro.
Me acerqué a mi moto cuando él ya estaba lejos. Saqué el casco, me lo puse y me monté. Antes de arrancar cogí el móvil, para escribir varios mensajes.
El primero fue a mi madre.
Eimy: Acabo de salir de la floristería, ya estoy en la moto. Semana terminada y superada. Os llamo por la tarde, voy a conducir. Os quiero.
Por la hora que era mi madre no vería el mensaje. Debía estar en la cocina, liada con mi padre con la comida. Siempre que el trabajo de mi padre lo dejaba libre, aprovechaban los máximos momentos posibles para estar juntos.
Y la cocina era un espacio importante para ambos, porque les gustaba por igual compartir tiempo ahí.
Después de dejar tranquilos a mis padres con el mensaje, entré en el grupo que compartía con mis amigos.
Eimy: No os lo vais a creer. Ander ha aparecido pocos minutos después del cierre y me ha invitado a comer.
Sonreí al ver que Cata escribió al instante. Con Taylor no contaba, ya que se habría quedado dormida en cuanto colgó la llamada. Ya se enteraría más tarde.
Cata: ¿Qué dices? Te estás quedando con nosotros.
Eimy: Ja, ja, ja… ¡Nooo…! Es muy cierto.
Cata: ¿Dónde estás ahora?
Eimy: Sentada en la moto. Le estoy dando tiempo a Ander, para que llegue a su coche. Lo seguiré hasta su casa.
Cata: ¿Quééé…? ¿Cómo que vas a seguirlo hasta su casa?
Bruno: Ja, ja, ja… Me han dolido los tímpanos desde aquí, por tus gritos.
Bruno: Hola, preciosas.
Cata: Holaaa… Ja, ja, ja…
Eimy: Hola, guapo.
Bruno: Entonces, si no he leído mal, dentro de un rato estarás en la casa de Ander y comeréis ahí. ¿No?
Eimy: Exacto, y veré a la preciosidad de Skye.
Cata: ¡¡Qué fuerte!! ¡Y lo dices tan tranquila! Estoy alucinando.
Eimy: Me tiembla todo, ¿qué más quieres?
Bruno: Mujer, por querer, imagino que ese temblor te lo siga provocando él, pero de otra manera mucho más divertida. Ja, ja, ja…
Eimy: Eres tonto. No me pongas más nerviosa. Ja, ja, ja…
Cata: Oye, pero ¿cómo ha surgido?
Eimy: Anoche hablamos de quedar para hablar de todo, y se ha presentado por sorpresa. Una cosa ha llevado a la otra y… pues es lo que ya sabéis.
Bruno: ¿Cómo estás?
Eimy: Muy rara. No sé.
Cata: Una cosa….
Eimy: ¿Qué?
Cata: Que, si te lleva a su casa, ya tenemos la duda resuelta, ¿no?
Bruno: ¿Qué duda? Me he perdido.
Cata: Hemos hablado muchas veces, antes de saber quién era Ander y su nombre, que como cliente que se lleva varios ramos a la semana, debía tener pareja. Vamos, que lo dábamos por hecho.
Cata: Pero si ahora lleva a Eimy a su casa significa que vive solo con Skye. ¿No?
Bruno: Sí.
Eimy: ¿Ese sí qué significa?
Bruno: Significa que hasta donde yo sé, sí, Ander solo vive con su perra. Hablando de parejas, me refiero, porque con el dinero que debe de tener lo mismo tiene a personas que le mantengan la casa.
Eimy: Joder, ¡qué es hijo de uno de los hombros más ricos del mundo!
Cata: Anda, ¿y te das cuenta ahora? Ja, ja, ja…
Eimy: Mierda. Acabo de bufar, para que lo sepáis.
Bruno: Ja, ja, ja…
Cata: Ja, ja, ja…
Eimy: Os dejo, que ya debe hacer unos minutos que me espera Ander. Por la noche os cuento las novedades.
Cata: ¿Nos va a tener nerviosos hasta la noche?
Eimy: Supéralo. Ja, ja, ja… Cuando llegue a mi piso de comer con él, voy a echarme una siesta. Así que sí, hasta la noche.
Bruno: Bien hecho. Tú disfruta, desconecta y descansa. Que os aproveche a las dos la comida, más todo lo que venga de más, y hasta la noche, preciosas.
Cata: Valeee… Yo he suspirado, para que lo sepáis también. Ja, ja, ja… Hasta luego. Pasad buen sábado.
Cata: Oye, ¿y Taylor? Qué raro que no se haya conectado. ¿Estará bien?
Eimy: Está perfectamente. Hace unos minutos que hablé con ella y desde que hemos colgado debe estar durmiendo.
Cata: Ah… Ja, ja, ja…
Salí de la conversación, me guardé el móvil en el bolso, y arranqué la moto. Enseguida comencé a circular por la carretera.
Giré al final de la calle, para ir hacia la de atrás de la tienda. Al ver un coche en doble fila, fui aminorando la velocidad.
Ander era el conducto y sacó la mano por la ventanilla, para que me quedara más claro. Asentí y nos pusimos en marcha.
En todo momento, mientras recorría las calles detrás de su vehículo, estuve preguntándome cómo narices había terminado yendo a la casa de Ander. Otra cosa más que añadir a la lista de las que parecían irreales, y como todo estaba sucediendo muy rápido…
No había tenido tiempo de asimilar lo que me encontré la tarde anterior y todo lo que vino después, como para hacerlo ahora con el hecho de que estaba siguiendo a Ander. A nada más ni nada menos a su casa, donde estaríamos solos, él y yo.
Sí, Skye también contaba, pero era yo la que estaba sola ante el peligro y me había metido de cabeza, sin pensar mucho en ello.
Ander era un peligro para mí, en todos los sentidos.
Después de bastante rato, aminoré la velocidad cuando él lo hizo. Miré más detenidamente la zona y hacia delante, observando que estábamos en una parte exclusiva de la ciudad. Otra más que iba a descubrir en poco tiempo.
Ander paró el coche frente a una gran puerta rectangular y esta esta comenzó a abrirse despacio.
Sonreí, oculta por el casco, al escuchar ladrar a Skye. Fue lo primero que me hizo saber que estaba cerca. Lo segundo y definitivo, fue verla a un lado de la puerta, dentro de la propiedad.
Imaginaba que era algo normal y habitual que saliera a recibir a su dueño.
Ander entró y yo lo seguí. La puerta se cerró despacio a mi espalda y dejé de mirarla cuando encajó por completo en el marco.
Por ese motivo, por estar pendiente de la puerta y de Skye, que iba corriendo del coche a mi moto, tardé en darme cuenta del terreno que nos rodeaba y de la imponente casa que había en línea recta, cada vez más cerca.
Casa, por llamarla de esa manera.
Era impresionante, magnífica y elegante. Incluso los jardines tenían un toque diferente, uno muy destacable. Mi madre se volvería loca con los exteriores de la propiedad de Ander, al igual que le sucedería con los jardines de la casa de Natalie, pero, sobre todo, con los de los padres de ambos.